ladoblehélice

La continuación del periodismo, pero por otros medios.

En portada

[ÚLTIMAS NOTICIAS SOBRE RICARDI:

La fiscalía pedirá la liberación inmediata de Rafael Ricardi]

 

*******

 

Está en Italia. Pero volverá. Le pedí que fuera pensando en una ilustración para la portada del libro. Y me lo prometió. Conoce la historia y este blog, así que es el talentoso ideal. El único problema es que es mi amigo, aunque cosas peores se han visto. Aquí en ladoble ya han colgado algunos de sus regalitos. Mañana, si mis fuentes no me engañan (1), debuta en EL PAÍS. Pero es aquí, desde hace casi tres meses, donde va esbozando su anecdotario caricato: Martín Elfman.

(1) Me engañaban: finalmente debutó el viernes, 18 de julio.

Filed under: Artistas invitados, El taller, Rafael Ricardi

Últimas noticias sobre Tommouhi y el otro

El ex-fiscal jefe de Cataluña, José María Mena, compareció el pasado 1 de julio en la comisión de peticiones del Parlament catalán para hablar del caso de Ahmed Tommouhi y el otro, según se refirió Mena al fallecido Abderrazak Mounib. Los periódicos (I, II y III) informaron sobre una supuesta reforma legislativa que habría propuesto Mena y que abriría una salida legal a este caso: que un nuevo tribunal revisara las causas por las que sigue cumpliendo condena. Los periodistas no debieron de aguantar hasta el final de la sesión, porque en su segundo turno de palabra, el propio Mena rebajó el opitimismo de una de las diputadas, que había interpretado –y se puso muy contenta– lo mismo que los periodistas:

«No cantemos victoria, existe una necesidad objetiva de seguridad jurídica para todos los ciudadanos, también para las víctimas; existen necesidades de plazos en la interposición de los recursos. Es decir, si se hace una propuesta que es la que yo sugiero, de reforma, en la reforma de la Ley de enjuiciamiento criminal, aquí tiene que haber unos problemas de plazos, la ley difícilmente va a dar plazos de cuatro de ocho años para recurrir, pero luego hablaremos de ello.»

Luego dijo esto:

«Pongo esto como ejemplo, que se me sugiere ahora, a bote pronto, como ejemplo de que  el legislador puede inventar cómputos de plazos a partir de momentos determinados y muy bien puede decir «cuando se dé estas circunstancias, la aparición del autor auténtico, empieza a correr el plazo para  interponer el recurso de apelación», por poner un ejemplo. Quiero decir, que [con] los plazos se puede inventar algo, es cuestión de echar un poco de imaginación. «

La  interpretación periodística de la propuesta del señor Mena, con la que titularon los diarios, respecto del caso de Tommouhi y Mounib, se basa, pues, en ese poco de imaginación. El ex-fiscal jefe, además, se refería a una reforma que abriría definitivamente la doble instancia, a través de un recurso de apelación, con lo que difícilmente puede pensarse que el legislador, que ciertamente puede inventar cómputos de plazos, inventara uno para que los delitos juzgados desde 1991 en adelante, o desde 1995, pudieran ahora recurrirse en apelación. Pero es que además, en este caso las condenas en vigor son jurídicamente independientes, puesto que los hechos fueron juzgados por separado, así que la aparición de García Carbonell, que es en quien Mena estaba pensando con eso de autor auténtico, ya sobrevenida,  sólo afectó a la causa de Olesa, y así seguimos hoy, no al resto.

Cuestión distinta sería que se introdujera un nuevo supuesto entre los que abren la vía para un recurso de revisión, uno cuya redacción ajustada a este caso necesitaría, no de un poco de imaginación, sino de un milagro: casi como el de el crimen de Cuenca, cuando «El Cepa», cuyo asesinato habían aceptado confesar dos pastores conocidos suyos, pidió casarse. (Los otros supuestos contemplados hoy en el recurso de revisión son: cuando aparezcan dos condenados por los mismos hechos, cuando la condena se base en un testiminio falso, o en una confesión obtenida ilegalmente, y cuando aparezcan hechos nuevos que evidencien la inocencia del condenado.)

