ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Lista (provisional) de invitados

Estos lectores han sido invitados al documento de Google Docs sobre el que estoy escribiendo el libro.

Mónica C. Belaza

Eleonora Giovio

Carlos Gómez A.

Tote Henares

B. T.

Iván Vila

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Un apunte sobre la culpa (y unas notas sobre el comienzo)

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Work in progress. El libro empieza, finalmente, en 1995. Ejerzo así un derecho narrativo que traiciona en parte mi impresión de que una crónica fiel debe empezar por respetar el orden cronológico de los hechos, pero por una vez creo que hace justicia a lo que la crónica cuenta: el hilo narrativo de la primera parte (1991-1997) es la investigación de la Guardia Civil que desembocó en la revisión de la condena de Olesa (1997), y esa investigación empezó en 1995, tras la detención de García Carbonell, y no en 1991, durante la ola de violaciones del otoño y la contemporánea detención de Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib, cuando más que reunir vestigios, se dieron palos de ciego.

Es también una manera de permitir al lector desconocido que comparta conmigo la lectura del caso, conociendo desde el principio el mismo vuelco que yo conocía: que las víctimas de 1995 seguían señalando a los dos marroquíes que estaban en la cárcel desde 1991 como sus violadores. A partir de ahí, será responsabilidad del lector reeditar la vigilancia que yo he puesto al escribirla, para que no se le escapen los detalles.

Una primera parte en la que no sé si lograré trasmitir la fascinación que sentía yo al leer las declaraciones, los informes forenses y diligencias policiales del sumario, pero con ello es con lo que intento que el lector me siga. Entiendo que no me entiendas: pero leer esos folios escritos a máquina, con faltas de ortografía, mal puntuados, y con algún eufemismo de risa, me producía una sensación de casi materialidad sobre lo que allí estaba leyendo. Lo cual no tiene sólo que ver, aunque también, con la sensación de tener acceso directo a ese material (y su forma: fotocopias, frases hechas encabezando los escritos, sellos, etc), sino con la impresión que la lectura de esa prosa burocrática, descriptiva, secuencial, y el imaginar los hechos a los que se aplicaba, deparaba. Un cierto vértigo, y la sensación de que no hay trapecio para recorrerlo. Esto es, sin un estilo cuya contemplación distraiga de lo real, que es dar con esos huesos en el suelo.

 

Filed under: El taller, Epistemología de la vida cotidiana, Rafael Ricardi

La desnovelización empieza por el autor

«En comparación, las personas reales parecen relativamente faltas de interés porque son mucho más complejas, ambiguas, impredecibles y particulares que los personajes de las novelas. La terapia del psicoanálisis trata de devolver al paciente neurótico la libertad de no ser interesante, libertad que el paciente perdió en algún punto del camino de la vida. El psicoanálisis propone minar las estructuras novelísticas sobre las cuales el paciente construyó su existencia y destruir el tejido de elaboradas y artificiosas configuraciones en que está atrapado. Hay personas (psicoanalistas entre ellas) que piensan que la acción del psicoanálisis consiste, por así decirlo, en transferir al paciente de una novela a otra –digamos, de una novela gótica a una comedia doméstica–, pero la mayor parte de los analistas y de las personas que han sido sometidas a esa terapia saben que esto no es así y que el programa freudiano es mucho más radical. Pacientes sometidos al análisis dicen a veces que les parece que el tratamiento los está volviendo locos. Lo que determina que sientan esta manera es la «desnovelización» de sus vidas y el hecho de vislumbrar los abismos de la individualidad y la idiosincrasia que constituyen el inconsciente freudiano».

Janet Malcom, El periodista y el asesino, pp. 181-182.

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Por fin, en España, un maestro ignorante.

