ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

Cortar y pegar

La primera sentencia* del caso Olesa condenaba a Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi en 1994. La misma Sección 5ª de la Audiencia de Barcelona condenó en 1999 a Antonio García Carbonell a 42 años de prisión por los mismos hechos, una vez el ADN había demostrado que él y un familiar suyo eran los violadores. La sentencia de 1999 (I y II) copió y pegó el apartado de hechos probados de la de 1994 (I y II), aunque con el mérito añadido de acertar con uno de los culpables –el otro sigue sin ser identificado—. Los hechos eran, necesariamente, los mismos. Pero la calcada redacción de ese apartado es, por lo que oculta, reveladora.   

Los nombres de los marroquíes fueron sustituidos, lógicamente, por el sintagma “Antonio García Carbonell y otra persona no identificada”. El resto de cambios, que no se deducen necesariamente de ese primero, se limita a alguna precisión sobre la relación entre las víctimas –amigos- y al algún rodeo –cantidad de dinero que ascendía– que fueron borrados en la segunda sentencia, pero sobre todo se concentra en esta frase, que también eliminaron:

Los acusados disponían de una linterna, con la cual alumbraban el interior de la nave y vigilaban a M y que asimismo utilizaron en su exterior, que estaba iluminado por una farola, luz de la fábrica y luz de la luna.

El segundo texto está puntuado y es más escueto. Pero si en el libro me quedaré con el párrafo de la sentencia del 94, no es por ensañamiento. Es por método: para seguir el rastro de la mentira. La segunda sentencia soltó el lastre sentimental de la primera, porque no le hacía falta: la prueba del ADN era suficiente. […] Por eso le sobraba este deslumbramiento:

  “el exterior, iluminado por una farola, luz de una fábrica y luz de la luna”.

Esa postal impresionista, nocturna de arrabal, son pinitos del tribunal, que hizo suyo el deslumbramiento, emocional y técnico, de la víctima. […] La policía judicial de Martorell había hecho un informe fotográfico sobre el lugar de los hechos: 9 folios y 10 fotos. Los agentes habían visitado para ello la caseta, con luz del día. La luz de esa fábrica y de esa farola, sin embargo, son detalles con los que los chicos aclararan sus recuerdos y que la sentencia incorpora acríticamente. El tribunal disponía del informe y podría haber preguntado a los agentes que lo hicieron. Pero lo que me importa ahora es la luna. El rapto poético de la ponente, Elena Guindulain Oliveras, eligió mal, descartados los guardias civiles que hicieron el informe fotográfico, el segundo motivo lorquiano. El martes 5 de noviembre de 1991, en Barcelona, la finísima uña de la luna se escondió un cuarto de hora antes de las cinco de la tarde. El miércoles hubo luna nueva.

¿Un detalle sin importancia? Entonces, ¿para qué lo citan? En 1999 ese calorcillo no les hacía falta, ni añadía nada, porque tenían una prueba, al contrario que en la condena a Mounib y Tommouhi. En 1994, la función de los adornos  era abrigar los argumentos, […] porque los hechos en frío no bastaban.

La diferencia clave entre una y otra, sin embargo, está resumida en la fórmula que abre el párrafo de 1999, y de la que no he hablado:

“Ha resultado probado y así se declara”.

Este doble plano reconoce un mundo exterior y una declaración que habla de ese mundo, a diferencia del “se declara probado” –que es el habitual, por otra parte— de la primera sentencia, donde la declaración es ya en sí misma la creación de ese trozo de mundo del que se habla, de la misma forma que el “Hágase la luz” no necesita de interruptores. La justicia poética y la divina se fundan en la misma confusión de verbo y carne, de palabra y mundo. El mismo desprecio olímpico por la verificación.

***

El primero que me hizo reparar en este detalle de la luna fue Manuel Borraz, empecinado en averiguar la verdad.


*Sección Quinta. Audiendia Provincial de Barcelona. Rollo Nº 9262/91. Sumario 1/91. Juzgado de Instrucción Nº 2 de Martorell. Sentencia Núm: Tribunal: D. Modesto Ariñez Lázaro, Dª Elena Guindulain Oliveras (ponente) y Dª Nuria Zamora Pérez. Barcelona, 22-4-94. 

