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La continuación del periodismo, pero por otros medios.

La comisión de deontología del Colegio de Abogados de Barcelona se pronunciará

En el Colegio de Abogados de Barcelona me aseguran que el director de la Comisión de Deontología, Juan Oset, se va a estudiar el tema y me contestará esta misma tarde o mañana por la mañana. No tenían constancia de este asunto, me asegura el portavoz del Colegio, antes de que entienda a qué se refiere: quiere decir que el asunto no está denunciado ante ningún juzgado y por tanto ellos no han recibido comunicación formal que les permita abrir un expediente contra sus dos colegiados. El asunto es que los abogados Jorge Claret y Pedro J. Pardo estafaron a su cliente, Ahmed Tommouhi.

Bien, pero es que el cliente ni sabe leer ni escribir y durante años nadie le explicó lo que la minuta refleja: que Claret y Pardo le facturaron procedimientos que habían llevado de oficio otros abogados, como el asunto de Cornellá (que llevó de oficio Pere Ramells, también colegiado del ICAB), o el de Terrassa (que llevó también de oficio Desiderio Fernández); que le facturaron también un recurso presentado por el fiscal (el colmo de la perversión, porque no sólo le cobraron por el trabajo que hizo otro, es que le cobraron por el trabajo del fiscal cuando lo que éste pretendía con su recurso es que le aumentaran la pena); y que le facturaron, por último, el trabajo que hizo ante el Supremo en Madrid y ante el Tribunal de Derechos Humanos en Estrasburgo, Manuel Ollé, al que por cierto llamaré mañana para ver qué tiene que decir también de todo este asunto. «No cobré ni un duro, cero patatero», me dijo cuando lo entrevisté en su despacho de la calle Goya, en Madrid, en enero de 2009.

Cuando todo esto ocurre, y los periodistas (cosa que no he hecho sólo yo; pero esto se sabrá el jueves) lo ponen en conocimiento del Colegio y le facilitan además la minuta, la prueba de la estafa: ¿tiene algo que decir el Colegio de Abogados de Barcelona o no? ¿Tiene algo que hacer? ¿Estafar sale gratis si el cliente no sabe cómo ni dónde denunciarlo?

Seguiremos informando.

P.D. Por cierto, el tema que publico mañana en el periódico también rescata la fabulosa sentencia de Margarita Robles, Gerard Thomàs y Felipe Soler Ferrer.

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Náufrago de un huracán de rumores

Zeitoun, el nuevo libro de Dave Eggers, analiza los dos traumas de la era Bush, el Katrina y el 11-S, a través de la historia de un sirio encarcelado en Nueva Orleáns

(Abdulrahman Zeitoun, junto a sus hijas, en una playa de Málaga, en 2004.)

«Ahí fuera tenemos gente que lleva cinco días viendo cadáveres, viendo cómo unos vándalos matan gente, violan gente». Tras el paso del Katrina a finales de agosto de 2005, estas palabras del alcalde de Nueva Orleáns pidiendo ayuda en el programa de Oprah Winfrey, uno de los más populares e influyentes de Estados Unidos, se rebotaron en los principales noticiarios del país. La gobernadora del estado de Luisiana había advertido ya de la llegada del ejército: «Estos soldados saben disparar y matar, y están dispuestos a hacerlo si es necesario, y espero que así lo hagan», dijo. Pero la ola de saqueos, asesinatos y violaciones que, según las autoridades y los periodistas, habría devuelto Nueva Orleáns a un «estado casi animal», en expresión del alcalde Ray Nagin, tras la ruptura de los diques del puerto, nunca existió.

Abdulrahman Zeitoun no se movió de la ciudad durante aquellos días y todavía hoy recuerda la distancia entre lo que su mujer Kathy, ella sí evacuada, le contaba que veía por televisión y lo que él veía con sus propios ojos: «En realidad, yo no veía lo que mi mujer me iba diciendo que estaba ocurriendo», cuenta Zeitoun por correo electrónico a Público. Sin embargo, algo sí había de cierto en las palabras de la gobernadora Kathleen Blanco: la presencia militar iba a ser abrumadora.