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La verdad degradada

El decisionismo es el efecto de la falta de anclajes empíricos precisos y de la consiguiente subjetividad de los presupuestos de la sanción en las aproximaciones sustancialistas y en las técnicas conexas de prevención y de defensa social. Esta subjetividad se manifiesta en dos direcciones: por un lado, en el carácter subjetivo del tema procesal […]; pero, por otro lado, se manifiesta también en el carácter subjetivo del juicio, que, en ausencia de referencias fácticas exactamente determinables, resulta basado en valoraciones, diagnósticos o sospechas subjetivas antes que en pruebas de hecho. El primer factor de subjetivación genera una perversión inquisitiva del proceso, dirigiéndolo, antes que hacia la comprobación de hechos objetivos (o más allá de ella), hacia el análisis de la interioridad de la persona juzgada. El segundo degrada la verdad procesal de verdad empírica, pública e intersubjetivamente controlable, a conocimiento íntimamente subjetivo, y, por tanto, irrefutable del juzgador .”

FERRAJOLI, Luigi: Derecho y Razón, Trotta, Madrid: 2002, p. 43.

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Esbozos logotípicos

Este borrador, que Carla dejó a medias, cuando todavía ni siquiera sabíamos que se podía acentuar el nombre en la cabecera, así que tampoco en el logotipo.

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Del footing al piro

Ya saben por qué Reyes Benítez está en el orígen de este caso

Un día me contó cómo conoció a Abderrazak Mounib, preso en Can Brians. No hacía mucho, me dijo, que se había puesto en marcha un programa en Cataluña para que algunos presos pudieran salir a hacer footing por las mañanas, por los alrededores de la cárcel.

La prisión de Can Brians está a las afueras de Martorell, a  unos 30 kilómetros de Barcelona,  enterrada en un valle. La única especialidad del atletismo que se puede practicar allí es el campo a través, pues me parece recordar que ni siquiera la carreterucha que lleva a Martorell está del todo asfaltada.

Los presos que en principio podían acogerse al programa eran los que menos razones debían tener para la fuga: próximos al régimen abierto, algunos incluso habiendo disfrutado ya de permisos, y de comportamiento ejemplar. Según Reyes, Abderrazak Mounib era uno de ellos y había salido una mañana a correr. 

Esto parece sorprendente, y puede que Reyes lo mezclara en su recuerdo, porque en aquellos años –finales del 96, principios del 97–, el señor Mounib sólo cumplía con la buena conducta, pero estaba lejos de los permisos y el régimen abierto –que nunca aceptaría, por otra parte–. No sé, tampoco, si su salud le permitía esas carreras (era diabético, tenía una fractura malcurada en un tobillo y un hidrocele en un testículo, que por esas fechas era ya del tamaño de una manzana, según los forenses que lo habían reconocido).

El caso es que, contra todo pronóstico, una mañana de footing, un preso se fugó.

–Hola, soy Abderrazak Mounib, estoy preso en Can Brians y sé dónde está el que se ha fugado, dijo al primer agente que descolgó el teléfono.

La llamada se había recibido en el cuartel de Martorell, base del equipo judicial cuya investigación, cuatro años después, había empezado a enfocar con una luz más justa las violaciones de 1991. Mounib, me contó Reyes, añadió:

–Pero solo se lo diré al guardia civil Reyes Benítez, si viene a verme a la cárcel.

La Guardia Civil de Martorell tenía que buscar al fugado y había un interno que se ofrecía a decir dónde estaba. Reyes: «Se lo dije a mi jefe y me dijo que bueno, que fuera, a ver qué me decía».

«Me acuerdo que fue entrar a la sala de visitas y el hombre se arrodilló y empezó a darme las gracias y a pedirme por favor que no dejara su caso. Que investigara. Que era inocente. Evidentemente, no tenía ni puta idea de dónde estaba el tío que se había fugado corriendo. Ni idea. Pero se había enterado de que yo era el que había hecho el informe [sobre su caso]».

Pequeñas historias que hay luego que ir verificando, reuniendo vestigios, para que no parezcan cuentos.

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Guy Debord, por Martín Elfman

 

I

El sólo hecho de carecer a partir de ahora de réplica ha dado a lo falso una cualidad nueva.  Al mismo tiempo, lo verdadero ha dejado de existir casi en todas partes o se ha visto reducido, en el mejor de los casos, al estado de una hipótesis que jamás puede ser demostrada. La falsedad sin réplica ha acabado por hacer desparecer a la opinión pública, que primero se halló incapaz de hacerse oír, y enseguida, incapaz siquiera de formarse. Eso entraña, evidentemente, importantes consecuencias en la política, las ciencias aplicadas, la justicia y el conocimiento artístico.