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Sic

No todo dependió del convencimiento, puramente subjetivo, de las víctimas. En algunos casos, hubo que echarles una mano para que dijesen lo que no estaban diciendo. La mano del que transcribía, y daba fe, de la declaración, por ejemplo. Este del Juzgado número 4 de Gavà es puro contorsionismo lingüístico. Otro de esos ejemplos que de no ser por la posibilidad de enlazar el documento, el lector tendría derecho a desconfiar de la literalidad de lo que transcribe el periodista.  Dice, literalmente, esto:

Comparece E, (…) la cual [manifiesta]:

«Es su voluntad no reclamar en cuanto a responsabilidades civiles siendo su voluntad olvidar los hechos y no ser molestada por ello en lo sucesivo.

Preguntada acerca de las dos ruedas que nos constan en este momento en los autos, si quiera [sic] la segunda sea por vía extraoficial manifiesta, que en ninguna de las dos estaba segura de su reconocimiento  y que dijo en el momento de hacerlas, en ambas que fue una primera impresión la que le llevó a identificar al autor de los hechos, y que una primera impresión contará en algo, aunque nunca estuve segura. Que reconoce en la rueda formada en el Juzgado de Terrassa lo único que dijo es lo que en el acta.

Leída la manifestación de la testigo en el acta de reconocimiento celebrada ante el Juzgado núm. 14 instrucciones de Guardia de Barcelona, donde se expresa: «Que reconoce sin duda al núm. 1 como el inculpado» manifiesta que en ninguna de las dos ruedas por ella celebrada manifestó estar segura del reconocimiento. Leída la copia del acta de Terrassa manifiesta que se ratifica literalmente en su contenido.»

El Juez, tras esta declaración, considerando «digno de imputación» a Ahmed Tommouhi, dictó auto de procesamiento y prisión provisional un mes después. La razón: «La víctima del delito se ratificó a presencia de este Juez Instructor en cuanto a ambas ruedas».

 

El pasado 8 de enero fui a ver al juez  a su despacho. Tenía la cabeza y la frente muy ancha y los hombros estrechos, algo encorbados, lo que le daba un aire abrumado. Llevaba la americana abotonada. Al ver el auto, comentó que desde luego con esas contradicciones, recordaba que lo había dejado en libertad condicional, como mínimo. El Juez Instructor recordaba exactamente lo inverso de lo que ocurrió, en todo. Pero más importante que la comprensible mala memoria, es que fuera incapaz de ver en un texto así, el desorden moral de las actuaciones. Que esta sintaxis no le sublevara.

La chica tuvo que esperar hasta el día del juicio oral para deshacer el malentendido. Aclaró que nunca había dicho estar segura de nada, sino que lo había señalado por

«ser de raza árabe y constitución anatómica parecida  a la de su agresor, pero sin estar segura de que se trate de la misma persona».

Ahmed Tommouhi fue absuelto por esta causa de Gavà el 9 de septiembre de 1993, por la sección 10ª de la Audiencia de Barcelona.

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Una pistola (verdaderamente) humeante

El teléfono sonó a las 22:22. Dijo su nombre y apellidos, con acento andaluz, pero con un acento viajado, nada racial,  y preguntó:

–«¿Que en qué puedo ayudarle?».

Yo lo había llamado muchas veces, y ayer por fin dejé un mensaje en el contestador. El cielo abierto. Me hablaba el tercer hombre: el tercer guardia civil que participó en la recuperación del Renault-5, el 2 de diciembre de 1991. El coche que, curiosamente, siguió su itinerario criminal después de que los dos marroquíes hubieran ingresado en prisión, acusados de haber cometido varios robos y violaciones en 1991, según la policía y la guardia civil, al volante de ese Renault 5. No sé si me explico.

El tercer hombre al teléfono. La voz campechana, de esas que te están diciendo: pues, mire usté por dónde, y ya no se paran. Así que le conté por qué lo llamaba y que me podía ayudar,  sobre todo, acordándose y contándomelo. Lo que pasó aquel día. Y me lo contó, con tó su arte. Así.

–Pues mire ustééé, yo me encontraba enfermo, pero como era el año que venían los juegos, y no había personal, pues me tuve que dar de alta. Y me puse a trabajar.

