ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Avituallamiento

Estimados usuarios:

Ladoblehélice se va de vacaciones hasta el 7 de enero; o más bien me voy yo, el hacedor, porque ella seguirá aquí colgada sin que cenas de nochebuena, ni trajes de gala, ni reyes magos, la alteren.  

Para mí son días que este año voy a dedicar a reponer fuerzas, aprovisionarme de víveres y zapatos nuevos, ordenar papeles y diseñar la estrategia para los últimos meses de la investigación. Además, he empezado la escritura del libro y quiero también dejar más o menos atada una primera parte antes de la vuelta.

Mis dos años dedicado al caso han complicado la tarea diaria de mantener este blog al mismo tiempo que avanzaba en la investigación y encaraba la escritura. La dificultad de ir tirando del hilo sin que ustedes perdieran puntá, y sin que se liara la madeja tampoco. Pero me gusta pensar que estos dos meses casi justos que he ido apareciendo por aquí han servido para salvar ese décalage con el que empecé este juego.

Que lo han complicado, quiere decir que lo han hecho más apasionante también. Por eso esta pausa. Para coger aire. Porque, cumplida la tarea de sincronización, entre el tema, ustedes y yo, creo que a la vuelta el ejercicio podrá ganar en espontaneidad y frescura. Será más fácil mantenerlo como un verdadero diario de campo y podré salir a tomar la calle sin miedo de no llegar aquí puntual a la cita del día siguiente. El diario de calle hablará del callejeo diario.

Así que les espero, si gustan, a partir del lunes 7 de enero de 2008, año II de ladoblehélice. 

Salud.

 P.D. Los que quieran recibir una alerta en su buzón el día 7, pueden dejar una dirección de e-mail aquí: la_doble_helice@yahoo.es

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Camino de Teruel

El autobús que lleva a Teruel, con 7 pasajeros, 5 de ellos mayores de 60 años, ha salido de Barcelona con destino Cuenca a las 6 de la mañana.  La llegada a Teruel está prevista para las doce del mediodía, porque esta ligera lluvia no parece que vaya a ralentizar el viaje. No hay autobuses de vuelta hasta mañana. «No te puedes confiar porque cada año cambian los horarios», comenta, en la estación, la señora que viaja sola.

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No son cuatro condenas por violación: son tres por violación (entre ellas la que fue revisada) y una por robo. Por lo demás, esta doble condena de Ahmed, hoy en EL PAIS del interés humano.

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Resumen de hechos cometidos por el R-5 gris

Este folio es el resumen de los hechos delictivos cometidos por el Renault 5 gris, recuperado en Mollet del Vallès el 2 de Diciembre, y que la Guardia Civil siempre sostuvo que era el mismo que el utilizado en los hechos de Cornellà, La Secuita y La Bisbal (C., LS, LB, a partir de ahora). Es un folio insertado en el atestado 298/91 de la Guardia Civil de Mollet del Vallès tras la recuperación del coche.

Mounib y Tommouhi, presos desde el 14 de noviembre, fueron condenados por esos tres hechos (C., LS, y LB) . Sin embargo, la mayoría de los relacionados en el recuadro fueron cometidos después de su ingreso en prisión. El nexo entre esos tres asaltos atribuidos a los dos marroquíes (C., LS, y LB) y  el cuarto hecho que aparece en el recuadro, el de Montornés del Vallès, cometido el 16 de noviembre, es indiscutible: llevaban la misma matrícula falsa: B-7661-FW.

La pregunta que me hago es por qué en esa relación de hechos que resume el itinerario criminal del Renault 5, redactada tras la recuperación del vehículo el 2 de diciembre,  no aparecen precisamente los tres asaltos (C., LS, y LB)que habían desencadenado la búsqueda del coche.

La pregunta se la traslado a ustedes.