Sobre la petición de indulto, que él mismo había cursado, Mena adelantó una tesis para explicar por qué durante nueve años nadie quiso resolverlo o, lo que viene a ser lo mismo, qué significaban exactamente las palabras del ex ministro López Aguilar cuando dijo que el indulto no era «un mensaje asumible«:

No fue posible, por lo que se ha dicho, y porque cuando ya fue interpuesto el recurso [de indulto] nos encontrábamos, para desdicha del señor Tommouhi, en una fase social positiva, pero con contradicciones, de nuestra dinámica progresista y democrática, que eran los momentos más fervientes de la lucha contra la violencia de género. En esos momentos, pienso yo, y lo pienso con conocimiento de causa [subrayado mío], el Ministerio no tuvo capacidad operativa, como para comparecer concediendo el indulto con la oposición de las víctimas concretas, del hecho concreto, más la terri…, tremenda, terrible no, pero tremenda presión beligerante de quienes estaban apoyando lo que luego ha sido la Ley integral contra la violencia de género.

Por último, de la lectura de las informaciones periodísticas se deduce que ninguno, salvo el diario El Punt, sabe que el Gobierno denegó el indulto de Ahmed Tommouhi el pasado 30 de abril. (Aunque El Punt yerra al sostener que el indulto ha sido denegado por dos gobiernos distintos). De la lectura del acta de la comparecencia, se deduce que Mena tampoco: «Hay soluciones distintas, como es la posibilidad de matices de interpretación en la aplicación de la Ley del indulto». Dijo hay, el pasado 1 de julio.

 

Después de lo escrito: Ya hay otro diario que se ha enterado: El País de hoy  afirma pretende que la denegación del indulto, publicada hace tres semanas (aquí, aquí y aquí), había pasado, excepto para Manuel Borraz, «absolutamente desapercibida».

Filed under: El Ministerio y el indulto

Disculpen las molestias

La entrada de esta semana se podrá consultar mañana martes, 8 de julio.

Filed under: Cortocircuitos

El libro, en pocas palabras

Wordle genera nubes de etiquetas a partir de un texto introducido. Las palabras más repetidas resaltan  con un tamaño proporcional a su frecuencia. Yo he metido las 118 páginas del libro que llevo escritas y sale esto:

 

Aquí, a un tamaño legible.

Entre las más frecuentes aparecen «ya» y «pues». La una denota cierta desesperación y la otra insiste en lo evidente. Así que me aplicaré a afeitarlas.

Filed under: El taller

Alá y el silencio de los periódicos

Hace una semana que sabemos que el Gobierno denegó el indulto a Ahmed Tommouhi (no me consta que hayan resuelto el de Abderrazak Mounib). Tote y Estupefacto han comentado aquí la sorpresa que les produce que ningún periódico haya publicado la noticia. Estupefacto se pregunta por qué si durante nueve años ha sido noticia el retraso en la resolución, no lo ha sido la resolución del retraso. Tote me señala directamente: «que conteste Braulio, ¿no?»

Recojo el guante, aunque solo tengo clara una parte muy pequeña de la respuesta. Antes que cualquier explicación teórica, el por qué la noticia no ha salido en El País, con la posibilidad de que hubiera luego podido ser rebotada por otros medios, se debe en parte a una razón muy tonta: Mónica C. Belaza, experta en condenados por la cara del periódico (I, II y III) está de vacaciones.

¿Por qué no han dicho ni mú, Pere Ríos (El País), Ildefonso Olmedo (El Mundo) o Domingo Marchena (La Vanguardia), que durante años han seguido el caso? No lo sé. Imagino que algo tendrá que ver el cansancio. Pero me parece que influye también el poco glamour de la noticia. Aunque fuera, probablemente,  la última noticia que iban a poder sacar sobre el asunto. La realidad, una vez más, ha estropeado el final de una buena historia: un induto sin resolver durante años, era, en cada cumpleaños, una buena historia. Ahora ya no.

Que la resolución sería negativa ya lo había anunciado el ex ministro de Justicia, López Aguilar: «El Gobierno ha decidido que no es un mensaje asumible indultar a una persona condenada por violación», declaró hace dos años. El enviado del ministerio al programa que Hoy por Hoy le dedicó a este tema cuando se cumplían siete años sin que se hubiera resuelto el indulto dejó entrever, sin embargo, la verdadera razón por  la que no se resolvía: «es que sería muy fácil decir que este expediente se va a llevar al Consejo de Ministros, exclusivamente, para que se rechace. Es decir, cuando se plantean cosas al Consejo de Ministros es para cuestiones que sean favorables al interesado». La respuesta es una idiotez: el Consejo de Ministrros resuelve negativamente la inmensa mayoría de los  indultos (sólo el 5% de las las 9.390 solicitudes presentadas en 2005 fueron aprobadas, por ejemplo). Pero es una idiotez reveladora de la única forma de justicia que en el ministerio y la fiscalía estaban dispuestos a ofrecer a estos dos condenados por la cara: justicia poética. No querían resolverlo porque no querían denegárselo. Pero tampoco era un mensaje asumible…