Era a finales de 1991. Los juegos, son los Olímpicos de Barcelona 92

–Yo me encontraba enfermo. Tenía una cardiopatía crónica. Enfermo del corazón. Pero bueno, allí estaba: en un apostadero que habíamos montado enfrente del coche.  Y yo lo ví llegar, al moro. Venía de la estación de renfe de Mollet [del Vallès], la estación de Santa Rosa. Venía solo, mirando para todas partes. Yo lo seguí con la vista. Hasta que se acercó al Renault 5, al que nosotros previamente le habíamos aflojado dos ruedas. Yo salí del 124. Él abrió la puerta y se agachó a buscar los cables del arranque, como para hacer un puente, sin llegar a sentarse. Yo me precipité o lo que fuera. Y le dí el alto. Y el tío echó a correr calle abajo, dirección Mollet. Y yo qué iba a hacer, si estaba enfermo del corazón y no podía correr. Pues déjalo correr. Y disparé al aire. Los dos tiros los pegué al aire, porque así nos lo enseñaron: si no hay peligro para nosotros, es mejor que el tío se escape. Al aire, nunca al suelo: porque puede rebotar, y la metralla entra por todas partes, por la ventanas, por tos sitios. Así nos los enseñaban en la academia. Y así fue. Se escapó.

Luego, don Juan, que así se llama nuestro hombre, me contó también que pronto tuvo que dejarlo definitivamente. «Yo estaba cada día peor, al final ya no me entraba ni el traje: estaba muy hinchado».  Y los últimos minutos, yo no podía colgar, y él tampoco parecía querer:

–Aquí estoy más bien que ná. Aquí ya ve, a 22 grados que llegaron los reyes. Y no sudaron ná los reyes magos. Hasta los camellos se quejaban. Allí llegó un momento en que ingresé en el hospital, y me dijeron que no estaba bien.  Cataluña no me sentaba bien.  En Cataluña me daban siete años de vida. Y en Andalucía diez. Así que me vine para acá, y aquí estoy, más bien que tó. He estado tres veces muerto, eso sí, pero al final me operé, hace tres años, y desde entonces estoy estupendamente, la verdad. Ahora ya sólo espero a que llegue el AVE a Almería, que decían que iba a llegar antes de los Juegos [del Mediterráneo, verano de 2005], y vamos para tres años y no ha llegao. Estoy esperando al AVE a ver si me atropella, porque si no a mí no hay forma de matarme.

Por supuesto, no le dije que, finalmente, a día de hoy, nadie ha demostrado todavía que aquel que salió huyendo, frente a la estación de Mollet del Vallès, fuera «moro».

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Doce días después

El 13 de Noviembre Ahmed Tommouhi y Abderrazak Mounib habían sido detenidos como presuntos autores de la serie de violaciones que recorría Cataluña durante el otoño de 1991. Los que no conozcan el modus operandi, número de autores, expresiones, y vehículos utilizados de esa ola de violaciones, pueden leer alguno de estos relatos (I, II, III, IV, V y VI): aunque me permito de entre ellos recomendarles el de Olesa, por revelador. [Y siempre pueden atajar por este  resumen de lo publicado.]

Los que ya tienen una idea, pasen, pasen directamente, por favor, y no dejen de fijarse en la fecha de esta declaración :

«Blanes [Gerona], a 25 de noviembre de 1991.

Constituida la Comisión Judicial en el Hospital de Sant Jaume de Blanes, siendo las 11 horas, se procede a tomar declaración a M.J., (….) que trabaja en una comercial eléctrica:

Que ayer por la noche, su novio J.L. y la declarante venían de Sant Hilari de Sacalm y se pararon en la carretera, cerca de Sant Daniel y un vehículo se paró cerca de ellos, no haciendo caso al principio. Que se bajaron del vehículo dos hombres, que hablaban marroquí, y estando los seguros bajados, con una barra de hierro rompieron el cristal delantero izquierdo (del conductor) dándole un golpe en la cara y apuntándoles con un arma les dijeron que se estuvieran quietos.

Que uno de ellos les dijo que quién había roto una valla o algo parecido. Que ellos les dijeron que no habían hecho nada y que fueran todos a la Policía, para esclarecer el asunto. Que hicieron salir del vehículo a punta de pistola a su novio, mientras le tapaban la cara y le ataban las manos. Que uno de ellos llevaba la cara tapada. Que la declarante estaba en el interior del vehículo cuando el otro se metió dentro del coche y le taparon a la declarante la cara con una chaqueta de ella. Que era una chaqueta de piel negra, tres cuartos, con forro de cuadros «L Campoy» de talla 56.

Que le hicieron salir del coche, le ataron las manos con una especie de tela fuerte y después la llevaron al coche de ellos, un R-5. La hicieron tumbar y la violaron, digo que uno de los agresores se la llevó en ese coche y el otro cogió el coche de su novio y también se fueron.

