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La continuación del periodismo, pero por otros medios.

La verdad y Hafner

Lleva aquí más de medio siglo. Es su paraíso terrenal, dice. El nazi Hafner, Paul, Pablo para los amigos, se instaló en Madrid con sus convicciones immutables en los cincuenta, y allí sigue, en su piso que es su cueva, rodeado de libros que son apologias de Hitler, escuchando en su radiocassette los himnos que aún le hacen vibrar. Por las tardes, acude a reuniones de Fuerza Nueva o visita a los amigos, también nazis, recluidos en una residencia de ancianos. Uno, de 99 años, presume entre sonrisas de ser uno de los aviadores que bombardearon Guernica. 

Hafner niega el holocausto. Con vehemencia. No sabemos si se cree o no lo que dice, pero no cede, ni ante los argumentos de una amiga que trata de convencerlo ni frente a las imágenes del documental sobre el genocidio que le hace ver el director de la película ni ante el testimonio en primera persona de un superviviente de Auschwitz que le visita. Hafner no cede, y sigue instalado en su vehemencia negacionista. 

El paraíso de Hafner, que es también el título de la película que recoge el testimonio de este anciano nazi, es España. Eso dice. No explica por qué, pero es fácil deducirlo. Hafner vino a instalarse en un país sometido a una dictadura fascista, donde él debía sentirse como Adolfo por su casa. Qué diferencia con Francia, donde había intentado instalarse antes: tan pronto puso pie en suelo francés lo metieron en la cárcel. En Madrid, en cambio, no tuvo problemas. Normal, si mandaba Franco, dirán. Pero para Hafner, que ya en España inventó una yogurtera y después montó una granja de cerdos alemanes, el paraíso no acabó con la muerte del caudillo. Dice que se arruinó con los socialistas, pero no por ello corrige su opinión sobre el país donde ha pasado la mayor parte de su vida. En ningún momento habla mal de España, tampoco de la democrática. Total, nunca ha tenido que esconderse. Hafner ha podido, o eso dice, exhibir su ideología y sus mentiras negacionistas sin los problemas que eso le habría comportado en su Austria natal, por ejemplo. Ha podido hacerlo con Franco y sin él.

Hace más de tres décadas que la palmó el susodicho, pero quizá uno de sus legados, precisamente como reacción a la verdad , así la llamaban, oficial y absoluta que impusieron durante 40 años los hombres de Paco, sea el éxito de ese relativismo bienintencionado que afirma que la verdad no existe. Y la verdad existe, por supuesto, pero la palabra que la nombra es una palabra violada cada vez que alguien la usa para calificar sus mentiras, jaleadas impúnemente al grito de “es mi verdad” sin que nadie le recuerde que la verdad no es personalizable ni admite adjetivos. Y eso, aquí, pasa cada día. Sin ir más lejos, los últimos tres años y medio, hemos sido bombardeados a diario con mentiras en torno al peor atentado de la historia de Europa, esgrimidas por políticos y periodistas que para justificar su insistencia en la falsedad no se han cansado de agitar espasmódicamente la bandera de la “búsqueda de la verdad”. La sentencia judicial del caso debería haber puesto freno al fin a la diarrea de embustes y especulaciones más o menos fantasiosas, pero el presidente del tribunal -ayer aclamado, por cierto, como paladín de la justicia y hoy lapidado por un libro escrito por su señora: detrás de un gran hombre hay una siempre una gran mujer, dicen el tópico y las feministas- optó por la adjetivación, y dijo que lo que quedaba establecido en la sentencia era “la verdad judicial”. Refiriéndose, eso entiendo yo, a que la sentencia, como todas, solo habla de hechos conocidos y probados. Pero los diarréicos, que, como Hafner, no ceden, entienden otra cosa: entienden que la verdad judicial ésa es sólo un tipo de verdad, y que por tanto se le podrá oponer o superponer otra, así que contraatacan ahora al grito de que aún queda por conocer “la verdad periodística”, y luego ya veremos si ambas se complementan o entran en conflicto. Eso dicen los diarréicos, como Hafner, nada sospechosos de relativistas, y convencidos, como él y como yo, de que la verdad existe. La verdad existe, por supuesto, pero si viniera con libro de instrucciones, en él debería leerse: no confundir con el simple prejuicio o la pura especulación. 