Ésa es también la única forma de justicia por la que está dispuesto a trabajar el periodismo divine. Nadie ha buscado otra explicación que no fuera la del trágico error. Nadie ha preguntado a los responsables. El documental del pasado martes (puede verse íntegro aquí) es el último ejemplo: no había pruebas de su inocencia, dice tranquilamente el señor Fiscal Jefe, y cambia el plano.  «¿Las buscó usted, señor Mena?», me gustará preguntarle. En un papel que envió  al señor Tommouhi a finales de 1999 a la cárcel, el periodista escribió toda una declaración de principios: «Confía en alá. Pronto serás libre.» Confía en Alá, porque lo que es en nosotros…

La denegación del indulto es un acto demasiado trivial, demasiado burocrático como para cerrar un drama. Que pueda ser al mismo tiempo demasiado brutal, debe obviarse en este caso: es una brutalidad que, por muy compleja que sea, el más tonto sabe que también les señala  a ellos. 

Nota: Como bien comenta Estupefacto, dos excepciones digitales confirman la regla de papel: Arcadi Espada y Manuel Trallero.

 

Filed under: El Ministerio y el indulto

Un documental sobre el caso

Ayer hablé con Ahmed Tommouhi. Ya sabe que el gobierno ha denegado el indulto que solicitó en su favor, y en el de Abderrazak Mounib, el fiscal jefe de Cataluña: «Ellos mandan. Hacen de nosotros lo que quieren. Qué vamos a hacer», me dijo. Yo no sé qué añadir.

Esta noche pasan un documental en La 2, a las 22:45, que tratará, entre otros, su caso. Este es el trailer del documental, obra de La Marea Producciones.

Filed under: El taller

El Gobierno deniega el indulto a Ahmed Tommouhi

El pasado 30 de abril el Gobierno denegó el indulto a Ahmed Tommouhi. El ex fiscal jefe de Cataluña, José María Mena, lo había solicitado en su favor el 30 de abril de 1999. Fuente: Manuel Borraz.

Filed under: El Ministerio y el indulto

Notas de la semana

Lunes 2 de junio:

Empiezo a escribir el capítulo sobre los contradictorios señalamientos, fácticamente insostenibles, contra Abderrazak Mounib sobre los tres asaltos del 3 de noviembre de 1991. Casi al final, encuentro la conexión entre eso y lo último que escribí y publiqué aquí: Haciendo Pie. Toda la disertación sobre la inconveniencia de utilizar la expresión el «inculpado» cuando de transcribir la declaración de una víctima se trata, tiene aquí –¡la encuentro!– su demostración práctica. Creo que no entraré en el tema –pura filosofía procesal– de por qué estos hechos no se juzgaron conjuntamente: sólo podría especular, aunque confío en que los hechos, por sí solos, lo evidencien: habría sido imposible condenarlo.  La escritura es todo menos lineal: avanzo un párrafo, dos, y luego vuelvo sobre ellos, los abro, me meto dentro y voy ampliando. Termino sobre las siete y cuarto.

Miércoles 4 de junio:

Ayer olvidé escribir esta nota. Hoy, el capítulo ya tiene un rostro humano, aunque sólo ligeramente humano. Ayudan mucho las palabras de la abogada de Mounib en los dos casos de Vilafranca: «no creo en la justicia: el abogado es muy hipócrita y los jueces dejan mucho que desear». Sólo queda el final: el descarte expreso de Y., la chica de Terrassa, asaltada esa misma noche y que, al contrario que las de Vilafranca, sostuvo que Mounib no había tenido nada que ver.

Me gusta Google Docs: puedo ir insertando documentos e imágenes sobre la marcha. Algunas páginas del libro  se van a parecer, visualmente, bastante a algunas de este blog. Este es un borrador, por ejemplo, de una de ellas.