Que después se fueron dirección a Tordera, pero no sabe hacia donde ya que iba con la cara tapada. Que después de unos 5 minutos de conducir se metieron en un sitio como de hierba, con un riachuelo cerca. Que iban hacia adelante y atrás. Que después de pararse se acercó otro individuo y primero la violó el que conducía y después el otro, digo que el segundo no llegó a penetrarla. Que le mordieron los pechos, la espalda, etc.

Que mientras la estaban violando uno, el primero, le decía que «era una puta, etc». Que hablaba castellano, con un acento árabe o marroquí. Que después del segundo, el que la había violado en primer lugar la volvió a violar por segunda vez. Que este señor llevaba bigote. De unos 35 ó 40 años. Que llevaba un pantalón de cuadros claros. Que llevaba guantes gruesos, como de trabajo.

Que salieron del coche y le dijeron que si se portaba bien no le harían nada. Que ella estaba descalza y desnuda de cintura para abajo y la metieron en el Ford Orión donde estaba su novio y le quitaron la cazadora y se la llevaron. Que los dos estaban maniatados. Que su novio estaba atado. Que ellos se fueron y su novio se desató y la desató a ella. Que después volvieron al lugar los dos árabes y el que no hablaba español le decía al otro, que tenía la pistola, que los matara y el otro decía «no matar».

Que cuando volvieron venían con otra pareja y con otro coche, que al parecer habían hecho lo mismo. Que ella y su novio salieron corriendo y se fueron del lugar. Que pasaron por un riachuelo y había una casa de payés pero su novio no quiso pararse para avisar, porque no se fiaba de nadie.

Que el del bigote decía mucho «Jeber, Jeber» como si el otro se llamara así. Que siguieron corriendo hasta llegar a la carretera. Que no les paraba ningún coche y fueron corriendo hasta llegar a casa de la declarante, yendo posteriormente al Hospital.

Que revolvieron todo el coche, le quitaron un anillo de prometida, de oro fino y [que] se enganchaban dos manos con dos diamantes. Una cadena fina, de oro y una placa en forma de corazón con la inscripción «hoy + que ayer y  – que mañana». Un reloj dorado pequeño. Que a su novio le robaron el reloj y una esclava que ponía Juan. Que les robaron dinero, en total unas once o doce mil pesetas.

Que la segunda pareja le dieron con el coche de ellos un golpe en la parte delantera y en la parte lateral, y por lo tanto el R-5 de color gris plateado debe de tener algún golpe o bollo. Que la matrícula era de fondo negro, como si fuera matrícula francesa. Que dicho vehículo llevaba como una línea lateral pintada.

Con lo cual se da por terminada la presente, que leída y hallada conforme es firmada por la compareciente, con SSª, de lo que doy fe.

Tres firmas.»

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Resumen de hechos cometidos por el R-5 gris

Este folio es el resumen de los hechos delictivos cometidos por el Renault 5 gris, recuperado en Mollet del Vallès el 2 de Diciembre, y que la Guardia Civil siempre sostuvo que era el mismo que el utilizado en los hechos de Cornellà, La Secuita y La Bisbal (C., LS, LB, a partir de ahora). Es un folio insertado en el atestado 298/91 de la Guardia Civil de Mollet del Vallès tras la recuperación del coche.

Mounib y Tommouhi, presos desde el 14 de noviembre, fueron condenados por esos tres hechos (C., LS, y LB) . Sin embargo, la mayoría de los relacionados en el recuadro fueron cometidos después de su ingreso en prisión. El nexo entre esos tres asaltos atribuidos a los dos marroquíes (C., LS, y LB) y  el cuarto hecho que aparece en el recuadro, el de Montornés del Vallès, cometido el 16 de noviembre, es indiscutible: llevaban la misma matrícula falsa: B-7661-FW.

La pregunta que me hago es por qué en esa relación de hechos que resume el itinerario criminal del Renault 5, redactada tras la recuperación del vehículo el 2 de diciembre,  no aparecen precisamente los tres asaltos (C., LS, y LB)que habían desencadenado la búsqueda del coche.

La pregunta se la traslado a ustedes.

