–Hidrocele en el testículo derecho del tamaño de una manzana mediana.
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noviembre 17, 2008 • 9:48 am 2
–Hidrocele en el testículo derecho del tamaño de una manzana mediana.
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noviembre 11, 2008 • 3:19 pm 0
El callejón del gato, lleno de espejos sin mundo, no tiene salida.
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noviembre 10, 2008 • 12:08 am 1
Si al leer el título de esta entrada, lo primero que se les viene a la cabeza es un pájaro azul, entonces García Calvo llevaba razón y yo entendí lo que razonaba.
Agustín García Calvo mantiene una tertulia desde hace 40 años. Empezó, creo, en la calle del Desengaño, antes de que lo echaran de la universidad, y ahora está en la Sala La Cacharrería del Ateneo, en Madrid. Durante su exilio, se la llevó a la Boule D’Or, entre ontólogos y delincuentes que vivían en París. La mejor descripción que yo he leído sobre esa tertulia está –mal que le pese a Bea– en Mira por dónde, las memorias de Fernando Savater, asiduo durante los años en que allí leían a los presocráticos. Savater llega a decir que aquello fue, junto con las clases de Lévi-Strauss, la experiencia intelectual más deslumbrante a la que ha asistido.
Durante un tiempo, los miércoles por la tarde dejaba lo que estaba haciendo y me iba para allá antes de las 20:30. Si Ferlosio dice que a él lo que le gusta es tejer, no hacer jerseys; de García Calvo podría decirse que lo único que le entretiene es destejerlos. Así que procura hablar contra cualquier cosa de la que se pueda hablar, porque de lo verdaderamente bueno no se habla. Lógicamente.
Una tarde estaba hablando, me parece, de cómo la filosofía y la ciencia son ejercicios al servicio de la positividad: que todo lo que dicen contribuye, fundamentalmente, a realizar aquello de lo que hablan, incluso cuando pretenden criticarlo. Que le parecía que el caso de lenguaje que mejor servía a la negatividad buscada sería la poesía, y que ni siquiera.
Todo eso oía yo sin entender nada del todo, cuando puso un ejemplo que me pareció clarísimo. Incluso cuando decimos pájaro no-azul, es inevitable que imaginemos, precisamente, un pájaro azul, vino a decir.
Bueno, pues de eso me acuerdo cada vez que leo el interrogatorio al que sometió el juez de guardia, Andres Salcedo Velasco, a Tommouhi y Mounib el 14 de noviembre de 1991. Este runrún:
-Preguntado sobre si se reconoce autor de la violación de G. S. y N. F. sobre las ocho del 8-11-91 en Esplugas, [manifiesta] que no ha estado nunca en ese pueblo y que no ha cometido el hecho.
–Preguntado sobre si se declara autor de la violación de S. V. y R. B. el 10 de noviembre de 1991, digo 9 de noviembre de 1991, en el campo de fútbol de La Secuita (Tarragona), [manifiesta] que no tiene coche y que nunca ha estado en La Secuita ni conoce Tarragona.
–Preguntado sobre si se reconoce autor de la violación de J. R. a las 0:30 horas de noviembre de 1991, en la carretera de Las Cabañas a la Pelegrina de Vilafranca del Penedès, manifiesta: que nunca ha estado en ese pueblo ni lo conoce.
[Etc, etc.]
Así hasta siete veces. Dejo a un lado ahora que el juez no sabía ni el día en que se habían cometido alguna de las violaciones (las de «Esplugas» –Cornellà, en verdad– habían ocurrido 24 horas antes de lo que dice el enunciado de su pregunta), lo que, por cierto, tuvo graves consecuencias en este caso –el acusado no tenía ese viernes 8 la coartada que sí tenía el día anterior: el jueves había vuelto antes a casa de su hermano–; y que da por violadas a chicas, como J. R., y más abajo de lo que reproduzco aquí, a Y. S. de Terrassa, que nunca lo fueron. Es excesivo incluso para un juzgado de guardia.
Un esfuerzo de abstracción para trasladarse a 1991, cuando nadie sabía lo que sabemos hoy –nadie salvo los acusados–, y se ve cómo la propia formulación de la pregunta, esa repetición monótona del término «violación», interpelándolos, contribuye a realizar la sospecha de que, efectivamente, ellos eran los violadores. Decir es hacer, y es diciéndolo como va uno haciéndose a la idea.
Luego está el otro problema: las posibilidades de respuesta que brinda ese tipo de preguntas no permiten en ningún caso distinguir a un inocente que dice la verdad de un culpable que miente, pues ambos dirán que «no», lo cual es absolutamente indemostrable.