Jueves 5 de junio:

Bueno, el capítulo está más o menos esbozado. No me convence nada el comienzo, y no estoy tampoco seguro del final. Los problemas de encadenamiento del texto en sí no serán difíciles de solucionar. Pero no encuentro el comienzo: Vilafranca son casos sin grandes escenas, sin grandes frases, es sólo un puro absurdo que cuesta atrapar de manera absurda. Es difícil no contagiarse.

 

Filed under: El taller

¿Por qué soy tan cabezón?

LLevo tres semanas sin avanzar una línea del libro. Después de lo que publiqué aquí hace un mes (Haciendo pie), apenas si esbocé, con trazo voluntarioso pero sin convencimiento, una crónica sobre la primera visita a Ahmed Tommouhi en la cárcel, en junio de 2006. La he releído semanas después y solo se aguantan las citas del señor Tommouhi. El resto es eso: voluntad de pedalear, aunque sea sin cadena.

La razón me resulta familiar y aunque con cierto rubor, porque sé que a estas alturas esto es como descubrir el mediterráneo, intentaré fijarla aquí. Cuando la tesina –no he escrito nada más– me pasó más o menos lo mismo: me lancé a escribir sin red, esto es, sin esquema ni índice ni capítulos bien definidos. Todo, creía yo, lo tengo en la cabeza. Pero la cabeza ella sola se defiende, y contra el aliento que le falta, le sobran todas las preguntas: éste que diga lo que quiera, que yo lo que quiero es que se estrelle ya y que me deje, pareciera que diga (sin decirlo). El resultado es que llegas a tener perfectamente claro lo que luego, una vez escrito, no hay quien lo entienda ni sostenga.

La primera (Hechos Probados) estaba ya muy trabajada y bien ahormada, y la tercera (Hechos Nuevos) es demasiado evidente como para que pueda ser otra cosa: pero es en esta segunda parte (Deshechos) donde está verdaderamente la historia y el proceso de este libro. Y esta segunda me empeñé en escribirla a partir de la estructura que tenía ya hace un año en mente, sin que el roce ni el tiempo la hubieran modificado. Las estructuras que no son cajas vacías, sin embargo, hay que ponerlas a andar por la calle y con lo que en la calle pasa deben conformarse.

Una estructura que era un montaje en el obsesivo sentido que ya expliqué aquí (un ensamblado de documentos, citas y recortes). Ahora no se diluirá del todo, ni mucho menos, pero deberá ajustarse a lo que la claridad y la exposición aconsejen. Todo esto ya lo sabía muy bien un colega, hombre práctico, que la noche que llegué a su casa como quien ha vivido una revelación, me cortó en seco:

–Iván, lo que voy a hacer es un montaje de citas, documentos, cartas, informes. (…)

–Bueno, vale, utilízalo cuando te venga bien, pero no te encierres con eso, porque habrá veces que tendrás que explicar tú las cosas.

Así que, algo jodido (¿Por qué soy tan cabezón, señor?), dejo la ultravanguardia y me agarro a lo clásico, que son, para empezar, estos capítulos: Cortar y pegar; Tres en uno; «No he tenido nunca niguna duda»; Terrassa; Gavà; García Carbonell; Cornellà; Esparraguera ; Segunda investigación; Olesa (hidrocele y Tordera: dos moros «que vestían en plan gitano»); Los abogados; Tarragona.

Filed under: El taller

Sin papeles y Estado-Nación: la excepción contra la regla (excurso)

La UE aprobó a finales de la semana pasada una propuesta de directiva para ampliar el plazo máximo de retención de los inmigrantes sin papeles hasta un máximo de 18 meses. El objetivo es, según palabras del portavoz del PP Europeo, el alemán Manfred Webber, «presionar psicológicamente» al retenido para que confiese su país de orígen y así poder repatriarlo, o expulsarlo a algún otro que lo acepte. En países como Reino Unido, ese plazo es ilimitado: una presión psicológica de por vida, que no sé a qué esperamos para llamarlo tortura.

 

El gobierno español –en nuestro país ese plazo es ahora de 40 días– apoya el texto, que debe todavía pasar por el parlamento europeo. Por una vez, me permitirán un excurso, pues la relación que va consolidándose entre los países occidentales y su inmigración irregular, me parece un tema crucial: por su importancia numérica (hay millones de inmigrantes irregulares en la UE), y por el cariz que van tomando las cosas: un ordenamiento jurídico de excepción, contrario a cualquier planteamiento que pueda decirse propio de un estado de derecho. Durante dos años, trabajé académicamente sobre el tema, y escribí 200 páginas que ahora sabría resumir en diez palabras: «Sin papeles y Estado-Nación: la excepción contra la regla.»  Mientras las escribía, envié este artículo a la desaparecida revista Lateral, que lo publicó en su número 108, de diciembre de 2003. El artículo, sobre todo el párrafo final, sigue siendo perfectamente actual.