[Después de lo escrito: La respuesta es la siguiente: ese informe es obra de la 412ª Comandancia de Barcelona: por eso no aparecen ni los hechos de Tarragona, que son de una comandancia distinta, ni los hechos de Cornellà, que pertenecen a una demarcación de la Policía Nacional. (13-10-2008)

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Arthur Rimbaud

Incluso el «hombre con las suelas de viento», deja huellas de estar por casa. Esta cierta belleza de los actos administrativos: Vida y hechos de Arthur Rimbaud, en la Casa Encendida de Madrid, hasta el 6 de enero, que visité ayer: 

INFORME DE LA POLICÍA DE LOS FERROCARRILES

31 de agosto de 1870. Estación de París. He enviado a la Prefectura de Policía al señor Rimbaud, de diecisiete años y medio [sic]*, que había llegado a París procedente de Charleroi con un billete que sólo era válido para Saint Quentin. No tiene domicilio ni medios de vida.

INFORME DE LA POLICÍA FRANCESA, 1873

Verlaine se enamoró de Rimbaud y los dos se marcharon a Bélgica  para disfrutar la paz del corazón y todo lo demás. Se ha visto a los dos enamorados en Bruselas practicar abiertamente sus amores. Hace algún tiempo, la señora de Verlaine fue al encuentro de su marido para intentar llevarlo de regreso. Verlaine le respondió que era demasiado tarde, que no era posible una reconciliación y que además, ya no se pertenecía a sí mismo. «La vida en matrimonio me resulta odiosa –gritó-. Nos amamos como tigres», y diciendo esto enseñó a su mujer un pecho tatuado y herido por las cuchilladas que le había asestado su amigo Rimbaud. Estos dos seres luchaban y se desgarraban como bestias feroces, para luego disfrutar del placer de reconciliarse. La señora Verlaine, desanimada, regresó a París.

Oficial Lombard.

RIMBAUD RENUNCIA A TODA ACCIÓN PENAL CONTRA VERLAINE

El abajo firmante, Arthur Rimbaud, de diecinueve años, literato, con residencia habitual en Charleville (Ardenas, Francia) declara, en honor a la verdad, que el jueves 10 del mes en curso alrededor de las dos de la tarde, cuando el señor Verlaine le disparó un tiro de revólver causándole una leve herida en la muñeca izquierda, el ya aludido señor Verlaine estaba en tal estado de embriaguez que no era dueño de sus actos. Que tiene la íntima convicción de que, al comprar ese arma, el señor Verlaine no abrigaba la más mínima intención hostil contra el abajo firmante, y que no hubo premeditación criminal en el hecho de cerrar la puerta con llave, encerrándolo consigo en la habitación. Que el estado de embriaguez del señor Verlaine no se debía sino al recuerdo de sus disgustos con la señora Verlaine, su mujer. Declara también que se aviene gustosa y voluntariamente a brindarle su total desistimiento de cualquier acción penal, correccional y civil y renuncia desde este mismo instante, a los beneficios de cualesquiera diligencias que intentase o pudiera intentar el Ministerio Público en contra del señor Verlaine por los presentes sucesos.

Arthur Rimbaud.

ANUNCIO APARECIDO EN THE TIMES, Londres, 1874

Parisino (20 años) de altos conocimientos literarios y lingüísticos, excelente conversación, estaría encantado de acompañar a un caballero (artista preferentemente) o a una familia que deseara viajar por países meridionales u orientales. A. R., 165, King’s Road, Reading.

 *Rimbaud se pone años: tiene entonces quince, no diecisiete años.

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Viaje de reconocimiento (y II)

A la vuelta.