Hay tantos, sin embargo, que parecen no tener esto claro, y tanta benevolencia con ellos por parte de los relativistas del todo vale, que no extraña que el nazi Hafner, defendiendo y aferrándose a sus fantasías negacionistas, mantenga la espalda tan erguida, con 85 años que tiene. Y más ahora que el Tribunal Constitucional, en una sentencia fallada a principios de noviembre, ha decidido que negar el Holocausto ya no es un delito en España. Porque para el TC perseguir el negacionismo, como hacía el Código Penal, sería anticonstitucional. Sigue siendo delito justificar el genocidio nazi, pero negarlo, ya no. Mientras Hafner lo celebra con su amigo el bombardero de Guernica, nosotros podemos lamentarnos. Porque la sentencia del TC es una mala noticia, al menos para los que crean en el tan manoseado adagio periodístico acuñado por Charles P. Scott, editor de The Independent -entonces The Manchester Independent- casi un siglo atrás: aquello de que “las opiniones son libres, los hechos son sagrados”. La sentencia, ahora, dice casi, casi lo contrario.

Y no, no son la verdad judicial y la periodística en conflicto, no se me froten las manos los diarréicos. Hablen con propiedad: lo que entra en conflicto son dos formas de mirar, dos convenciones. O convicciones. Mientras, eso sí, las de Hafner, éstas immutables, las “ verdades” de Hafner, siguen a salvo. Ahora más que nunca. En éste, su paraíso. 

Iván Vila.

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Sangre y mierda

Una de las mejores lecciones que se derivan de la lectura del libro de Joan M. Oleaque, Desde las tinieblas, es que al borde de un hecho, el periodista no debería convocar a nadie que no tenga algo que aportar. Siempre se acaba entrevistando a alguien que cree en una conspiración mundial. Fue el caso de las chicas de Alcásser y el circo mediático que trajo consigo, conscientemente estudiado por Oleaque: «Los medios hasta entonces pensaban que el suceso interesaba sólo a unos cuantos morbosos. Alcásser les hizo ver que podía interesar a muchísimos morbosos. El suceso, mayoritariamente tratado como una lluvia de sangre y mierda sobre el público. A partir de entonces, el suceso abría telediarios y figuraba en los puestos de honor de las primeras páginas sin ningún tipo de titubeo. A partir de entonces, el suceso se convirtió en información multitudinaria. A la sombra de este concepto de búsqueda de sensación, crecería un periodismo generalista histérico. Un periodismo en el que cualquier noticia podía tratarse con grandes titulares. Un periodismo superficial, de métodos televisivos: la mayoría del periodismo de hoy en día». 

Un periodismo al que, bajo la excusa del deber de informar, lo que le interesa sobre todo es vender ejemplares. Y que ha hecho que la sola pronunciación de la palabra «deontología», se reciba con un deje de compasión. Sorprende revisar los periódicos de la época y comprobar la enorme difusión que se le brindó al caso, en connivencia con los reality-shows y las audiencias que éstos habían contribuido a formar. Algunos titulares de El País dan verdadero miedo, como «Historia de un viernes 13» o «Los misterios de Alcásser». Este último con un subtítulo también escalofriante: «El sumario del triple asesinato, al que ha tenido acceso El País, plantea más dudas que certezas».

Todo un reflejo de a qué precio empezaba a cotizar la sangre y la mierda en aquellos días.