Espejismo de agua sucia

Zeitoun (Mondadori), el nuevo libro de Dave Eggers (Boston, 1970), uno de los escritores norteamericanos más importantes de su generación, además de una precisa panorámica sobre los daños y las víctimas causados por la tormenta (más de 1.100 muertos en todo el estado de Louisiana), refleja también las consecuencias bien reales de aquel espejismo de agua sucia desencadenado en los despachos. Su protagonista vivió, en el ojo del huracán, ambos desastres.

Abdulrahman Zeitoun, ciudadano sirio, residente americano y dueño de una pequeña empresa de reformas, se dedicó a recorrer las calles inundadas en una vieja canoa que tenía y a rescatar a personas atrapadas por el agua durante los primeros días. Entre ellas, una anciana flotando como un nenúfar por el salón inundado de su casa. También alimentaba a algunos perros abandonados. «Cada día olía peor, a una mezcla espantosa de pescado, barro y productos químicos», escribe Eggers en el libro.

Zeitoun llamaba diariamente a su mujer, acogida con sus cuatro hijos en casa de unos amigos en Phoenix. «Bueno, yo confiaba en lo que él me decía, pero sólo respecto de nuestra zona», explica su esposa, Kathy Zeitoun. «Esos días, yo no sabía si los hechos se estaban exagerando o no. No sabía lo que pasaba», añade él.

Las autoridades acabaron desmintiéndolo. «No tenemos ningún informe oficial que documente ningún asesinato, violación o asalto sexual», declaró el mismo alcalde Nagin a The New York Times días después. Pero el clima de pánico y las reacciones que esa ola de rumores había desatado no se desmienten tan fácilmente.

Además de a Kathy, Zeitoun llamaba a menudo a su hermano Ahmad, un antiguo capitán de barco que vive en España desde hace casi 30 años. El 6 de septiembre, Zeitoun le pidió colgar. «Me dijo: Oye, espera un momento’, como si fuera a ir al baño o algo, no recuerdo. Me quedé esperando. Luego, empecé a llamarlo y no contestaba», cuenta Ahmad por teléfono desde Málaga.

Las tres semanas siguientes, Zeitoun enmudeció como si las aguas se lo hubieran tragado. «Lo habían arrestado a punta de pistola en una casa de su propiedad, lo habían trasladado a una base militar improvisada dentro de una estación de autobuses, lo habían acusado de terrorismo y lo habían encerrado en una jaula exterior», se lee. En efecto, Zeitoun estuvo en prisión incomunicada y sin fianza durante 23 días.

No lo acusaban de terrorismo, sino de «saqueo». Pero eso no lo supo hasta que tuvo abogado. Por lo demás, los insultos de «talibán» y «terrorista» que algunos de los soldados le dirigían y la propia incomunicación le convencieron de que todo se debía a su origen sirio. «No saber dónde estaba, no saber que estaba detenido», recuerda Kathy Zeitoun, fue lo que más les dolió.

Mientras, las imágenes de los enviados especiales seguían dando la vuelta al globo. «El cámara hizo un barrido por toda la prisión, Zeitoun incluido. La cámara llevaba una luz brillante y verse retratado así, bajo el destello de un foco y mostrado al mundo como un criminal enjaulado, enfureció a Zeitoun. Era mentira».

A partir de ahí, Eggers, autor también de Qué es el qué, ha escrito una obra de no ficción que dispara contra los dos grandes traumas de la era Bush: el 11-S y el Katrina. «Si la gobernadora Blanco estaba en lo cierto, si se trataba de veteranos recién llegados de Afganistán e Irak, no pintaba muy bien para su marido», pensaba Kathy Zeitoun por entonces. Pero Zeitoun no es sólo un ejemplo del racismo que genera la guerra contra el terror. El mismo Eggers lo señala: los policías no tenían nada contra sus orígenes. Eso sí, «estaban tensos». Llegaron a Nueva Orleáns habiendo «oído hablar de tiroteos, violaciones y bandas armadas», recoge el libro.

