ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Parece que por fin vamos a saber qué opina el Colegio de Abogados de todo esto

La jefa de prensa está de vacaciones. La persona que la sustituye en estos casos ha salido. Pero tiene que volver enseguida. Mi interés es saber qué opina el Colegio de Abogados de Barcelona sobre el hecho de que dos de sus colegiados, Jorge Claret y Pedro J. Pardo, estafaran a un cliente, Ahmed Tommouhi, aprovechándose de que era analfabeto. Voy a escribir una historia esta semana en el periódico sobre Tommouhi, y me ha parecido que, después de denunciar el silencio, había que darles la oportunidad de romperlo.

Seguiremos informando.

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¿Qué hace falta para condenar a un hombre?

En este caso, parece que sólo hizo falta el tribunal. Porque no parece que reunieran muchas pruebas…

«Ahora, la sentencia absuelve al reo atendiendo a que en su juicio los damnificados -el que recibió la puñalada y otro agredido- no comparecieron, a que en la testificación que hicieron no pudieron identificar al autor de los hechos y a la confesión del menor [que reconoció la autoría] en el otro proceso.»

Elmundo.es, ahora mismo.

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Y con embargo…oh con embargo (Principios de justicia poética III)

Los tribunales han aprobado ejecuciones hipotecarias [en EE.UU] sin exigir que los administradores de las hipotecas presentasen la documentación apropiada; en vez de eso, han confiado en las declaraciones juradas que afirmaban que los papeles estaban en orden. Y estas declaraciones juradas habían sido emitidas en muchos casos por firmantes robot o por empleados de bajo nivel que no tenían ni idea de si sus afirmaciones eran ciertas.

El cenagal de las hipotecas, Paul Krugman, El País, 17/10/2010

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Principios de Justicia poética (II)

Daniel Verdú. ¿Hay demasiada mala literatura en la redacción jurídica, demasiada imaginación?

Scott Turow. El truco de la ley siempre ha sido separarse a través de la lengua. Porque solo es eso, palabras. Piensas en la mecánica, las cárceles… Pero es una construcción verbal. Por eso siempre se escribe de esa forma, para crear una cierta hermandad en la que nadie de fuera entiende nada. Luego, sí, también hay muchas suposiciones. Es cierto que hay mucha ficción escrita en nombre de la ley.

«Se ha escrito mucha ficción en nombre de la ley»,

Entrevista a Scott Turow, autor de ‘Presunto Inocente’, en El País, hoy.

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Esto no es una noticia, es sólo una estafa

Ahmed Tommouhi, en febrero de 2010 en Barcelona.

Que ninguno de los periodistas que durante años se han ocupado del caso Tommouhi haya dicho ni mú respecto de las novedades que aporta Justicia poética es perfectamente comprensible: una de las más importantes los deja en evidencia. Me refiero al trabajo sucio de los abogados de Ahmed Tommouhi, Pedro J. Pardo y Jorge Claret. Si el periodismo barcelonés no considera noticioso que dos abogados de la ciudad engañen a un cliente analfabeto, condenado injustamente y que ha pasado casi quince años en la cárcel, seguramente se debe a que durante diez años los estafadores han sido una fuente muy importante para su relato. El roce hace el cariño.

Si señalo ahora ese silencio, sin embargo, es porque consiente otro más inquietante y más escandaloso. El del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona: ¿tampoco el ICAB tiene nada que decir sobre el modus operandi de sus colegiados Pardo y Claret, que facturaron a Tommouhi procedimientos que no habían llevado ellos y que le hicieron firmar en blanco la reclamación de la indemnización por la sentencia errónea (a la que tenía derecho, pero a la que él había decidido renunciar hasta que no se reabrieran los demás casos por los que había sido condenado), aprovechándose de que Tommouhi no sabía leer?

Este escalofrío impune recorre una vértebra más. Porque si los periodistas y los abogados son figuras pensadas entre otras cosas para defendernos de la arbitrariedad del poder, la de los jueces es mucho más delicada y ambigua:  su cometido es vigilar que el poder se ejerza de acuerdo a la ley, pero ellos mismos pueden ejercerlo arbitrariamente.