Al revés te lo digo para que me entiendas: «¿dónde estaba usted el 5 de Noviembre a las 23.00 horas?» El culpable y el inocente podrían así empezar a distinguirse, explicando dónde estaban, qué hacían, con quién, desde cuándo y cómo habían llegado hasta allí, variantes que, ahora sí, despliegan una serie de coordenadas que sirven no sólo para cribar la coherencia del relato, sino sobre todo, para verificar su correspondencia material.
Una última antigualla: El interrogatorio debería ser antes que nada un derecho del imputado: «tiene la única función de dar materialmente vida al juicio contradictorio y permitir al imputado refutar la acusación o aducir argumentos para justificarse» (Ferrajoli, Derecho y Razón. Trota: p. 607)
Da vergüenza tener que volver sobre algo que sabe hasta el último lector de novela policíaca. Pero hasta ahí hay que bajar para darle la vuelta, en este caso, a este Estado de Derecho y este Mundo del Revés.
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noviembre 4, 2008 • 6:52 pm 2
La hipótesis de fondo sobre la que se articula el libro es que este caso muestra lo que ocurre cuando la desconexión entre lo real y su representación, la palabra y el mundo, el verbo y su carne, se produce en concreto. Esa desconexión es la verdadera novedad. Lo que ocurre es que no hay forma material de ponerle remedio, puesto que no hay nada ni nadie que medie entre los argumentos que puedan alegarse y las consecuencias que se desencadenan. El mundo se derrumba mientras hablamos del mundo que se derrumba mientras hablamos. En esa espiral malvive Ahmed Tommouhi y murió Abderrazak Mounib.
De lo que vengo a hablar ahora, sin embargo, es de los diferentes modos en que el estilo del libro, que es su método, se despliega para restablecer esa conexión. Más allá de la doble transparencia, de la que ya hablé, de algunas otras técnicas que voy poniendo en marcha, casi sin saberlo, para solucionar el gran problema: fundir el relato y aquello de lo que habla. Éstas:
-La primera frase no debe entretenerse con prolegómenos de ningún tipo (ni siquiera el más honrado: el narrador saluda, se sitúa y empieza a contar); la frase final no puede ser broche de nada. Éste es un reportaje abierto por delante y por detrás. Empieza y termina sólo porque el lector abre y cierra el libro, pero no porque sea orígen ni final de nada: el autor recoge el testigo y al final estira el brazo y ofrece su testimonio: ¡escribo sólo pensando en las consecuencias!
-La segunda parte (Deshechos) empieza con tres hilos bien diferenciados, que se van trenzando, contaminándose, hasta hacerse indistinguibles. La voz del autor, ése que pasaba por allí y que acaba metiéndose donde no le importa, como en cualquier conversación, va filtrándose lentamente, ganando confianza y familiaridad (naturalidad, por tanto), con los otros dos hilos (la palabra sin mundo y el mundo sin palabra). El autor como intermediario.
-Los protagonistas aparecen con sus nombres. El nombre propio permite señalar con el dedo, es decir, pasar subrepticiamente del mundo del que se habla al mundo en el que se habla: del libro a la vida. Así, la inicial bajo la que aparecen las víctimas de las violaciones es un caso in extremis de esa bisagra.
-Los extractos de documentos, antes que su transcripción, se insertan escaneados: las frases que los introducen y que los recogen se funden, cuando se puede, con el fragmento; hasta el punto de que la cita pueda no ser más que parte de una frase que se completa en el texto del relato.
-Las citas del sumario que son verdad van entrecomilladas «en la misma caja de texto» que el relato;
«Las que son falsas, en caja aparte, como ésta«.
-El lector, su razón, es interpelada directamente. Esto se consigue indirectamente: afeitando el texto de sobreentendidos, opiniones, subrayados, sentimentalismos y golpes en el pecho; esto es, mostrándole hechos, documentos, citas, pero sin conclusiones. Mi ideal es que el lector me insulte por contar lo que cuento sin inmutarme. A ver si consigo que se inmute él. Por fin, dicho sea al pasar, he logrado montar un capítulo sólo con citas. El lector atento debe poder adelantar –y acertar– la tesis de la tercera parte (hechos nuevos) sin más obstáculo que el escepticismo que habrá ido acumulando con el paso, por fuera y por dentro de las páginas, del tiempo y su experiencia.
Todo esto respecto del estilo; respecto del método, que es el estilo, todo se reduce a lo mismo: verificación.