El exceso de información se decantó, sin embargo, por un tipo de fuentes. Desde las tinieblas señala también una constante que habita en el núcleo de la mayoría de errores periodísticos: la pereza de los periodistas. Para disipar las tinieblas, es lo que demuestra Oleaque, a los periodistas les hubiera bastado con realizar unas cuantas visitas incómodas a los amigos, familiares, y compañeros de delitos de Anglés, gente con modos de vida inquietos, y establecer algunos enlaces lógicos. Por el contrario, se prefirió en la mayoría de casos, entrevistar a un padre desgarrado, a un forense ávido de fortuna, y a un criminólogo ante su última oportunidad. Algo mucho más higiénico y masón. Las consecuencias todavía se palpan. Hace unas semanas le pregunté a un policía, como de broma, que cuándo pensaba coger a Anglés. Primero se rió, pero luego me contestó más serio, que en su modesta opinión Anglés no había tenido nada que ver. «Eso está por aclararse», me dijo. Las tinieblas persisten. En Internet, varias páginas siguen alentándolas. Muchos internautas han leído a Oleaque, pero su fe parece impermeable. Prefieren pensar que la verdad sigue en un pozo, aunque no bajen a por ella: está muy oscuro y hay ratas.

El libro de Oleaque está dividido en dos partes: la primera, en la que se da cuenta de la historia de los agresores y del crimen, más narrativa, con algunos destellos de omnisciencia que de persistir hubieran supuesto un error flagrante, como en Capote; y la segunda, centrada en la búsqueda policial y las consecuencias mediáticas, donde Oleaque se muestra mucho más implacable y severo. La mayor parte de responsabilidad en la espectacularidad que sufrió el caso la tiene, of course, el periodismo. Quien sorprendentemente, como señala Oleaque, no ha realizado ninguna revisión seria sobre lo sucedido. A los periodistas, me atrevería a decir, les cuesta mucho admitir sus errores. Es una pena, porque explicar los propios errores, también parece un ejercicio periodístico, de los más difíciles. «Periodista come periodismo», se me ocurre como titular. «Purificados, cerraron la puerta sobre cualquier error propio cometido anteriormente. Cerraron mal y con prisas una puerta de salida de emergencia. Y a través de las grietas que quedaron, se filtran cada día las tinieblas de una profesión».

No se puede decir mejor.

 

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Falso, pero estimulante

La comparación entre los recortes de ayer y el acta que  hoy rescato, no deja dudas: «El periódico no es un extracto de contenidos sino uno contenido, más que eso, un estimulante» (Karl Kraus). 

Un Capote de barrio transcribió «abusos deshonestos» donde ponía «actos deshonestos«, y los periódicos, que confiesan no  poder dar más que versiones  de lo que acontece en las comisarías, pero dejan que la policía les dicte lo que pasa en la calle sin pasar por las redacciones, amanecieron asegurando que Abderrazak Mounib tenía «antecedentes».  Nueve años después el Síndic de Greuges [Defensor del Pueblo] catalán, lo anunciaba  en el Parlament: «este pobre –bueno, pobre, pobre no porque es una persona que había cometido muchos delitos— pero, bueno, estaba en prisión por unos hechos que parece que quizá no era él el responsable de esos hechos concretos», recoge el  diario de sesiones en junio de 2000.

«Una persona que había cometido muchos delitos». El Síndic que hablaba así de estimulado era Antón Cañellas i Balcells, hoy fallecido. Abderrazak Mounib había muerto dos meses antes. Los «hechos concretos» a los que se refería eran los mismos por los que el Fiscal Jefe de Cataluña había pedido su indulto un año antes, porque ninguna prueba material sostenía sus condenas, aunque otras sí habían probado su inocencia.  Los hechos concretos de este caso cerrado. Mounib, sin embargo, no tenía antedecentes penales, como consta en cualquiera de estas vagas sentencias  que lo habían condenado.

Ernst Jünger lo escribió hace 80 años: El cargo viene cada vez más troquelado por la función. El Síndic, siete años después, es Rafael Ribó i Massó. Un ciudadano le ha pedido recientemente que rectifique. El Síndic no ha desmentido a su antecesor. Tampoco da noticias de uno solo de entre esos supuestos «muchos delitos», que desmientan la mentira. Sus cartas son una correspondencia sin verdad. Hay que agradecer a Manuel Borraz que las haga públicas

Pd: Buzón del Síndic.