En efecto, ahora que Pedro J. Pardo es  juez de instrucción, cabe preguntarse con qué confianza deben acudir al juzgado los acusados a los que este ex abogado procese. La última vez que nos vimos, Pardo tenía muy claro por qué había decidido dejar la abogacía: «Porque me gustaría aplicar justicia, pero desde el punto de vista efectivo: que es el de los jueces», dijo.

En resumen, ésta es la enmudecida historia que cuenta «Los abogados», el capítulo 29 de Justicia poética. Ahora pueden leerlo, descargarlo e imprimirlo libremente  a través de Scribd.com. También pueden correr la voz.

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Principios de Justicia poética (I)

I.- El acusado de discriminar por raza o edad deberá probar su inocencia

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Diario de Cádiz al aparato

UN REPORTAJE ABIERTO SOBRE EL CASO CERRADO DE DOS CONDENADOS POR LA CARA

Blanca Ballester 19/08/2010.

Braulio García Jaén, periodista natural de Arcos de la Frontera, trabajó en el programa de radio Hoy por hoy de la cadena SER, empleo que dejó en diciembre de 2006 para dedicarse a la historia de dos marroquíes afincados en Cataluña, Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi, que, en 1991, fueron condenados por error tras una ola de violaciones. Uno de los verdaderos autores, muy parecido a Tommouhi, fue detenido en 1995; su cómplice todavía no ha sido identificado. Aun así, Mounib murió en la cárcel y Tommouhi, después de quince años preso, cumplió íntegra su condena. Un caso cuya impunidad continúa diez años después de que la justicia española admitiera haber cometido un error con los acusados.

El argumento de esta narración está sacado de sumario: los diálogos más increíbles, las manipulaciones más burdas, los párrafos más fantásticos de este libro son citas auténticas conseguidas por García Jaén tras tres años de investigación.

En 2007, Seix Barral y la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, presidida por Gabriel García Márquez y un jurado conformado por Joaquín Estefanía, Héctor Feliciano y Julio Villanueva Chang, otorgaron el Premio Crónicas de Periodismo al proyecto de este libro, cuya investigación sobre el proceso de escritura fue recogida en el blog http://www.ladoblehelice.com.

En julio de 2009, el ensayo se publicó en Argentina bajo el título Falsos testigos del porvenir, y en enero de 2010, en España, con otro título: Justicia Poética. El caso de dos condenados por la cara.

-¿Qué tiene de especial el caso de Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi que hace que lo deje todo para dedicarse a investigarlo?

-Este caso suponía todo un desafío profesional: se trata de dos condenados que todo el mundo que los conoce sabe que son inocentes, pero que uno murió en la cárcel tres años después de que el Tribunal Supremo reconociera el error, y el otro seguía cumpliendo condena (diez años después) cuando yo empecé a investigar el caso. El desafío práctico consistía en hallar nuevas pruebas que sirvieran para plantear una nueva revisión: en parte lo conseguí, porque se llegó a presentar un nuevo recurso de revisión, pero el Supremo volvió a decir que no. Así [que], en el fondo, fracasé. Luego hay un desafío teórico: el de un hombre que está más allá de toda justicia, es una situación inaceptable para un Estado de Derecho, y que sin embargo se está produciendo. El desafío consistía en pensar esa situación. No me corresponde a mí decir si lo logré o no.

-Ha recorrido muchos kilómetros visitando a implicados y los lugares de los crímenes, ¿qué trabas ha encontrado a la hora de hablar con fiscales, familiares, policías, víctimas…?

-La principal traba, el tiempo transcurrido: mucha gente había olvidado los detalles. Por lo general no tuve grandes problemas para hablar con quien quiso, salvo los magistrados que aparecen en la nota previa del libro: esos nunca respondieron. Tampoco hubieran aportado gran cosa: toda su ignorancia se reflejó en sus sentencias, que es el lugar donde los jueces hablan.

-¿Quiénes han sido los más reacios a hablar?

-Además de esos magistrados, como ya he dicho, las más reacias fueron las víctimas. Cosa, por otro lado, perfectamente comprensible, por las razones que todo el mundo puede imaginar: recordar en su caso resultaba siempre doloroso.