 22.07. Los crímenes tienen lugar. Los crímenes en serie, paisaje. El paisaje del crimen, en este caso, es esa depresión que desde el norte de Tarragona se extiende entre las dos cordilleras que corren paralelas al mar, hasta la altura de Terrassa, por lo menos. Sólo como por espasmos puntuales, llegaron al sur de Gerona: dos asaltos que ocurrieron en domingo por la noche. Los otros catorce ocurrieron en este triángulo:

El lado que va de Olesa a la esquina sur del área metropolitana de Barcelona, pero sin entrar en ella, tiene 33 km de carretera, y la altura sobre el vértice de La Secuita, desde Rubí, unos 90. La  coincidencia de la figura que dibujan, y la proximidad entre los lugares de hechos separados por cuatro años, no explica los crímenes, pero los sitúa.

Crímenes que no sólo se relacionan por los autores, el modus operandi, el vehículo, o los días de la semana, también por el espacio, y por cómo está organizado y distribuido ese espacio. No son crímenes urbanos, por ejemplo. No hay cámaras del metro que valgan. Los violadores se desvían por carreteras secundarias, en coches pequeños, generalmente. Atraviesan un paisaje de tendidos eléctricos, transformadores, fábricas, vallas metálicas, y también de campos de almendros, olivos y viñas: pasan del Vallès al Penedès, sin solución de continuidad, como la vida. (Las épocas son un invento de los historiadores). En un entramado de autopistas y autovías, quedan los bajos de los puentes, las carreteras de trayecto olvidado. Los ríos que forman la depresión en la cabeza de los geógrafos antiguos, en las nuestras apenas son charquitos arrojados para que salte la rana: en el cauce del Foix hay casetas de madera, en el del Anoia, se ven las cañas secas, altas, haciéndole la ola a los excursionistas. Pero los atraviesan de noche, sin luna: los lugares a los que acuden prefiguran a sus víctimas: ¿quién, si no esas parejas jóvenes, muy jóvenes, sin piso ni pensiones en el centro (de la ciudad), iban a estar allí, y a esas horas? Las parejas  se habían apartado buscando caminos de tierra, rieras, campos de fútbol abandonados. El deseo en los recodos. 

Todo eso es lo que hay que mostrar, no declarar.

(Maurice Godwin, en El rastreador, se detiene a estudiar el perfil psicogeográfico de los asesinos y violadores en serie. Los lugares donde actúan no son aleatorios:  incluso instintivamente, los primeros asaltos de la noche siempre se producen en el punto más alejado del domicilio del autor, que vuelve a casa arrasando, pero sin tener que volver a pisar tierra quemada. El perímetro de seguridad que establece alrededor de casa, donde no actúa. Muchas ideas interesantes, aunque nunca deban usarse como demostraciones a toro pasado. No hace falta predecir el pasado.)

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Viaje de reconocimiento I

El previo. 

9:00. Martín es el chófer, google pone los mapas, y yo intentaré orientarme. El plan es recorrer desde el más al sur, La Secuita, en Tarragona, hasta Terrassa, aquí en Barcelona, los diferentes escenarios de los crímenes, y las carreteras por las que, según las hipótesis de la investigación policial, se movían los agresores. En Tarragona, además, tengo una cita con el periodista que primero informó del caso. Esta es la hoja de ruta:

La Depresión Prelitoral Catalana (en catalán, Depressió Prelitoral) es una depresión situada entre la Cordillera Litoral y la Cordillera Prelitoral, que la flanquean por el sudeste y el nordeste, respectivamente, formando un corredor natural entre ambas de unos 100 km de largo y unos 20 de ancho. La depresión comprende las comarcas naturales del Penedés y el Vallés, así como parte del parte del Bajo Llobregat, y está formada por la acción de diversos ríos que transcurren por ella, como el Foix, el Anoia (afluente del Llobregat), el Besós y sus afluentes y el Tordera.