[Después de lo escrito: La respuesta es la siguiente: ese informe es obra de la 412ª Comandancia de Barcelona: por eso no aparecen ni los hechos de Tarragona, que son de una comandancia distinta, ni los hechos de Cornellà, que pertenecen a una demarcación de la Policía Nacional. (13-10-2008)

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Las fabulosas aventuras de un R-5 gris

Lo más importante que ocurrió después de la detención y el procesamiento de Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi, como co-autores de varias violaciones cometidas en Cataluña en el otoño de 1991, pasó judicialmente desapercibido: el coche utilizado en tres de los asaltos por los que fueron condenados Mounib y Tommouhi, siguió siendo utilizado para delinquir después de que ellos hubieran sido detenidos. Pero ningún tribunal de los que juzgaron y condenaron a los dos marroquíes lo sabía. Es un hecho que no aparece recogido en los sumarios.

Lo sabemos, esto también, gracias al Equipo de Policía Judicial de Martorell, y en concreto a los dos informes sobre el caso elevados a la Fiscalía después de la detención de García Carbonell en 1995, el primero, y después de que el ADN demostrara el error que se había cometido con los marroquíes, el segundo. Y digo dos, porque si es verdad que el segundo era el que estaba enteramente dedicado al vehículo, el primero ya también hacía referencia a ello:

«El día 02 de diciembre [de 1991], se localiza el vehículo Renault, modelo 5, color plata, con golpe en la parte delantera izquierda (coincidente con el usado en las violaciones expuestas), el mismo se encontraba en la localidad de Mollet del Vallès (…). Siendo las 19,30 horas de ese día, un individuo varón, raza norteafricana, 40 años, grueso, pelo moreno y rizado, pantalón oscuro y cazadora piel negra, abre el mismo y se sube a él, acercándose los agentes al vehículo, momento en que el individuo sale huyendo, realizándose varios disparos intimidatorios al aire y siendo perseguido, sin lograr alcanzarlo. En el interior del mismo, se encuentran varias placas de matrícula así como un revólver simulado y un bate de béisbol».

El día 2 de diciembre de 1991, Mounib y Tommouhi llevaban poco más de dos semanas presos. Ahí se podría haber parado todo. Pero no fue así. Es en esas dos semanas, me parece a mí, donde están las claves que pueden todavía arrojar algo de luz sobre esta historia: algo de luz, y alguna consecuencia.

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Viaje de reconocimiento (y II)

A la vuelta.

 22.07. Los crímenes tienen lugar. Los crímenes en serie, paisaje. El paisaje del crimen, en este caso, es esa depresión que desde el norte de Tarragona se extiende entre las dos cordilleras que corren paralelas al mar, hasta la altura de Terrassa, por lo menos. Sólo como por espasmos puntuales, llegaron al sur de Gerona: dos asaltos que ocurrieron en domingo por la noche. Los otros catorce ocurrieron en este triángulo:

El lado que va de Olesa a la esquina sur del área metropolitana de Barcelona, pero sin entrar en ella, tiene 33 km de carretera, y la altura sobre el vértice de La Secuita, desde Rubí, unos 90. La  coincidencia de la figura que dibujan, y la proximidad entre los lugares de hechos separados por cuatro años, no explica los crímenes, pero los sitúa.

Crímenes que no sólo se relacionan por los autores, el modus operandi, el vehículo, o los días de la semana, también por el espacio, y por cómo está organizado y distribuido ese espacio. No son crímenes urbanos, por ejemplo. No hay cámaras del metro que valgan. Los violadores se desvían por carreteras secundarias, en coches pequeños, generalmente. Atraviesan un paisaje de tendidos eléctricos, transformadores, fábricas, vallas metálicas, y también de campos de almendros, olivos y viñas: pasan del Vallès al Penedès, sin solución de continuidad, como la vida. (Las épocas son un invento de los historiadores). En un entramado de autopistas y autovías, quedan los bajos de los puentes, las carreteras de trayecto olvidado. Los ríos que forman la depresión en la cabeza de los geógrafos antiguos, en las nuestras apenas son charquitos arrojados para que salte la rana: en el cauce del Foix hay casetas de madera, en el del Anoia, se ven las cañas secas, altas, haciéndole la ola a los excursionistas. Pero los atraviesan de noche, sin luna: los lugares a los que acuden prefiguran a sus víctimas: ¿quién, si no esas parejas jóvenes, muy jóvenes, sin piso ni pensiones en el centro (de la ciudad), iban a estar allí, y a esas horas? Las parejas  se habían apartado buscando caminos de tierra, rieras, campos de fútbol abandonados. El deseo en los recodos. 