Ley marcial

Zeitoun fue detenido junto a dos norteamericanos que tardaron varios meses más en salir de Camp Greyhound, la cárcel improvisada en la estación de autobuses. Entre los otros detenidos con los que se cruzó, hay una anciana de 73 años, un enfermo mental, un empleado de una empresa de limpieza y un bombero llegado para trabajar en la reconstrucción de la ciudad.

Si algo tenían en común, es que fueron víctimas de un estado de excepción encubierto, no declarado pero practicado en medio del desconcierto general y que Eggers describe sutilmente. Los medios de comunicación ayudaron en la cobertura, al titular que el alcalde Nagin había decretado la «ley marcial» (lo que supone suspender las garantías constitucionales), a pesar de que no tenía potestad para ello. (¡Un portavoz de la Casa Blanca lo confirmó, erróneamente!). Todavía hoy, los Zeitoun siguen creyendo que fue esa ley la que se aplicó. «Lo primero que espero es que cambien la ley marcial», responde Kathy cuando se le pregunta qué puede ayudar a cambiar que se conozca su historia. Aunque formalmente equivocada, no le falta razón práctica: 1.200 detenidos pasaron por Camp Greyhound.

Al principio, los Zeitoun, que aún esperan que la Justicia reconozca los abusos de la Administración, recibieron con nerviosismo la propuesta de Eggers para contar su historia. «Cuanto más hablamos, mejor nos sentimos. Para que se sepa lo que realmente pasó», escribe ahora Kathy Zeitoun desde Nueva Orleáns.

(La fotografía está incluida en la edición española del libro, editada por Mondadori. El hermano de Abdulrahman Zeitoun, Ahmad, y su familia viven en Málaga desde hace más de veinte años)

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Fuente: Público

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El arte de trabajar sin contrato

Fragmento de la vídeo-performance, 'Dependencia Mutua', de Eulàlia ValldoseraLa inmigrante sin papeles que limpiaba en casa de la galerista italiana de Eulàlia Valldosera (Vilafranca del Penedès, Barcelona, 1963) no había pisado un museo hasta que la artista catalana le pidió que protagonizara la performance de su última exposición. En el vídeo, la ucraniana Liuba limpia la escultura de un emperador romano en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Los gestos son mecánicos, pero los juegos de luces y los planos de la realizadora buscan despertar la líbido del espectador. Porque Dependencias mutuas reflexiona sobre las relaciones de poder  entre las personas, pero también de estas con sus objetos.

«Nápoles es una sociedad muy clasista y hay toda una serie de formas que me recuerdan a las españolas», explicó Valldosera a Público el miércoles. De ahí que la exposición, producida para una galería napolitana, llegue ahora a España. «Yo también he tenido trabajadoras sin papeles que venían a trabajar a casa», aclaró. La exposición se inauguró el jueves  en La Fábrica Galería de Madrid.

Feminismo ambiguo

«A mí, nadie me ha contratado nunca», dice en un momento la voz de Liuba, en italiano, en una de las piezas de la exposición. Eulalia Valldosera dice que se identifica con esa frase en un sentido literal. «¿Tú sabes lo difícil que es que se nos contrate a los artistas?», pregunta. Pero aunque esa pretendida literalidad tape la diferencia radical que supone la amenaza de la deportación, Valldosera no rehúye la ambigüedad de su propio rol. La artista, al aparecer fugazmente en el plano, no se sabe si se apropia de las palabras de Liuba o le da órdenes: «Es la limpiadora y, al mismo tiempo, su señora», explica en el texto de la exposición.

La ambigüedad es también deliberada respecto del discurso feminista de la emancipación por el trabajo. «La mujer emancipada necesita de la empleada doméstica para llevar a cabo su emancipación», dice. Para Valldosera, «esa es la ambigüedad sobre la que el artista debe trabajar». La muestra, inaugurada ayer, estará abierta hasta el próximo 4 de diciembre.

El artista interior

El vídeo performance de seis minutos sirve de eje de la muestra. También se puede ver una serie de fotografías de la grabación y un vídeo documental en el que Liuba habla de sí misma. «Era como si para ella tuviera la misma importancia su boda que la performance», recuerda Valldosera. En las fotografías, de gran formato, no aparece el rostro del emperador Claudio. «Quizá eso exacerba el erotismo inherente, por la cercanía entre cuerpos. Ese deshacer identidades creo que es lo más bonito».