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noviembre 3, 2008 • 12:05 am 1
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octubre 27, 2008 • 12:33 am 3
Al parecer, José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo y ponente del auto que desautorizó el recurso de revisión de Ahmed Tommouhi el 30 de junio de 2000, es también un hombre personalmente afectado por haber tenido que tomar esa decisión. Por tres fuentes diferentes, muy diferentes, y muy autorizadas, me viene esta información. Según el ex fiscal jefe, por providencial ejemplo, se miró la causa con «un extraordinario interés en sacarle la punta y en resolver el asunto». Es, por decirlo banalmente, su espinita clavada.
Yo diría incluso, aunque esto todavía es sólo una hipótesis, que en la entrevista que le hizo José Martí Gómez para El Magazine de La Vanguardia, el 21 de enero de 2007, al hablar de la sentencia que le había quitado el sueño, se refería precisamente a este caso:
[…]
Pregunta: ¿no le ha quitado el sueño ninguna sentencia?
Martín Pallín: – […] Yo diría que mi preocupación no ha sido tanto por imponer las penas excesivas que me exigía y exige la métrica penal, penas que siempre puedes pedir que se atenúen, sino por la sensación de haberme equivocado de autor.
P. -¿Error judicial?
M.P -Digamos que las circunstancias externas han provocado en mí la duda de si he condenado a alguien que tuvo la desgracia de estar en el lugar inoportuno en el momento inadecuado.
P. -Ya lo cantó Gato Pérez en un bolero […] Por la noche, todos los gatos son pardos.
MP: Eso, más o menos.
P-¿Y qué poso queda tras la sensación de condenar a un inocente?
M.P.: La esperanza de que el Tribunal Constitucional corregirá mi error. Recibiré la corrección con gran alegría porque siempre he sido partidario de una justicia que prime la libertad del culpable antes que la condena de un inocente.
Bien. Tanto es así que acepta comparecer ante el Parlament. El hombre ante el ágora. ¿Qué dijo del caso? Nada. Los comentarios de estupefacto y rb resumen esa nada. Y aquí está la nada transcrita al completo. Es antológico, por ejemplo, el párrafo en el que explica cómo el Supremo ha incorporado un caso de identificación en rueda a la jurisprudencia del recurso de revisión:
Y después, por ejemplo, hemos metido también un caso de error de identificación, lo cual es bastante peligroso, sobre todo si se trata de una identificación en rueda, porque yo las identificaciones en rueda me parecen… bueno, me ponen bastante nervioso, como elemento probatorio. Es algo que no me deja tranquilo, cuando hay que poner una sentencia en función de un reconocimiento en rueda. (acta de la comparecencia).
Vale, ahora sabemos que al señor Martín Pallín le ponen muy nervioso las ruedas de identificación. ¿Es eso todo lo que tenía que decir al respecto de la ecuación: ruedas de identificación-recurso de revisión-caso Tommouhi-Mounib? Por no hablar de los otros condenados por la cara que, al parecer, desconoce: Rafael Ricardi, o Jorge Ortiz.
El Otro Gran Afectado por este caso, que lo ha vivido también con el corazón en un puño, es el Fiscal Mena. El hombre de los deseos fervientes y las convicciones profundas. ¿Qué dijo, además de que en 43 años no había visto un caso igual, cuando pasó él también por su comparecencia el pasado 1 de julio? ¿A qué venía aquella propuesta suya, sobre la reforma de la segunda instancia? ¿Qué consecuencias podría tener en este caso? Contra todas las celebradas interpretaciones con las que la recibieron en los periódicos (El País, El Periódico de Cataluña), él mismo me lo aclaró hace diez días debajo del almez aquel donde nos vimos, en la terraza del Why Not: «Nada, nada, nada. En este caso, nada.»
El problema no es que haya un magistrado y un fiscal convencidos de la inocencia de un condenado, a los que la ley, aun siendo directamente responsables de esa condena, no les permite actuar en consecuencia. Es peor, es esta perfecta falta de consecuencias con la que todavía se pavonean sobre el escenario, ese yoyeo irresponsable del corazón en un puño y el micrófono en el otro –para cantar la nada, corazón– lo que ha hecho insoluble este caso hasta la fecha, y los que vengan.
Si es verdad que la ley les impide actuar de acuerdo a sus certezas materiales, no sé a qué esperan para denunciar públicamente esa ley. Y si no es verdad que sus convicciones tienen una base material, no sé por qué siguen expresándolas públicamente. Con uno de los dos tipos de víctimas, al menos, convendría que fueran consecuentes.