-¿Cómo surge la idea de crear el blog ladoblehelice como instrumento para ir contando sus avances en la investigación del caso?

-Surge porque quería compartir ese proceso, y como experimento: la transparencia (respecto de las fuentes, la documentación, etcétera) que ofrece Internet es imbatible. Y de no haber sido por el blog, probablemente me habría sido mucho más difícil construir la voz narrativa: porque los hechos que se denunciaban eran absolutamente increíbles. Las citas, las declaraciones, las contradicciones eran tan alucinantes que necesitaba un método para reforzar las evidencias. La compañía de los lectores además me ayudaba a quitarme esa impresión de voz que clama sola en el desierto, tan desagradable a veces y tan desalentadora..

-¿Ha recibido algún tipo de ayuda para su investigación de los lectores de ladoblehelice?

-Sí, el libro contiene muchos menos errores de los que contendría sin las correcciones de los lectores.

-¿Tenía conocimientos en Derecho antes de comenzar a seguir el caso?

-No, salvo los que me proporcionó un [podía tener como] lector al que le interesaba el Derecho. Había hecho algún trabajo académico en el que la filosofía del Derecho, sobre todo, era importante, pero nada más. Nunca estudié Derecho, ¡aunque me habría gustado!

-El caso de Mounib y Tommouhi tiene muchas similitudes con lo ocurrido al portuense Rafael Ricardi, ¿ha pensado hacer también alguna investigación al respecto?

-Sí, comparte muchísimas similitudes con el caso de Rafael Ricardi. De hecho, en algún momento me referí a él, aunque finalmente eliminé esas páginas. Lo descubrí cuando ya estaba muy avanzada la investigación del libro, y era demasiado complejo como para tratarlo superficialmente.

-¿Tiene ya algún nuevo proyecto en mente?

-Proyectos no faltan, lo que falta es el dinero para ponerlos en práctica.

-¿Seguiría el mismo esquema de ‘Justicia poética’? Creación de un blog, opiniones de los lectores, numerosa documentación, desplazamientos…

-Si algún día llega la posibilidad (es decir, el dinero) para embarcarme en otra historia, desde luego que seguiría ese mismo método (mejorándolo en lo que pudiera). No creo que se pueda hacer de otra manera, ni que merezca la pena.

_____

**Nota: La foto que se publicó en el periódico iba (mea culpa) sin firmar. La fotógrafa es  Carla García Fernández.

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Un lector informa (una crítica)

Justicia periodística, por M. Borraz

Aún no se habrá hecho Justicia pero, por fin, se ha hecho Periodismo. El título del libro alude a la «Justicia poética» que condenó a Mounib y Tommouhi, más literaria que fáctica. Pero bien puede decirse que la publicación de esta obra viene a ser una forma de «justicia poética» en el sentido habitual de la expresión.

Todo un lujo, si pensamos que, hoy por hoy, nadie tiene asegurado el derecho a esta «justicia periodística», ni los periodistas tienen la obligación de materializarla. Hay que tener la suerte de que uno de ellos se interese por tu caso y, además, pueda permitirse el lujo de dedicarle tiempo, de practicar realmente su profesión durante una temporada suficientemente larga.

Pasen y vean

Siendo ésta una historia que tengo muy interiorizada, no soy la persona más indicada para opinar si el lector recién llegado encontrará el libro envolvente o caótico, extremadamente informativo o abrumador. Es complicado empaquetar en un libro la trayectoria de los dos condenados, los hilos argumentales paralelos de las distintas causas procesales -de los hechos delictivos hasta los últimos coletazos judiciales- y la crónica de las propias indagaciones periodísticas. El autor ha impuesto además una peculiar distribución que sólo acaba cobrando pleno sentido tras la lectura del libro: hechos probados, deshechos (la historia reescrita en los procesos judiciales y sus consecuencias) y hechos nuevos.

De lo que sí puedo dar fe es de que se trata de un libro de «pasen y vean», no de los de «les voy a contar la historia… «. Y fue así desde un principio, como demostró el blog que fue reflejando su gestación en directo y con transparencia, dentro de lo posible.