La dependencia de la que se ocupa la artista catalana, y en esto sigue con el trabajo exhibido el año pasado en el Centro Nacional de Arte Reina Sofía, afecta también a nuestra relación con los objetos. Esa relación que el museo transforma, porque al exponerlo «intensifica» su significado. «Pero es una operación que hacemos continuamente en casa estableciendo relaciones con objetos concretos que transforman su significado. Eso refleja al artista que todos llevamos dentro», dijo. El desprendimiento al que la emigración les obliga, según Valldosera, les permite a los emigrados también establecer «una relación más bella, más libre con los objetos».

Un trapo proyectado sobre un espejo circular, y cuyo reflejo da vueltas por la galería donde se exhibe, hace de hilo de todas las piezas, al tiempo que parece limpiar las paredes. «La galería es también un objeto de poder», señala Valldosera en el texto.

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Foto: Eulàlia Valldosera, 2009.

Fuente: Público

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El peso de Norman Foster aplasta su documental

El documental sobre la vida y la obra de Norman Foster que se proyectó ayer en San Sebastián y que se estrena en las salas el próximo 8 de Octubre, How much does your building weigh, Mr. Foster?, produce un desagradable efecto escaparate. Difícilmente enganchará a los espectadores que no estén de antemano interesados en la figura del arquitecto británico. El arranque, con Mr. Foster practicando el esquí de fondo es el ejemplo perfecto de cómo arruinar cualquier poética: ¡pretenden construir la metáfora de la superación del corredor de fondo con un corredor de fondo en plena superación! Una incapacidad para tomar distancia que se refleja también en la narración en off (que parece escrita por el propio Foster, pero en tercera persona) y en el poco peso que tienen las otras voces (incluso de otros grandes nombres) que aparecen. Todo lo cual no impide, sin embargo, que se transparente la deslumbrante trayectoria de Foster y el profundo interés de su arquitectura como búsqueda de una belleza sostenible.

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Banksy, un gamberro de película

El simulacro del gamberrismo tuvo sesión doble ayer en San Sebastián: la proyección de Exit through the gift shop, la película de Banksy, el artista urbano más famoso y anónimo del mundo, y dos vallas blancas listas para ser pintadas por un grupo de grafiteros reunidos durante la semana. La verdad es que un grafiti en San Sebastián, sobre todo en el centro, es algo verdaderamente rompedor, mucho más desde luego que la obra que Banksy consiguió colar en la Tate Gallery. No porque esté prohibido, como en mucho otros sitios, sino porque aquí se cumple: hasta ayer no se veía una sola pintada en todas las fachadas de la ciudad vieja. Las vallas eran una concesión municipal solicitada por la productora, Avalon. La película, que Banksy presenta como el documental que un tipo quiso hacer sobre él y que él acabó haciendo sobre el tipo, llamado Thierry Guetta o Mr. Brainwash (literalmente, lavacerebro), es una entretenida e irónica caricatura de su propia trayectoria, rodada como un falso documental. El simulacro se repetirá con el estreno en salas el próximo 8 de Octubre.

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Una preciosidad llamada Ava Gardner

“El cine ha venido pareciéndose cada vez más a la vida”, dijo ayer Ariadna Gil tras el estreno del filme sobre la vida que Ava Gadner se bebió entre Pandora (1951)  y Harem (1986), la primera y la última de sus películas filmadas en España. No lo dijo pensando en el exquisito montaje documental al que ella, Ariadna Gil, sólo ha puesto voz en off, pero resume bien los 80 hermosos, complejos y emocionantes minutos que se vivieron mientras duró la proyección en el Kursaal de San Sebastián. Se parecen mucho, sí, salvo que La noche que no acaba, al contrario que la vida, no es en absoluto caótica.