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octubre 23, 2008 • 11:26 pm 1
La última tarde que pasé en Barcelona, el viernes pasado, bajé a eso de las seis a la calle. Me había tomado el día libre para preparar un arroz con rape y langostinos en casa de Martín, y para ir a ver a unos amigos, pero ella estaba en cama, así que acabé saliendo a dar una vuelta. En Via Laietana, dudé entre la Barceloneta o el Eixample, subí. Lo peor de salir con una cierta melancolía, a despedirte, porque sientes que ahora sí cuando vuelvas será para otra cosa, serás otro y otros los que te reciban, lo peor, es que encima llueve. Gracias a dios, había agarrado por error el fino y delicado jersey negro de Rosaria, así que cuando quise ponérmelo, creyendo que me iba a morir de cursi, y descubrí que no era el mío, me cubrí de ridículo. Me compré una chaqueta. Luego terminé en La Central. Tampoco sé para qué. Ese día, creo, había alcanzado el punto de cocción: ni un párrafo, ni un libro más. No había nada que me interesara. Sólo quería volver pronto a casa para escribir. Acabé subiendo al primer piso. Y sobre un atril, una nueva edición (recuerdo que la portada es plateada y las letras rosa fucsia). La introducción era larga y la edición parecía argentina. No sé por qué empecé a leerlo, si porque el principio me resultó familiar (creo que hay un párrafo volcado directamente desde «Experiencia y Pobreza», si es que es ésa la traducción). El caso es que leí los tres o cuatro primeros epígrafes y lo dejé. Muchas de las ideas que intento llevar a la práctica deben de estar inspiradas en esa lectura, que no por casualidad, sino por orgullo, había olvidado. Por esnob. Esta semana lo he vuelto a leer y sigo sintiendo que me obliga. Creo que voy a cambiar el principio. Así que conste en acta bibliográfica. Lo he leído, a pesar de las faltas y algunas incoherencias, aquí: El Narrador, Walter Benjamin.
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octubre 22, 2008 • 7:38 pm 9
Ei. Miércoles, 20:33. Estoy transcribiendo entera la entrevista con el señor Mena, y de esta frase suya:
Y con toda certeza, mi deseo ferviente era responder a mi convicción profunda de que muy probablemente este señor era inocente.
entresaco esta otra posibilidad para titular: deseos fervientes y convicciones profundas.
A las 20:37 ya no me gusta tanto.
Hasta el lunes.
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octubre 21, 2008 • 9:42 am 22
A partir de las 12:30 de hoy, José Antonio Martín Pallín, magistrado emérito del Tribunal Supremo, y Mercedes García Arán, catedrática de derecho penal de la Universidad Autónoma de Barcelona, comparecerán ante la Comisión de Peticiones del Parlamento de Cataluña para hablar sobre el caso de Ahmed Tommouhi. Martín Pallín fue ponente de la sentencia que denegó el recurso de revisión presentado por la defensa de Tommouhi en 2000. La comparecencia puede seguirse en directo a través del canal web 1 del Parlament.
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octubre 20, 2008 • 12:25 am 3
Voy deprisa porque tengo que escribir. De la historia con el ex fiscal jefe, me sorpreden sobre todo alguna de las reacciones que, sin publicidad, me van llegando : «qué cinismo», o «esto funciona así, qué le vamos a hacer», como si no quedara del todo claro lo que ha pasado. Hay también quien no acabó de entenderlo. Admito que esto último deba correr de mi cuenta, porque quizá no era del todo clara la explicación de la entradilla del jueves.
Sobre lo primero, sin embargo, no hay lugar para refinamientos: el señor Mena no estaba actuando cínicamente (en cuanto las formas, al menos) ni la demostración de quién de los dos decía la verdad –si él o yo– quedará para siempre incompleta. No. Ésta es la portada del segundo informe y ésta la comunicación escrita que le reclamaba, por segunda vez, ese segundo informe. Y está, además, esta respuesta del señor Mena, que desmonta de paso el lema de su escudo: «yo no me carteo con las defensas», dijo.