Las páginas del libro exhiben abundantes datos con poca grasa. ¿Demasiados? Es cierto que hay capítulos que se han de releer dos veces y que, al acabar el libro, hay que detenerse para tomar aire y tratar de extraer una idea global después de tanto recoveco. Pero es justo lo que espero encontrar en un trabajo periodístico de este calibre. Es más, aún echo en falta ese capítulo entero dedicado a Antonio Garcia Carbonell (el violador con el que confundieron a Ahmed Tommouhi) que, al parecer, fue víctima de recortes editoriales por cuestión de espacio. Y puestos a reclamar, hubiera sido de gran utilidad disponer de un índice (que quizás aún estemos a tiempo de ver publicado en Internet…).

El “pasen y vean” es extensivo a las propias limitaciones de la empresa, que no se disimulan. El autor acude a los sumarios sabiendo que, en ocasiones, mienten y entrevista a las personas sabiendo lo poco fiables que son a veces los recuerdos. Contrasta las fuentes sin ocultar que hay cosas que quizá no llegaremos a saber, en ocasiones por culpa de la propia maquinaria judicial, que impide hacer todas las averiguaciones deseables. Pero, cuidado, que lo que se nos muestra es más que suficiente y suficientemente contundente. Llegar hasta ahí, obviamente, ha requerido tiempo. Así que se confirma una vez más que el mejor periodismo sólo puede ser el que trata de lo de anteayer (pero ¿aún es periodismo?…).

El “pasen y vean” se extiende asimismo a las conclusiones. No las hay. Más allá de una reiterada denuncia de la «distancia entre la palabra y el mundo» -acertada pero demasiado abstracta como para hacer mella en el mundo-, el inventario final de despropósitos corre a cargo del lector aplicado que recorra el libro lápiz en mano.

Pequeñas y grandes novedades

El libro aporta una buena dosis de novedades, desde pequeños detalles anecdóticos, pero muy reveladores, hasta informaciones que suponen una nueva vuelta de tuerca al caso. Incluso a estas alturas, cada vez que trascienden nuevos datos sobre lo ocurrido, acaban superando todas las expectativas.

Entre las «pequeñas» historias que cita el libro, encontramos a un Tommouhi que le retira las visitas a su hijo durante un año cuando éste le plantea si no sería mejor aceptar los beneficios penitenciarios o a un Mounib que simula conocer el paradero de un preso fugado para poder hablar personalmente con el guardia civil Reyes Benítez y pedirle que no deje su caso, que investigue. Descubrimos que la víctima del caso de Olesa todavía no se cree que los dos marroquíes fueran inocentes, a pesar de que el ADN lo demostró y forzó la anulación de la correspondiente condena. No faltan referencias a un aspecto sobre el que se ha hablado muy poco: hubo muchas -demasiadas- víctimas colaterales, otra constelación de dramas personales, familiares, laborales… Aparte de los propios Mounib y Tommouhi, hay que contar los dos compañeros de habitación de Tommouhi en 1991 (ambos marroquíes) y los cinco inocentes detenidos en 1995 antes de que se diera con Antonio García (dos marroquíes y tres paquistaníes).

Pero si hay aportaciones novedosas de peso son sin duda las siguientes:

– Aunque siempre ha estado a la vista, Braulio García ha sido el primero en darse cuenta de que la redacción de la sentencia del caso de Cornellà (la primera condena que recayó en Tommouhi) no tiene sentido a menos que supongamos que el tribunal (compuesto por los magistrados Margarita Robles, ponente, Gerard Thomas y Felipe Soler) ignoraba algo tan básico como que los restos biológicos exculpatorios analizados eran no sólo de sangre sino también de semen.

– Hasta ahora no estaba muy claro cómo llegó a convertirse Mounib en acusado, ni de dónde salieron los supuestos antecedentes que manejó la prensa. Había que introducirse en la trastienda para hacerlo inteligible. El libro sigue el rastro de un folio con fotografías que NO era para mostrar a las víctimas pero que acabó siendo la base de los reconocimientos fotográficos de Mounib. Y oímos hablar por primera vez de un guardia civil que habría jugado un desafortunado papel en las primeras diligencias en relación con los casos de Tarragona: el «agente López». No queda ninguna duda: paupérrimos cimientos para condenas tan abultadas.