II

Con la destrucción de la historia es el propio acontecimiento contemporáneo el que rápidamente se aleja a una distancia fabulosa, entre sus relatos inverificables, sus incontrolables estadísticas y sus razonamientos insostenibles. A todas las majaderías avanzadas espectacularmente, solamente los mediáticos podrían responder con respetuosas rectificicaciones o redemostraciones, pero se muestran ávaros al respecto, además de por su extrema ignorancia, por su solidaridad, de oficio y de corazón, con la autoridad general del espectáculo, y con la sociedad que exterioriza; (…) No hay que olvidar que todo meditático, ya sea por salario ya por otras recompensas o gratificaciones, tiene siempre un amo, a veces varios; y que todo mediático se sabe reemplazable.

III

Una evidencia histórica de la que nada quiere saberse en el espectáculo no es una evidencia.

IV

Actualmente ya no existe juicio, con garantía de relativa independencia, de aquellos que constituían el mundo erudito; de aquellos que en otra época fijaban su valor en una capacidad de verificación, permitiendo la aproximación a lo que se llamaba la historia imparcial de los hechos, la creencia al menos de que ésta merecía ser conocida. (…) Se erraría pensando en lo que fueron hasta hace poco magistrados, médicos, hisotoriadores y en las obligaciones imperativas que éstos reconocían a menudo dentro de los límites de sus competencias: los hombres se parecen más a su época que a su padre.

V

Todo esto no se ha conseguido con la aparición de nuevos argumentos, sino simplemente porque los argumentos se han vuelto inútiles.

VI

Jamás ha estado permitido mentir con una falta de consecuencias tan perfecta.

VII

La total incompetencia tropieza con otra incompetencia comparable, ambas enloquecen y una de ellas derrotará a la otra. Es el caso del abogado que, olvidando que figura en un proceso sólo para defender una causa, se deja influir sinceramente por un razonamiento del abogado contrario, aunque ese razonamiento haya podido ser tan poco riguroso como el suyo propio. Puede suceder también que un sospechoso, inocente, confiese momentáneamente  ese crimen que no ha cometido por la única razón de que ha quedado impresionado por la lógica de la hipótesis de un delator que quería creerlo culpable (caso del doctor Archambeau en Poitiers, 1984).

VIII

La desinformación se despliega en un mundo en el que no queda lugar para ninguna verificación.

IX

Para intentar explicar accidentalmente este nuevo tipo de misterios se han dicho muchas cosas: incompetencia de la policía, estupidez de los jueces de instrucción, revelaciones inoportunas de la prensa (…).  Edgar Allan Poe encontró sin embargo el camino de la verdad con su célebre razonamiento en Los asesinatos de la calle Morgue:

Tengo la impresión de que se considera irresoluble este misterio por las mismísimas razones que deberían inducir a considerarlo fácilmente solucionable; me refiero a lo excesivo, a lo outré de sus características. (…) En investigaciones como la que ahora efectuamos no debería preguntarse tanto qué ha ocurrido, como qué hay en lo ocurrido que no se parezca a nada ocurrido anteriormente.

Debord, Guy: Comentarios sobre la sociedad del espectáculo (1988). Anagrama.

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Lo real y su representación jurídica

«La administración de justicia no es otra cosa que la representación de un drama cuyas consecuencias se prolongan a veces veinte años y un día. Porque el proceso, que es lo propio de la representación judicial, crea realidad, crea acontecimientos.  Eduardo Gil Bera lo explica de este modo:

Así como hay palabras cuya etimología nos revela que tienen transformaciones imprevisibles y paradójicas de su sentido primitivo, la de «estar sometido a proceso (judicial)» mantiene la literalidad de su sentido con ejemplar fidelidad. «Proceso» viene de procedere, que es «avanzar», «ir  a parar». A partir de la Edad Media ya se utiliza en el sentido de escrito que establece una cadena causal y que, por ello, constata algo q1ue produce efectos jurídicos:  puede avanzar a ir a parar a la consecuencia jurídica. Así, proceso es el milagro judicial que crea un acto, le asigna una cadena causal y le otorga, graciosamente, un efecto. En último extremo, sólo un juez puede hacer que un acto tenga efecto, es decir, exista.