Toda película cuenta al menos dos relatos: el argumento de la obra y la historia de los cuerpos filmados, sostiene el realizador Isaki Lacuesta en esta su nueva película. Si tuviéramos que desmontarla, diríamos que cuenta por lo menos tres, porque el argumento es doble. El argumento es una biografía absolutamente original de Ava Gardner, montada sólo con planos y escenas de archivo, recortada sobre el fondo de un país de palmeros y muertos de hambre (lo que no siempre iba junto) que por suerte logró sobrevivir al franquismo. El cuerpo filmado esta vez es el cine mismo y de ahí que veamos evolucionar sus formatos o la textura de sus imágenes, para parecerse cada vez más a la vida.

Habría que matizar que la biografía está inspirada en el libro de Marcos Ordoñez, Beberse la vida: Ava Gardner en España, lo que no le resta originalidad. Y que no sólo aparece el franquismo: el recorrido, que comienza en un país al que todavía no ha llegado Mr. Marshall, termina en otro que está a punto de ingresar en la OTAN, lo que no dejan de ser dos maneras bien distintas de cantar lo mismo: “Americanos, os recibimos con alegría…”.

En fin, como el propio Ordoñez resumió en el coloquio posterior a la proyección,  “una preciosidad absoluta”.

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El cine documental sigue en construcción, disfruten las molestias

La gorra de José Luis Guerín pasea hace años por los festivales de cine de todo el mundo. Aparece en su nueva película, un diario de viaje en el que retrata a la gente que él mismo, minúscula cámara digital en mano, encontró por las plazas y los barrios populares de las ciudades americanas y asiáticas que visitó, de festival en festival, durante un año entero. Guest se ha visto ya, este mes, en Venecia y Toronto, pero sólo aquí su proyección, dentro de la sección especial, rubricó ayer un trayecto mucho más largo. Un viaje de casi sesenta años.

El Festival de San Sebastián dudó mucho si incluir el documental más famoso de Guerín entre los seleccionados a concurso hace nueve años. Ahora dedica la primera retrospectiva de sus 58 ediciones al cine de no ficción para ver qué ha pasado desde que En construcción triunfara en 2001. «Era importante que el festival se hiciera eco de algo clave que está ocurriendo en el panorama cinematográfico», reconoce Roberto Cueto, miembro del comité de selección del festival.

«Que el único festival de categoría A que tenemos en este país abra este año esta ventana a lo que ha pasado en el documental durante la última década es muy importante», según Josetxo Cerdán, director artístico de Punto de Vista, la muestra especializada en cine de no ficción que se celebra en Pamplona cada año. El viernes se inauguró el ciclo con más de 2.500 entradas vendidas.

El espejismo inicial de Tarnation, la película que abrió la retrospectiva y que Jonathan Caouette montó con imágenes del archivo familiar y un software doméstico, y acabó irrumpiendo en la Quincena de Realizadores de Cannes en 2004 como un bombazo cinematográfico, se ha hecho realidad, según explica Gonzalo de Pedro en un artículo del catálogo El documentalismo en el siglo XXI, editado por Antonio Weinrichter. «Ahora cualquier pelanas como yo puede captar una historia y distribuirla», afirma el realizador Isaki Lacuesta, que el año pasado ganó aquí en Donosti el premio de la crítica internacional con su primer largo de ficción, Los condenados. «El digitalismo ha roto la separación entre el profesionalismo y el amateurismo», según Weinrichter, coordinador del ciclo y profesor de Historia del Cine en la Universidad Carlos III de Madrid.

«Se está produciendo una revolución de las formas de contar que tiene que ver con la versatilidad de los nuevos medios», según Cerdán. «Y eso es relevante, por ejemplo, para pensar en por qué tantas películas están recuperando materiales familiares, que antes no se creía que tuvieran ningún valor», añade. Para Guerín la no ficción es un «terreno por explorar»Para Lacuesta, «gracias a que los medios son más manejables también es más fácil filmar momentos de intimidad», dice refiriéndose a la no ficción, aunque para él lo más importante «es la posibilidad de trabajar cada día».

«No es casualidad que uno de los géneros que más se ha potenciado haya sido el diario, precisamente», añade el autor de Cravan Vs Cravan, algo que si bien ya «hacían cineastas como Perlov, ahora se ha generalizado». «La proliferación de las nuevas tecnologías abre paso a esos géneros y formatos más introspectivos, que apenas necesitan presupuestos», añade José Luis Guerín, para quien la no ficción, «gracias a que no es un género y por tanto no tiene reglas, es todavía un terreno por explorar».