Desde la época romana, por su situación paralela y cercana a la costa, aunque separada de ella, esta depresión fue utilizada como paso de norte a sur que evitase la ciudad de Barcelona. Hoy utilizan este paso importantes vías de comunicación, como la autopista AP-7 y la vía de mercancías de RENFE Tarragona-Gerona. Por su situación estratégica y su cercanía a Barcelona, la Depresión Prelitoral Catalana se ha convertido en un gran polo de atracción de numerosas industrias de diversos campos, lo que ha dado lugar al gran crecimiento de algunas de las poblaciones (hoy ciudades) que en ella se sitúan, como Vilafranca del Penedès, Sant Sadurní d’Anoia, Martorell, Rubí, Terrasa, Sabadell, Sant Cugat del Vallés, Cerdanyola del Vallés, Mollet del Vallès, entre otras.

Hasta mañana.

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Buena fisonomista, entre comillas

La seguridad en los reconocimientos suele ser un criterio definitivo de los jueces a la hora de convencerse de que la víctima está acertando con el autor. La psicología del testimonio no está tan segura de ello: hay elementos que refuerzan la seguridad, y que no necesariamente ayudan a mejorar la certeza.

M, la chica de Olesa, fue junto con una de las víctimas de Tarragona, la que desde el principio mostró mayor seguridad. La sentencia destacó que era «buena fisonomista«. El Tribunal Supremo revisó luego su caso, al demostrarse científicamente que la víctima se había equivocado: Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi no la habían violado. El semen hallado en su ropa correspondía a Antonio García Carbonell y un pariente suyo.

Éstas habían sido, sin embargo, sus palabras el día de la vista oral:

Al primer defensor:

Cuando los reconocí en el juzgado, antes había reconocido en fotografía a “esa persona”; yo estaba convencida de que esa persona de la fotografía era una de las que me había violado. La otra la reconocí en rueda, no en fotografía. Uno era el jefe, y hablaba español “que se entendía”, era ése (señala a Tommouth). No sé quién era el que conducía. Mi compañero, a partir del golpe estaba mal. Se lo dieron al decirles nosotros “que se identificaran”. “Si veo a una persona la puedo reconocer, y más en una cosa así.”. “Cuando le hacen algo así te acuerdas toda la vida”.  

Al segundo:

Había una farola “más lejos” y la linterna que llevaban. No había más luz artificial. Había luna. En el interior había solo la linterna: una sola linterna. Me enfocaban a la cara. El de gafas (Abderrazak) era el que obedecía y no hablaba español; no sé el idioma que hablaban” “sería moro”; no era inglés, ni francés, ni alemán. Me mordieron, concretamente el primero. Les “vi bien la cara”. En la fotografía reconocí al primero, pero “lo vi más claro cuando lo vi en persona”. (Se le lee el folio 215, párrafo 2º) ratifica su declaración. En la rueda, inmediatamente, las reconocí, a esas dos personas “seguro” las demás personas que formaban la rueda [borde folio: ¿no? ]las vi. La foto la había visto “hacía mucho tiempo.” “Vi claro que eran esas 2 personas”. “No he tenido nunca ninguna duda”, respecto a que los procesados son autores de los hechos.

 

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Tres en uno

Enfrascado como estoy en la redacción de un primer adelanto que tengo que entregar el 31 diciembre, los diferentes ritmos y objetivos que me imponen el libro y el blog es un desgarro bipolar comparable sólo al de ese matrimonio de serbios que buscando, cada uno por su lado, amantes por internet, acabaron encontrándose y se volvieron a enamorar ¡entre ellos mismos! En breve: se divorciaron.

Pero a mí me pasa al vesre. El día que coincide que puedo aprovechar aquí, casi sin distinguir horarios, ni folios, ni lecturas, ni trabajo, lo que he ido escribiendo con otro enfoque, otro estilo y otra distancia, quiero decir, que cuando por la noche caigo por internet buscando esta confianza reciente, espontánea y breve, y acabo aprovechando la misma implacable, exigente y arcaica actividad que no me va a dejar respirar hasta nochevieja, cuando eso ocurre, respiro algo bizco, pero encantado.