Todo eso es lo que hay que mostrar, no declarar.

(Maurice Godwin, en El rastreador, se detiene a estudiar el perfil psicogeográfico de los asesinos y violadores en serie. Los lugares donde actúan no son aleatorios:  incluso instintivamente, los primeros asaltos de la noche siempre se producen en el punto más alejado del domicilio del autor, que vuelve a casa arrasando, pero sin tener que volver a pisar tierra quemada. El perímetro de seguridad que establece alrededor de casa, donde no actúa. Muchas ideas interesantes, aunque nunca deban usarse como demostraciones a toro pasado. No hace falta predecir el pasado.)

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Buena fisonomista, entre comillas

La seguridad en los reconocimientos suele ser un criterio definitivo de los jueces a la hora de convencerse de que la víctima está acertando con el autor. La psicología del testimonio no está tan segura de ello: hay elementos que refuerzan la seguridad, y que no necesariamente ayudan a mejorar la certeza.

M, la chica de Olesa, fue junto con una de las víctimas de Tarragona, la que desde el principio mostró mayor seguridad. La sentencia destacó que era «buena fisonomista«. El Tribunal Supremo revisó luego su caso, al demostrarse científicamente que la víctima se había equivocado: Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi no la habían violado. El semen hallado en su ropa correspondía a Antonio García Carbonell y un pariente suyo.

Éstas habían sido, sin embargo, sus palabras el día de la vista oral:

Al primer defensor:

Cuando los reconocí en el juzgado, antes había reconocido en fotografía a “esa persona”; yo estaba convencida de que esa persona de la fotografía era una de las que me había violado. La otra la reconocí en rueda, no en fotografía. Uno era el jefe, y hablaba español “que se entendía”, era ése (señala a Tommouth). No sé quién era el que conducía. Mi compañero, a partir del golpe estaba mal. Se lo dieron al decirles nosotros “que se identificaran”. “Si veo a una persona la puedo reconocer, y más en una cosa así.”. “Cuando le hacen algo así te acuerdas toda la vida”.  

Al segundo:

Había una farola “más lejos” y la linterna que llevaban. No había más luz artificial. Había luna. En el interior había solo la linterna: una sola linterna. Me enfocaban a la cara. El de gafas (Abderrazak) era el que obedecía y no hablaba español; no sé el idioma que hablaban” “sería moro”; no era inglés, ni francés, ni alemán. Me mordieron, concretamente el primero. Les “vi bien la cara”. En la fotografía reconocí al primero, pero “lo vi más claro cuando lo vi en persona”. (Se le lee el folio 215, párrafo 2º) ratifica su declaración. En la rueda, inmediatamente, las reconocí, a esas dos personas “seguro” las demás personas que formaban la rueda [borde folio: ¿no? ]las vi. La foto la había visto “hacía mucho tiempo.” “Vi claro que eran esas 2 personas”. “No he tenido nunca ninguna duda”, respecto a que los procesados son autores de los hechos.

 

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Tres en uno

Enfrascado como estoy en la redacción de un primer adelanto que tengo que entregar el 31 diciembre, los diferentes ritmos y objetivos que me imponen el libro y el blog es un desgarro bipolar comparable sólo al de ese matrimonio de serbios que buscando, cada uno por su lado, amantes por internet, acabaron encontrándose y se volvieron a enamorar ¡entre ellos mismos! En breve: se divorciaron.

Pero a mí me pasa al vesre. El día que coincide que puedo aprovechar aquí, casi sin distinguir horarios, ni folios, ni lecturas, ni trabajo, lo que he ido escribiendo con otro enfoque, otro estilo y otra distancia, quiero decir, que cuando por la noche caigo por internet buscando esta confianza reciente, espontánea y breve, y acabo aprovechando la misma implacable, exigente y arcaica actividad que no me va a dejar respirar hasta nochevieja, cuando eso ocurre, respiro algo bizco, pero encantado.

Tres son los asaltos que tuvieron lugar la madrugada del 3 de noviembre de 1991: entre las doce y cuarto de la noche, a las afueras de Vilafranca del Penedès, y las tres, en Terrassa, también a las afueras. Los hechos de Vilafranca no los había traído aquí hasta hoy. No los tenía escritos.