Guest, que llegará a las salas el próximo 5 de noviembre, «es una película que sólo se podría haber hecho con esta tecnología», añade su director. Guerín y Weinrichter coinciden en que el sueño de un cine que, gracias a su economía de medios, fuera tan libre como la escritura, sólo se ha realizado literalmente ahora que la cámara, 60 años después de que lo adelantara el teórico francés Alexander Astruc, es casi tan manejable como un bolígrafo.

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«Sí, hay cosas que sé que he olvidado»

Pasqual Maragall asiste a la presentación en San Sebastián del documental sobre su vida después del alzhéimer
(Foto: Humberto Bilbao)

Durante un viaje a Nueva York, que Pasqual Maragall y su familia realizaron para promocionar su fundación de lucha contra el alzéhimer, el director del documental que lo ha seguido durante dos años desde que el ex presidente de la Generalitat catalana anunció públicamente que padecía la enfermedad, le planteó una pregunta algo enrevesada: ¿recuerdas algunas de las cosas que has olvidado? Carles Bosch, inmediatamente después, intenta aclararla: «No sé si me entiendes…». Maragall lo interrumpe, fugaz: «Sí, ya te he entendido. Y sí, hay algunas cosas que sé que he olvidado».

Recuerda lo que sus familiares le cuentan que ha olvidado y, a través de ese espejismo sutil, de consecuencias brutales, se entrevé lo más importante de este Bicicleta, cuchara, manzana, el documental sobre la lucha de Pasquall Maragall y su familia contra el alzéhimer que le fue diagnosticado en 2007, y que ayer se presentó en el Festival de San Sebastián. «Pasqual Maragall morirá cuando sus recuerdos se vayan. Su cuerpo estará ahí, pero él no», dice a la cámara Zaven Khachaturian, uno de los neurobiólogos norteamericanos (de apellido armenio) que lideran la investigación sobre el alzhéimer, centrando la tragedia de esta enfermedad. «Es jodido morir y vivir «con» alzhéimer y no «de» alzhéimer», resume el protagonista en el documental, que se estrena el próximo 1 de octubre.

El archivo

Pasqual Maragall, el alcalde de la Barcelona olímpica estuvo ayer en Donosti, junto a su familia y el equipo del documental y de la fundación. «Si no está aquí en la rueda de prensa es porque ha preferido ir a pasear con su nieta, la Maia, y a ver a su amigo [José Ramón] Rekalde», contó Diana Garrigosa, su mujer, en la sala de prensa del Kursaal. Junto a ella, que también es la vicepresidenta de la fundación, estaba el director: «Esta película es una herramienta para la familia, pero también para todo el mundo que quiera ponerse las pilas con esta enfermedad, a nivel mundial», explicó Bosch. Originalmente, la idea era hacer algo así como Una verdad incómoda, la película de Al Gore sobre el cambio climático.

El director Carles Bosch, cuyo primer largo documental,Balseros, fue nominado a los Oscar en 2004, recibió a Públicotras acabar la rueda de prensa: «Yo lo veo en el día a día y me imagino que para la gente que está a su lado es un ejercicio difícil ir deduciendo cada vez qué es lo que le queda y qué es lo que no le queda de todo lo que ha sucedido entre ellos», dijo. «No es que el recuerdo no exista, lo difícil es ir a buscarlo al archivo», añadió. «No hay conciencia de lo que se nos viene encima», explicó Bosch sobre la extensión de la enfermedad que se avecina con el envejecimiento de la población mundial. «Muchos de los sistemas de salud del mundo se colapsarán», explica uno de los expertos durante el filme.

Bicicleta, cuchara, manzana es, en efecto, una herramienta más de la lucha pública que emprendió la familia de Pasqual Maragall contra una enfermedad que afecta a 24 millones de personas, de ahí que la cámara viaje a países como India, Estados Unidos y Holanda. Muestra al paciente durante los primeros años del diagnóstico, aquellos en los que puede hacer una vida más o menos normal, dado el lento avance de la enfermedad. Un largo y emocionante documental, con un lenguaje que recuerda a los buenos reportajes televisivos, y que el público aplaudió de pie al terminar la proyección.