-La tercera y última parte del libro, «Hechos nuevos», detalla nuevos datos y argumentos que podrían servir de base para un nuevo recurso extraordinario de revisión. Aún se conservan restos biológicos, nunca analizados, de un caso de violación sucedido en Blanes en 1991, cuando Mounib y Tommouhi ya estaban en prisión. Podrían relacionar a García con los casos de Tarragona, pues hay evidencia de que los agresores usaron el mismo vehículo, como también documenta el libro. Por una vez, el periodista deja de limitarse a sostener el espejo que nos devuelve la imagen de la injusticia y salta al otro lado para atar cabos y contribuir a subsanarla. La solicitud de revisión se presentó ante el Tribunal Supremo en junio del año pasado, poco antes de que saliera a la calle la edición argentina del libro (*).

En definitiva, un reportaje periodístico excepcional que no se conforma con hacer justicia poética -que no es poco- sino que acaba señalando una posible vía para que se haga auténtica justicia (*).

El libro de Braulio García debería ser de lectura obligada para, entre otros, los responsables de las fuerzas de seguridad, los operadores jurídicos con desempeño en el área penal y los cargos del Ministerio de Justicia.

M. Borraz

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(*).- P. D.: El día 4 de febrero, el Tribunal Supremo denegó autorizar la interposición del recurso.

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La tercera noche de Karl Kraus

Acabo de ojear La tercera noche de Walpurgis, editada por Hiru, en La Central del Reina Sofía. La reedición del libro que escribió Karl Kraus para que no se malinterpretara su silencio frente al ascenso del nazismo es una gran noticia. Aunque no es, desde luego, una gran edición, ni mucho menos a la altura de su precio: 20 euros.

«No se me ocurre nada sobre Hitler», es la desesperada frase inicial de un texto que ahora nos presentan corrido, pero que en la edición de Icaira que yo había leído está dividido en seis capítulos. La edición de Icaria de finales de los setenta es inencontrable, salvo en contadas bibliotecas. Aunque quien no esté lejos de la Biblioteca Nacional siempre podrá leerlo, en cualquiera de sus ediciones españolas, con la tranquilidad que merece. Al parecer, Kraus empezó a escribirlo en agosto de 1933 y pensaba publicarlo en su revista, Die Fackel, por entregas. Lo terminó antes de que acabara ese año, pero no lo publicó.

No se me ocurre nada sobre Hilter. Yo no sé si no lo publicó sólo por miedo a las represalias (contra él y contra sus allegados), o también por impotencia. Porque esta noche de Walpurgis es, en parte, la angustiosa constatación de lo poco que pueden las palabras cuando se ha desencadenado la acción que todo lo devora, a ellas y a quien las pronuncia. «En todos los campos de la renovación social y cultural somos testigos de esta explosión de la frase hasta hacerse algo fáctico, hasta convertirse en hecho, en acción», dice en un momento del libro. Un momento en el que, por cierto, me parece que seguimos simpáticamente instalados.

Esa era la desagarradora urgencia en la que se debatía Kraus: saber que cuando Hitler decía que no quedaría un pelo de judío en Alemania, lo hacía a sabiendas de que sus agentes empezaban a raparlos en las comisarías. ¿Qué hacer, entonces, cuando oía esa frase repetida en las calles, en los periódicos, en los altares, en las tabernas, convertida en un latiguillo, en una frase hecha? ¿Escribir o callar? Con palabras había Hitler empezado tiempo atrás a despejarse el camino hacia los campos de concentración, pero Kraus pudo pensar que las suyas, que se empeñaban en distinguir claramente entre la tinta y la sangre, nada evitarían.

No lo sé, ya digo.

Es una lectura que se hace necesario olvidar para seguir escribiendo.


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Cara y cruz

Ese podría ser el título del registro de «condenados por la cara» que habría que empezar a construir aquí. Daniel Ramos Hurtatiz, otro preso por la cara más:

http://www.nortecastilla.es/v/20100515/valladolid/declarado-inocente-hombre-paso-20100515.html

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