En ello estoy. Los resumo: un asalto con coacciones, del que la pareja (A y J.) pudo huir finalmente; un robo con violencia en el que  en el que la chica (Jo.) huyó , y el chico (Pe.) fue maniatado, trasladado y retenido durante durante una media hora; y un robo con rehenes contra la pareja (Y. y M.) de Terrassa. Los hechos habían sido obra de dos autores. Según todas las hipótesis policiales, basadas en las descripciones que daban las víctimas, el vehículo usado, así como el modus operandi, que era idéntico, se trataba siempre de los  dos mismos autores. Las tres causas, sin embargo, fueron juzgadas por separado.

Las contradicciones de las víctimas a la hora de señalar a Abderrazak Mounib, sin embargo, y las consecuencias que se derivaron, hacen imprescindible la transparencia del link, de este método, porque de otra forma lo ocurrido no se lo creería ni Perry (Mason). Veamos.

Jo, la chica del segundo asalto de Vilafranca, ocurrido 15 minutos después del primero, aseguró el 12 de noviembre en reconocimiento fotográfico que Mounib SÍ era uno de los asaltantes, correspondiéndose con el núm 147 del álbum. No olviden cómo se montaron esos álbumes.

Aderrazak Mounib fue condenado.

Un mes más tarde, A., la chica del primer asalto, en la rueda de reconocimiento del 12 de diciembre, no señaló a Mounib, sino a Kechoui S. «Sin ningún género de dudas», según el acta:

Kechoui S., sin embargo, era un marroquí al que la policía había colocado allí como cebo, para completar la rueda, y que no era sospechoso de nada. Así que, los cambiaron de sitio, y repitieron la rueda. A. afirmó, de nuevo y otra vez «sin ningún género de duda», que era él, Kechoui.

En esta causa, el novio de A. había, sin embargo, señalado a Mounib. Ese mismo día, A. decidió no personarse como parte en el proceso. Su novio J, sí. La reparación del coche le había costado 440.918 pesetas.

Abderrazak Mounib fue condenado.

Repito. La primera había dicho que era él. La segunda, que era otro. La pareja de Terrassa, Y. y M., víctimas del tercer asalto de esa noche, no sólo no señalaron a Mounib durante las ruedas, sino que cuando vieron su foto publicada el 16 de noviembre en la prensa, como uno de los supuestos autores de la ola de violaciones, acudieron a la comisaría de Terrassa e hicieron constar, expresamente, que el hombre de la foto de El Periódico, Abderrazak Mounib, «no tuvo ninguna participación en los hechos»:

«Por si ello tuviera alguna relevancia», añadieron.

Estaban seguros y fue una acción loable. Pero no, no tuvo ninguna relevancia nueva, más allá de que Abderrazak Mounib no fuera procesado en la causa de Terrassa. En esta, como en todas las causas, sólo contaba lo que las víctimas, o al menos alguna de entre ellas, ya fuera la chica o el novio, pero siempre que señalaran a alguno de los dos marroquíes que más juego estaban dando, a la hora de decidir el procesamiento, que era casi como decir la condena,  dijeran.

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Fe de errores: «Ruleta de reconocimiento»

En la entrada «Ruleta de reconocimiento«, del miércoles, 21 de noviembre de 2007, atribuía erróneamente al novio, el acta de reconocimiento en rueda de la chica. Así lo tenía transcrito en una copia manuscrita que hice en su día de todas las actas, copia a la que acudí, pues no tenía entonces el expediente a mano, razón por la cual no estaba enlazada el acta.

La frase  “Que reconoce al 3º por la izquierda con toda rotundidad y además fue el que le apuntó» es de Y., no de su novio M.

La frase entera es esta:

«Que reconoce al 3º por la izquierda con toda rotundidad y además fue el que le apuntó con la pistola y el 7º cree según le ve que pueda ser el acompañante [ilegible] que no puede asegurarlo, que en esta postura de perfil le sirve para asegurarlo con más seguridad por que [sic] fue así como les vió».

Y éste es el fragmento del acta donde consta:

fragmento acta terrassa Y

Tanto ésta, como ésta, pues, son actas firmadas por Y. Así que este párrafo: «Por alguna razón que se me escapa todavía, las chicas de Cornellà repitieron rueda esa mañana, mientras que Y. y M.V. volvieron diez días más tarde para lo mismo», de esa misma entrada, ha perdido todo sentido. De hecho, la razón se me escapaba porque no hubo razón: las tres chicas repitieron rueda.

Manuel Borraz me corrigió el patinazo, como siempre, cortés y riguroso.

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