Y sé que el link a esa portada no es una prueba definitiva, puesto que no aparece un sello identificativo de la Guardia Civil, entre otras formalidades; mientras ultimo esos detalles, sin embargo, sirva esta declaración que uno de los autores del informe, por exhorto del Tribunal Supremo, tuvo que prestar ante el Juzgado de 1ª Instancia e Instrucción nº 1 de Martorell, el 5 de enero de 2000:
[«Que se afirma y ratifica en el informe de fecha 7 de diciembre de 1998», empezó por declarar el autor del informe]. Lo que el fiscal está diciendo es que esta declaración no habría tenido razón de ser, puesto que no existiría ese informe (de fecha 7 de diciembre de 1998) por cuyo contenido fueron los autores citados a declarar por el Supremo. Pero sin cinismo ni relativismo. Una virtud hay que reconocerle al señor Mena: no se escurre con ligerezas posmodernas: él directamente sostiene negro sobre blanco que este segundo informe no existió, y que, de existir, no llegó a la Fiscalía. Yo he demostrado que el informe existe, que el letrado de Mounib se lo reclamó por dos veces al ex Fiscal Jefe, y que éste, en su respuesta, pasó de largo sobre el objeto del requerimiento. Basta con leer los enlaces, dos párrafos más arriba. Llegado el día haré públicos también los hechos que prueban que ese informe llegó, antes de las navidades de 1998, a la Fiscalía del Tribunal Superior de Cataluña, calle Pau Claris 160, Barcelona.
Todo esto para decirles que la verdad se defiende sola, pero que no se propaga en el vacío. Una vez mostrada, el público tiene también su responsabilidad en defenderla.
***
Hay otro olvido memorable en la entrevista. El señor Mena no recordaba la respuesta escrita que envió a Manuel Borraz, el ciudadano que meses antes le había solicitado que analizara unas muestras del caso de Cornellà que podrían arrojar, de existir esas muestras todavía, resultados concluyentes sobre dichas violaciones. Quizá, vino a decir, fue otro el fiscal que respondió:
Pregunta: En una respuesta a un ciudadano, el 27 de julio de 2006, que solicitaba la posibilidad de que usted ordenara el análisis de unas muestras de Cornellà distintas de las que ya se había ordenado analizar en el 96; en su respuesta, afirmaba usted que no era competencia del Ministerio Fiscal esta diligencia que solicitaba el ciudadano y me pregunto…
J.M. Mena: Yo no recuerdo eso…
Pregunta: ¿No lo recuerda?
J.M. Mena: No recuerdo nada en absoluto de lo que me dice.
Pregunta: Vamos, pues no sé hasta qué punto…
J.M. Mena: No. Un ciudadano que pedía que hiciéramos unas pruebas ¿de qué?
Pregunta: De unas muestras de la ropa del caso de Cornellà.
J.M. Mena: No lo recuerdo.
Pregunta: ¿No lo recuerda?
J.M. Mena: No.
Pregunta. Vale. Eee..Durante estos años
J.M. Mena: Pero me extraña mucho eso, eh.
Pregunta: No, pues están publicadas las cartas en Internet.
J.M. Mena: No, pero eso no quiere decir que sea cierto.
Pregunta: Hombre, si la carta no es falsa, es cierto, ¿no? Quiero decir, si la respuesta de la Fiscalía
J.M. Mena: Pero es que yo no recuerdo que nadie me hubiera preguntado eso ni que yo hubiera contestado eso. Quiero decir que la Fiscalía es muy grande. Cuando yo me fui había 210 fiscales.
Pregunta: O sea, ¿que puede haber contestado un subordinado?
J.M. Mena: Claro, puede haber contestado el fiscal correspondiente de, de Cornellà, tranquilamente, puede haber dicho que se lo digan al juez, que no es cosa suya. Porque, claro, pienso yo, en el supuesto de que ello haya sido así, que la petición de la reapertura de las diligencias, el fiscal ha podido estimar que es una competencia del juez. O en su caso, del tribunal que acordó el archivo definitivo de la causa por cumplimiento de la pena y todo esto. Hay muchísimas posibilidades técnicas pero, de verdad, que…, igual lo dije y lo he olvidado, porque estamos en el 2008, y claro esto, como luego han hablado mucho los medios y tal, pues parece que era el único asunto, pero desdichadamente este era un asunto más, y de una complicación técnica muy escasa. Por lo tanto, luego con la historia de los medios de comunicación y tal, lo he recordado, pero incluso, yo sobre todo recuerdo los recuerdos, más que el asunto. Porque claro, estoy en una nebulosa y me excuso siempre que puedo de hablar de este asunto, porque no vaya yo a equivocarme. Ahora mismo me plantea esto y me deja perplejo. Me extrañaría mucho haber olvidado eso, pero si lo he olvidado, pues lo lamento mucho. La verdad.
Manuel Borraz tardó menos de 24 horas en enviarme la prueba de que su corresponsal fue siempre el señor Mena, y no ningún subordinado. Había comparado las firmas de las respuestas con la solicitud de indulto, ésta sí firmada sin ningún género de duda por José María Mena el 30 de abril de 1999:
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