Así es. Cuando, por ejemplo, un juez dicta sentencia, suele comenzar diciendo «se declara probado» y sigue luego diciendo, por ejemplo, «que en la noche de autos, el acusado violó y luego devoró a su víctima», lo que resulta en ser un acontecimiento real y verdadero, por el que el acusado pagará las consecuencias. El proceso (judicial) y la representación (jurídica) han creado realidad e historia. O por lo menos, un tipo de realidad y de historia, por cierto, muy próximos a las que produce el arte. Aunque con resultados muy distintos.

En EE. UU., donde se ha prescindido de buena parte de la representación, los juicios se llevan a cabo como un negocio: el acusado acepta una pena a cambio de declararse culpable y así todo el mundo se ahorra la representación. A eso lo llaman un deal, es decir, un «acuerdo». Ese acuerdo no es un acuerdo cualquiera: es el acuerdo de suspender la representación, el drama, y al mismo tiempo destruir el sistema judicial. El nihilismo norteamericano es mucho más eficaz que todo el terrorismo de este mundo. En EE. UU. los sucesos «reales», los acontecimientos, se pactan. Y si los pactantes deciden que no ha habido robo, violación o canibalismo, pues no lo ha habido. Aunque lo haya habido.»

«Representación», Félix de Azúa, en Diccionario de las artes, Planeta, 1996, pp. 252-254.

 

De esto hace más de diez años. Hoy no habría hecho falta remitirse al ejemplo de EE. UU.: en España más de la mitad de los procesos penales se pactan.

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Notas, apuntes, esbozos

Adelanto: 31  diciembre 2007. Apuntes

40 pp. Sin Título.

Hechos probados: desde Viladecans hasta Tordera: Habría que visitar algún lugar más.

El recorrido como hilo.

Reyes Benítez, el agente de la policía judicial,  la noche antes de la calçotada, 31 de octubre. Fiesta en el cuartel de Martorell. La Guardia Civil.

El fax y la reunión de la Guardia Civil del 11 de Noviembre: ficha policial. (ya se habían mostrado los álbumes a ciertas víctimas: Viladecanas y Tarragona, etc.): antes de introducir el fax: hablar de las veces que vuelven las víctimas a la comisaría durante el fin de semana;  de sus visitas al hospital, etc.

Detenciones:

Tommouhi: su testimonio, actas policía, registro, declaraciones acta oral, visita a la pensión, entrevistas a vecinos, etc.

 y Mounib: entrevista con su mujer, amigos, reconocimiento médico, el lugar, entrevista dueños del bar Joanet, actas de la policía, juicio oral, declaraciones del propio Mounib;

Ruedas de reconocimiento:

Terrassa: Reyes, Pérez García, Miguel L. López, ¿magistrado Terrassa?, Tommouhi, Zaidani, etc.

Barcelona: Abogados: Joaniquet, Ramells, Lidia Querol, ¿fiscal? Salcedo-Velasco, Taïvi, viuda Mounib, etc.

El Instructor: un Capote de barrio.

 Lo que contó la prensa: ¿qué policías y qué periodistas? ¿qué relación entre ambos?

Declaraciones como imputados: Mounib y Tommouhi, presentación, perfiles

La familia de Mounib, al fondo.

Omar Tommouhi, al fondo.

La carta de Ahmed a su suegro de Marruecos, “voy a salir pronto”: ¿la podríamos conseguir?

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We think, en The Guardian.

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Excma. Fiscal Jefa de Cataluña

Correspondencias 

Ante la EXCMA FISCALIA DEL TRIBUNAL SUPERIOR DE CATALUÑA (…):

  

“Con el objeto de conocer  la postura de la fiscalía ante este  caso, de si mantiene alguna investigación abierta al respecto,  y de si la nueva ley sobre identificadores de ADN podría modificar en algo dicha postura, o abre [al menos] alguna posibilidad, desearía entrevistarme con la Excma Fiscal Jefe, [Teresa Compte]”.

  En Barcelona, a  7 de noviembre de 2007.

Filed under: Correspondencias, El taller

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