Fuente: Público

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Álex de la Iglesia ironiza sobre su candidatura a los Oscar

La última película del director y presidente de la Academia de Cine, Álex de la Iglesia, Balada triste de trompeta, no ha sido preseleccionada por los académicos para representar a España en los Oscar de 2010, después de haber triunfado en Venecia. ¿De qué va todo ese rollo,?, le preguntaron a De la Iglesia después de recoger ayer en San Sebastián el Premio Nacional de Cinematografía 2010. “Pues mira ese rollo va de que la Academia es democrática. Y aunque yo caigo muy bien, soy el presidente, estoy aquí con la ministra y me dan premios, pues no me han elegido para los Oscar” explicó. «Cosa que me molesta mucho, evidentemente, pero tengo que aceptarlo con alegría, porque los que deciden son los miembros de la Academia y hay que llevarlo bien», añadió.

Sin embargo, gracias al reglamento de la Academia de Cine española, la película de De la Iglesia, por la que recibió el premio al mejor guión y al mejor director en la reciente Mostra,  optará de nuevo el año que viene. Aunque a esto prefirió no responder: “Qué me dices?”, declaró a Público, sonriendo. Y luego ironizó: “Tienes una capacidad de lectura del manual de instrucciones de la Academia que yo no tengo. ¿Eso es posible?”

Sí, lo es. Ése ha sido el caso de Celda 211, que la semana pasada, después de triunfar en los Goya en enero, fue preseleccionada para los Oscar de 2011, aunque había sido descartada en la deliberación del año pasado. “Ah, pues mira, ya lo pensaré. Muchas gracias, eh”, dijo De la iglesia, como última respuesta.

El reglamento permite esa doble oportunidad. Si una película, que se exhibe para los académicos, no está entre las tres preseleccionadas, como le ha pasado a  Balada triste de trompeta este año, los productores tampoco la estrenarán antes del 1 de octubre, que es lo que exige Hollywood para que puedan ser candidatas a los Oscar del año siguiente. Porque el estreno posterior a esa fecha, como el de ‘Celda 211’ en noviembre de 2009, permite optar de nuevo a la selección al año siguiente.

Sin embargo, si la película está entre las preseleccionadas, como la última de Icíar Bollaín Y también la lluvia, los productores suelen hacer un estreno “técnico”, en una pequeña sala antes del 1 de octubre. Eso es lo que permitirá a la película de Bollaín, si la Academia española la selecciona finalmente el próximo día 28, optar a la estatuilla dorada.

Verdad entre risas

“Soy un poco payaso. Tengo capacidad para disfrazarme, para sonreír y para intentar alegrar a la gente un poquito diciendo la verdad, porque los payasos siempre dicen la verdad”, dijo el director, acordándose de los dos clowns que protagonizan su ‘Balada triste de trompeta’ durante su breve discurso de agradecimiento por el premio, dotado con 30.000 euros.

Previamente, la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, había ensalzado su labor como cineasta y su habilidad para encontrar soluciones a la tensión entre el arte y la industria. “Haces cine de autor para las masas”, destacó Sinde.

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Norman Foster exalta el genio de Bucky Fuller

(El arquitecto británico posando el jueves pasado junto a su Dymaxion Car Nº 4, en IvoryBooks+Art, Madrid. Foto: Sebastián Marjanov)

«Bucky Fuller es más relevante ahora de lo que lo fue en su día, porque hoy afrontamos muchas de las crisis que él anticipó, en términos de supervivencia». El arquitecto Norman Foster inauguró así ayer en Madrid oficialmente la exposición que él mismo ha comisariado sobre Buckminster Fuller (1895-1983), el gran arquitecto y diseñador (además de poeta y marinero) norteamericano. Aún así, Foster, como el propio Fuller, con el que trabajó durante 12 años, quiso destacar su actitud utópica: «Bucky era optimista: creía que podíamos usar nuestra inteligencia para tomar el control frente a retos como la dependencia del petróleo. Afortunadamente demostró que no tenemos que ser víctimas de ello», dijo.