 

Repatriar apátridas

 

El 18 de febrero de 2003 apareció en EL PAÍS una información titulada: «El Gobierno negocia con Marruecos la devolución de inmigrantes subsaharianos», refiriéndose a la reactivación por parte del Gobierno del Partido Popular de los acuerdos que había firmado el Gobierno socialista con el marroquí en 1992, para que Marruecos acepte a los inmigrantes que la administración española demuestre, «por cualquier medio», que han entrado en España desde su territorio. El periodista aseguraba que ese acuerdo, de ponerse en práctica, «simplificaría la repatriación» de más de 8.000 subsaharianos cada año, lo cual simplifica peligrosamente la cuestión.

 

Unos meses antes tan sólo, el mismo periodista todavía se preguntaba ante los datos ofrecidos por la Delegación del Gobierno, cómo se podían repatriar inmigrantes de «nacionalidad desconocida», que decía la información gubernamental. «Ninguna de las fuentes de la Delegación del Gobierno de Extranjería e Inmigración ha explicado con suficiente claridad a este periódico cómo es posible repatriar a ciudadanos cuya nacionalidad se desconoce», se leía en EL PAÍS del 4 de noviembre del año anterior. Tres meses después, utiliza ya el término repatriación sin comillas para describir esa misma situación que, a lo que se ve, no ha habido tiempo para investigar: se diría que ha hecho suya la expresión; en verdad la expresión se ha hecho con él.

 

El propio término de repatriación es ya una simplificación, y por eso mismo tan operativa: se refiere tanto a los expulsados (que ya vivían en España) como a los devueltos en la frontera, simplificación contra la que todavía se nos advierte en la información de noviembre. Con esa síntesis técnica se pretende flexibilizar el proceso de deportación frente a la rigidez de las garantías formales del derecho. Para lo cual hace falta también procesar la información que va a hablar de ello, vaciando las palabras de significado sin que puedan ya adecuarse a los hechos. Una vez reducidas las palabras a su efecto, su éxito no dependerá en modo alguno de la verdad que contengan, sino de los medios técnicos que se empleen para reproducirlas. Para el caso de los subsaharianos que deportamos a Marruecos, el término «repatriación» tiene tanto que ver con la verdad como la canción del verano con la música.

 

La fina ironía de los redactores les salvó entonces de hacer frente a una “mentira práctica” que sirve de puente entre la obligación de la administración a actuar públicamente y la verdad de su actuación privada de control: por debajo del puente flotan las cosas que pasan. Y dado que la verdad sigue siendo revolucionaria, supone un grave riesgo y un inconveniente técnico mantenerla en secreto porque acecha siempre la sombra del escándalo que podría desencadenar su desvelamiento. Habrá, pues, que articular su falsificación publicándola en los periódicos para que quede así desarticulada a la mañana siguiente, porque todo el mundo la habrá olvidado.

 

Los propios términos de la formulación desvelaban su imposibilidad real: ¿cómo re-patriar a quién no se le conoce patria? A diferencia de otros oxímorons mucho más célebres y hermosos, como el sol negro de Borges, constituía una falsedad sólo en el plano de la verdad del enunciado, pero muy real y práctica en el de la manipulación administrativa y periodística de la verdad, como verdadero y práctico es el horror que oculta: sólo el año pasado fueron «repatriadas» dos-mil-quinientas-catorce personitas tan reales como usted y como yo, sin que se conociera su patria.

 

Esa manera de violentar la lengua para que encaje cualquier cosa y diga lo que no se puede decir, responde a la necesidad de asumir la violencia con la que encaja el procesamiento de los negros en el discurso de un así llamado Estado de derecho. Esa gimnasia lingüística informa la verdadera violencia haciéndola aceptable para todos, porque necesita también de nuestra complicidad. Tranquiliza mucho llamarlos subsaharianos, sobre todo cuando todo el mundo sabe que se les trata como a negros. «Lo peculiar de este fenómeno es sobre todo la capacidad de proseguir en este espíritu de forma creadora, llegando así a una nueva formación lingüística que pone a la lengua en concordancia con la necesidad imperiosa de una insinceridad radical y que hace justicia (…) al encubrimiento de toda clase de hechos vergonzosos. Apenas habrá un solo comunicado que no aporte un progreso en el sentido de revestir actos de violencia en normas.» (Karl Kraus).