Tres son los asaltos que tuvieron lugar la madrugada del 3 de noviembre de 1991: entre las doce y cuarto de la noche, a las afueras de Vilafranca del Penedès, y las tres, en Terrassa, también a las afueras. Los hechos de Vilafranca no los había traído aquí hasta hoy. No los tenía escritos.

En ello estoy. Los resumo: un asalto con coacciones, del que la pareja (A y J.) pudo huir finalmente; un robo con violencia en el que  en el que la chica (Jo.) huyó , y el chico (Pe.) fue maniatado, trasladado y retenido durante durante una media hora; y un robo con rehenes contra la pareja (Y. y M.) de Terrassa. Los hechos habían sido obra de dos autores. Según todas las hipótesis policiales, basadas en las descripciones que daban las víctimas, el vehículo usado, así como el modus operandi, que era idéntico, se trataba siempre de los  dos mismos autores. Las tres causas, sin embargo, fueron juzgadas por separado.

Las contradicciones de las víctimas a la hora de señalar a Abderrazak Mounib, sin embargo, y las consecuencias que se derivaron, hacen imprescindible la transparencia del link, de este método, porque de otra forma lo ocurrido no se lo creería ni Perry (Mason). Veamos.

Jo, la chica del segundo asalto de Vilafranca, ocurrido 15 minutos después del primero, aseguró el 12 de noviembre en reconocimiento fotográfico que Mounib SÍ era uno de los asaltantes, correspondiéndose con el núm 147 del álbum. No olviden cómo se montaron esos álbumes.

Aderrazak Mounib fue condenado.

Un mes más tarde, A., la chica del primer asalto, en la rueda de reconocimiento del 12 de diciembre, no señaló a Mounib, sino a Kechoui S. «Sin ningún género de dudas», según el acta:

Kechoui S., sin embargo, era un marroquí al que la policía había colocado allí como cebo, para completar la rueda, y que no era sospechoso de nada. Así que, los cambiaron de sitio, y repitieron la rueda. A. afirmó, de nuevo y otra vez «sin ningún género de duda», que era él, Kechoui.

En esta causa, el novio de A. había, sin embargo, señalado a Mounib. Ese mismo día, A. decidió no personarse como parte en el proceso. Su novio J, sí. La reparación del coche le había costado 440.918 pesetas.

Abderrazak Mounib fue condenado.

Repito. La primera había dicho que era él. La segunda, que era otro. La pareja de Terrassa, Y. y M., víctimas del tercer asalto de esa noche, no sólo no señalaron a Mounib durante las ruedas, sino que cuando vieron su foto publicada el 16 de noviembre en la prensa, como uno de los supuestos autores de la ola de violaciones, acudieron a la comisaría de Terrassa e hicieron constar, expresamente, que el hombre de la foto de El Periódico, Abderrazak Mounib, «no tuvo ninguna participación en los hechos»:

«Por si ello tuviera alguna relevancia», añadieron.

Estaban seguros y fue una acción loable. Pero no, no tuvo ninguna relevancia nueva, más allá de que Abderrazak Mounib no fuera procesado en la causa de Terrassa. En esta, como en todas las causas, sólo contaba lo que las víctimas, o al menos alguna de entre ellas, ya fuera la chica o el novio, pero siempre que señalaran a alguno de los dos marroquíes que más juego estaban dando, a la hora de decidir el procesamiento, que era casi como decir la condena,  dijeran.

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El hijo mayor (de Mounib)

Diario de campo: 18 enero 2007. 23:03. Barcelona

Hoy he visto a otros. Y he hablado, por teléfono, con bastantes otros más. Pero voy a empezar por Abdel. Abdel Mounib. El hijo mayor del otro. ¿28 años?. El otro, en este caso, es el que está muerto. Abderrazak Mounib. De un infarto, el 26 de abril de 2000, en la cárcel de Can Brians, cumpliéndose así su vaticinio: «A mí no me van a soltar. De aquí me sacarán muerto». Está enterrado en Fez, Marruecos, donde había nacido 48 años antes. Hoy tendría 55.