La exposición recorre la trayectoria del visionario de Massachusetts, desde los bocetos de 1927, año de reclusión y silencioso estudio desde el que despegaría su solitario vuelo, hasta la maqueta de la casa solar de la que Foster proyectaba construir dos unidades idénticas: una en Inglaterra para su familia y otra en EEUU., para la de Fuller. En medio: planos, maquetas, fotografías, acuarelas, bocetos y un documental. En ella pueden rastrearse sus más sonados éxitos, sobre todo la célebre cúpula geodésica y sus multitudinarias conferencias de los contraculturales años sesenta y setenta. Pero también sus gloriosos fracasos: el propio Dymaxion Car, un coche aerodinámico, de alta velocidad y bajo consumo, con forma de gota de agua y capacidad para doce personas, y que, como la Casa Wichita, nunca se comercializó .

«Su filosofía era hacer más con menos», y eso está hoy de urgente actualidad, dijo Foster, en la medida que «la crisis climática y la crisis de la vivienda nos obligan a maximizar el aprovechamiento de los recursos» u obtener el máximo rendimiento con el mínimo consumo. Foster no dudó en reconocer cuánto le debe a Fuller, con el que mantuvo una larga amistad desde que lo eligiera como colaborador para un proyecto europeo, sólo interrumpida por la muerte de su colega en 1983: «Me influyó profundamente», dijo. «En el sentido de que creo en la sostenibilidad. Yo intento, siempre que se puede, usar los proyectos como una manera de demostrar las posibilidades de la sostenibilidad», señaló el arquitecto británico, que actualmente está levantando una mini ciudad en el desierto de Abu Dabi, sin residuos ni emisiones de carbono. El tráfico dentro de las murallas de Masdar, inspirada en los asentamientos tradicionales árabes, circulará teledirigido por una sistema electrónico municipal .

Una nave espacial

Fuller mismo proyectó los primeros edificios autónomos y quiso promover la construcción de viviendas de bajo coste para reanimar la deprimida economía americana de los años treinta. «Fuller siempre trabajaba sobre una idea, muy importante para entender sus diseños: él quería construir casas como se construyen los barcos y los aviones. O sea, con materiales muy ligeros, aunque resistentes», había explicado a Público, Luis Fernández-Galiano, el otro comisario de la exposición en la sede de la revista que dirige, Arquitectura Viva, el miércoles.

Fernández-Galiano acompañó ayer a Foster durante la presentación oficial de la muestra. Elena Ochoa, esposa de Foster y directora de IvoryArt+Books, sede que alberga Bucky Fuller and Space-ship Earth desde el pasado día 1 y hasta el próximo 30 de octubre está abierta en Madrid. La nave espacial del título alude a su idea de que el planeta era «una casa que habitamos todos», según explicó Fernández-Galiano.

El objeto que más salta a la vista es la reconstrucción histórica, exacta, que Foster ha hecho a partir del último de los tres modelos que Fuller diseñó y construyó: el Dymaxion Car Nº 4. El verde y aerodinámico modelo de Foster descansa, brillante como un delfín, en la gran sala de la exposición, que ocupa un antiguo garaje. Dymaxion, que se aplica a varios de sus inventos, es un término creado por el departamento de relaciones públicas de unos grandes almacenes, y junta las tres palabras más frecuentes en sus caudalosas teorizaciones: dynamics, maximum y tension.

Fuller, ante todo, fue un genio inclasificable. Foster: «Su familia estudiaba en Harvard desde 1770. Él fue el único al que expulsaron. Y no una vez, sino dos. La segunda vez, porque se gastó todo su presupuesto anual viendo musicales de Broadway durante toda una noche. Pero muchos años después, ganó el galardón más prestigioso de Harvard: la cátedra Norton de Poesía. Él era muchas cosas a la vez», dijo. «También era marinero», añadió riéndose y mirando al catamarán que cuelga del techo.

Fuente: Público.

Un perfil  de Fuller: El héroe bizco de una generación.

(El retrato de Buckminster Fuller que ilustra esta entrada es de 1980. El autor, Yousuf Karsh –  © The Estate of Yousuf Karsh)

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