 

Todavía en la noticia de noviembre se recogía una dificultad práctica, porque, se decía, «con los subsaharianos sucede que su expulsión es complicada porque no traen documentación y resulta difícil precisar su nacionalidad. Además, pocos países los admiten como ciudadanos». Entre los «pocos países» no se cuenta desde luego España, por lo que para solucionar problemas como ése se inventan artefactos técnicos como el de «repatriados de nacionalidad desconocida» y se firman acuerdos para simplificar las cosas, en este caso las cosas subsaharianas. El que no se hayan decantado todavía por la fórmula más económica del título de este artículo, se debe sin duda a que eso complicaría el procedimiento, pues «apátrida» es todavía un estatuto jurídico reconocido internacionalmente y entonces vendrían los abogados con sus consideraciones jurídicas y sus reclamaciones «imprácticas», esto es, «perjudiciales y equivocadas en un sentido técnico objetivo» (Carl Schmitt). También en el celo profesional con el lenguaje los abogados superan a los periodistas: venden más caras sus palabras.

 

La verdad es que los inmigrantes deportados van a parar a terceros países, como Marruecos, donde «con un poco de suerte acabarán siendo encarcelados, durante semanas o meses», comenta el despiece. «Marruecos no devuelve a los subsaharianos a sus países de origen porque carece de medios para hacerlo», y «a aquellos que no son ni detenidos ni devueltos se les ve con frecuencia deambular por las grandes ciudades marroquíes, sobre todo las del norte,» se lee a continuación. El Gobierno español conoce esa situación, y es que precisamente esa es la ventaja de la división internacional del trabajo sucio: la subcontratación permite delegar en otros responsabilidades que todavía no parecen asumibles por el fino paladar europeo, a pesar de lo acostumbrado que está a la higiénica y flexible proliferación de empresas de trabajo temporal y subcontratas, que sin ser igual desactivan lo mismo. Lo mismo que propone Bush cuando se trata de arrancar información a sus encarcelados sin causa: repatriarlos a otros países donde la legalidad asume que se los torture temporalmente. La flexibilidad se aplica también a la piel humana.

 

Esa «necesidad de asumir la violencia», es la consigna que en secreto gobierna nuestra política de deportaciones masivas. Porque, ¿cuál es en verdad el problema político de fondo ? Que el sistema político del Estado-Nación moderno no puede hacer frente al problema de los « indeportables », cuando se trata de un fenómeno masivo, sin una voladura controlada de sus propios cimientos. Esos « indeportables », que es la situación jurídica que oculta esa mentira de los « repatriados de nacionalidad desconocida », son la personificación de la sombra que arroja sobre el sistema de los Estados-Nación modernos el fenómeno de los « sin-estado » : que una vez que llevado por la necesidad has dejado de hecho el país en el que naciste, has sido arrojado por derecho de todos los demás, tan verdad ahora como cuando lo dijo Hannah Arendt. Es, al fin , el problema de ser un malnacido, como habría que empezar a llamarlos si queremos empezar a decir la verdad de lo que callamos para poder seguir pensando que somos Santa Teresa de Calcuta. Ser un malnacido y creerte encima que tienes derecho, como quien tiene madre, a ponerle remedio. Para hacer frente a la propia ilegalidad de ese malnacido, pues, cada estado trabajará indefectiblemente por la extensión de las competencias administrativas para así, frente a las garantías formales del Estado de derecho, poder flexibilizar el procedimiento y expulsarlo, con la intención de escapar a la “superstición formalista de la ley”. Esto es, traspasará todo el problema a la policía, que es quien mejor puede habérselas con ese « indeseable ». Y para que ese proceso de voladura del Estado de derecho pueda producirse de manera controlada, la falsificación lingüística informando de ello prestará un servicio inestimable, en tanto producción y distribución de “conceptos jurídicos indeterminados” que permiten normalizar la violencia, a la espera de que pueda ser legalizada.

Filed under: Cortocircuitos

Para ir al blog de ‘Justicia Poética’ pincha en la imagen

Escribe tu dirección de correo electrónico para recibir las nuevas entradas por mail.