Vaqueros, camiseta –imagino que de manga larga–chaqueta de pana fina marrón: una gorra caída hacia atrás, con la visera casi como una peineta. Tiene los ojos grandes, algo tristes, y una vieja cicatriz en la nariz partida.

Hablamos a ratos. Yo me quedo sin preguntas: el mira a cualquier lado. El bar está lleno. El Madrid-Betis de copa en televisión. Entre los clientes, muchos son marroquíes. Hay españoles también. Bar El Balcón III, aquí al lado. Yo también miro. Al final de la barra, se bajan unos escalones y hay un salón con mesas: El humo se agolpa, denso, sobre el techo, a no mucha más altura que la barra donde nosotros estamos. Un hombre con el cuerpo echado sobre la mesa, parece sujetarse la cabeza con una mano para poder fumar con la otra. Hay un tercio de cerveza a su lado.

Están esas escaleras que bajan, y hay otras que suben a una jaula como una mezzanine. Digo una jaula porque  salvo la puerta, el resto del lateral que da  como un balcón sobre la barra, es una tela metálica: dentro hay una mesa de billar y algunos jóvenes que beben cervezas mientras van metiendo bolas: entre golpe y golpe.

Abdel viene mucho por aquí. A jugar al billar, entre otras cosas. Le gusta. Mientras hablamos, de vez en cuando se abre la puerta de la jaula y se asoma alguien, como el cuco del reloj, para decirle algo. En árabe. Por el tono y por lo que le contesta Abdel –«¡pero si te gano!»–, parece que sale a retarlo.

¿Desde la cárcel, tu padre os escribía?, le pregunto: me interesa cualquier papel, cualquier rastro que dejara. «No, a nosotros no». ¿Pero él sí que sabía escribir y leer?. Abdel: «Sí, sí. Mi padre escribía en la cárcel en un libro, en un diario. Cuando se murió no estaba entre las cosas suyas que nos entregaron. Había otras cosas, pero no el libro que yo había visto cuando le visitábamos». [Luego le he preguntado a Ahmed sobre ese diario: «yo nunca le ví escribir en un libro», me dice]

Abdel dice que faltaba muchas veces al colegio: «siempre estaba con mi padre». Estaba de viaje, vendiendo en la Junquera. Abderrazak trabajó casi siempre como vendedor ambulante, «menos algún tiempo que trabajó de guardia jurado vigilando una obra que había en Diagonal con Marina, donde está la plaza de toros». (…)

«Mi padre movía más desde la cárcel, que muchos desde fuera», dice, retomando la conversación por el pico de si sabía escribir y leer. Me cuenta que él le llevaba tarjetas de teléfono de 2.000 pesetas y que con ellas su padre llamó al consulado, a la televisión, a los abogados. Que al principio no le dejaban, pero que luego consiguió un permiso del director y le dejaron llamar todo el tiempo, cuando quería. «Escribió al Rey, al Presidente de la Generalitat, del Gobierno, a todo el mundo…», añade Taïbi, el amigo de Mounib que nos acompaña paseando por el barrio y que nos ha traído hasta Abdel. Nos ha presentado también a Mustafa. (…) A Mustafá le pregunto si él también estaba el día que lo detuvieron: «estaba sentado con nosotros», me cuenta. Quedo con él para hoy, sobre las tres de la tarde, en el Bar Reventós.

Abdel pone en palabras, algo amargas, lo que ya me habían reconocido Taïbi y Noureddine. Que después de ese primer día que lo detuvieron y se juntaron quince o veinte amigos para ir al juzgado al día siguiente y pagar a un abogado que lo defendiera, después de aquello se olvidaron, si no de su padre, sí de su madre y de ellos. Ellos son él y sus tres hermanos pequeños.

«Mi madre ha sufrido mucho, y en aquel tiempo nadie le dio un trabajo. Nada. Mi madre no pedía dinero. Pero nadie vino y le dijo, oye, mira, toma y aquí tienes un trabajo. Mi madre salió a buscarlo: a limpiar bares y escaleras, para poder mantenernos. Gracias a mi madre que nosotros estamos aquí ahora, la verdad».

Al contrario que su familia –«yo sabía que mi padre no podía haber hecho nada porque yo estaba muchos días con él, por el día y por la noche: íbamos a todos los bares, a todos sitios juntos», dice refiriéndose a los días de La Junquera– los otros, sus amigos, «hay muchos amigos que son amigos de boca», se queja, viene a decir Abdel que pasaron algunos años mirando a otra parte. Qué iban a hacer, también añade. El mismo abogado al que llamaron el primer día […]

Abdel no dejó sólo a su padre durante los juicios tampoco. «A todos, fui a todos», dice. Del de Tarragona, dice que la gente les gritaba y les insultaban por los pasillos: «moros hijos de puta: os vamos a matar», dice que le gritaban los valientes a él y a su madre, en Tarragona.

Abdel se gana la vida con una furgoneta. En Los Encantes, un mercado de segunda mano y antigüedades que hay junto a la Plaza de Las Glorias, […]. Con ella compra «portes» y «lotes». Lo primero le sirve para ganarse un dinero como transportista: «yo no toco los muebles, ellos se lo cargan y ellos se lo descargan: yo sólo conduzco». Lo segundo, menos seguro, también a veces le permite ganar más, en menos tiempo. El tiempo que tarda en comprarle a alguien un lote de muebles o trastos viejos que quiere quitarse de encima, y él le da 20 ó 30 euros, para luego vendérselo a alguien que ve posibilidades de negocio revendiéndolo por separado, y le paga a él 150. Por ejemplo. Por las tardes, si no tiene nada que hacer, se viene aquí a jugar al billar y a tomar algún quinto de cerveza.

Le pregunto si su madre cobra alguna pensión. «El PIRMI se lo quitaron». El Pirmi es un subsidio social para los que no tienen nada. Algo así como una renta básica, o mínima. «Se lo  pagaban mientras mi padre estaba en la cárcel: cuando se murió le quitaron la paga.» Ahora son menos, digo yo que debieron pensar. ¿Y la de viudedad, no tiene derecho a solicitarla? «No, no, porque mi padre no tiene quince años trabajados», dice, refiriéndose a quince años trabajados y cotizados.

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Fe de errores: «Ruleta de reconocimiento»

En la entrada «Ruleta de reconocimiento«, del miércoles, 21 de noviembre de 2007, atribuía erróneamente al novio, el acta de reconocimiento en rueda de la chica. Así lo tenía transcrito en una copia manuscrita que hice en su día de todas las actas, copia a la que acudí, pues no tenía entonces el expediente a mano, razón por la cual no estaba enlazada el acta.

La frase  “Que reconoce al 3º por la izquierda con toda rotundidad y además fue el que le apuntó» es de Y., no de su novio M.

La frase entera es esta:

«Que reconoce al 3º por la izquierda con toda rotundidad y además fue el que le apuntó con la pistola y el 7º cree según le ve que pueda ser el acompañante [ilegible] que no puede asegurarlo, que en esta postura de perfil le sirve para asegurarlo con más seguridad por que [sic] fue así como les vió».

Y éste es el fragmento del acta donde consta:

fragmento acta terrassa Y

Tanto ésta, como ésta, pues, son actas firmadas por Y. Así que este párrafo: «Por alguna razón que se me escapa todavía, las chicas de Cornellà repitieron rueda esa mañana, mientras que Y. y M.V. volvieron diez días más tarde para lo mismo», de esa misma entrada, ha perdido todo sentido. De hecho, la razón se me escapaba porque no hubo razón: las tres chicas repitieron rueda.

Manuel Borraz me corrigió el patinazo, como siempre, cortés y riguroso.

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