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Recortes

Diari de Tarragona, viernes 15 de noviembre de 1991: Dos detenidos por las violaciones de La Secuita y la Bisbal

«Según ha podido saber el Diari, el pasado martes [no: el lunes] era detenido en una pensión de Terrassa Amed [no: Ahmed] T.,  de 40 años, por corresponder con las características físicas que se habían facilitado sobre los violadores. Posteriormente, el miércoles, en Barcelona, hizo lo propio en la casa de Mounib A. [no: en un bar], de 39 años, tras unas investigaciones. Ambos carecen de permiso de trabajo y residencia en nuestro país [no: los dos poseían permisio de residencia y trabajo]».

Diari de Terrassa, sábado 16 de noviembre 1991: Detenidos en Terrassa los autores de varias violaciones y robos.

«Dos marroquíes han sido detenidos en Terrassa por efectivos de la Policía Nacional como presuntos autores de múltiples violaciones en diversas poblaciones de las provincias de Girona, Barcelona y Tarragona. (…) Los detenidos son Abderrat [no: Abderrazak] Mounib [no: Mounib no fue detenido en Terrassa, sino en Barcelona], de 39 años, y Ahmed Tommouch [no: Tommouhi]. (…) La policía detuvo en Barcelona, el pasado miércoles, a M. A. [no: no hubo ningún otro detenido con esas iniciales], marroquí, de 39 años.»

La Vanguardia, sábado 16 de noviembre de 1991: Detenidos dos falsos policías acusados de cometer al menos trece [no: diez] violaciones.

«Abderrat [no: Abderrazak] Mounib y Ahmed Tommouch [no: Tommouhi], que en ocasiones se hacían pasar por policías y en ocasiones por guardias jurados, han sido identificados sin ningún género de dudas por siete de sus víctimas. (…) Varias de las jóvenes reconocieron en comisaría [no: en sus domicilios y en cuarteles], tras ojear álbumes fotográficos [no: donde primero lo señalaron fue en un folio suelto, con las fotografías de dos sospechosos más], a Abderrat [no: Abderrazak] Mounib, que ya tenía antecedentes [no: había sido detenido y puesto en libertad sin cargos] por unos abusos [no: en el acta reza «actos deshonestos», no «abusos»] cometidos en Castellón [no: la detención se produjo en Castellar, provincia de Barcelona] en 1977 [no: en 1987].  La Guardia Civil montó un dispositivo en el Barrio Gótic de Barcelona, donde se sospechaba [no: era la dirección en la que estaba empadronado] que residía. El pasado día 13, lo detuvieron y dio la pista para llegar al otro acusado [no: los otros dos acusados habían sido detenidos ya], que fue localizado en Terrassa al día siguiente [no: había sido detenido dos días antes: el 11 de noviembre de 1991].»

Los datos están contrastados con la documentación que aparece en Primera detención, y Segunda detención.

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Presentación oficial

El penúltimo párrafo del lunes se abría así: «El jueves 14 de noviembre, sobre las ocho de la tarde, Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi se conocerían por fin. En la primera rueda de reconocimiento que pasaron juntos.»

Confieso que lo escribí temiendo que fuera una brutalidad. El inconveniente de llevar dos años investigando, para este género que estamos construyendo aquí, es que manejo información que tengo que ir dosificando: no por el suspense, sino sencillamente porque no se puede vomitar todo durante el primer mes, para luego  seguir, ustedes y yo, más o menos de la mano. Contarlo todo siempre es el secreto no sólo del aburrimiento, sino también de la desinformación (por cierto, quizá esto sirva no sólo para este blog, sino también para el flujo continuo de información al que nos exponemos diariamente, y que oculta más que muestra). No se entendería nada.

Pero la conciencia del paso del tiempo histeriza: y el lunes no me pude aguantar.

Era una brutalidad porque faltaba al primer mandamiento de este reportaje abierto: nunca dejarás al lector rumiando su quimera: «¿y esto, cómo lo sabe?» [Y más cuando se trata del nudo de todo este asunto: porque Tommouhi y Mounib fueron condenados como co-autores en dos casos].

Escribí que no se conocían antes porque, 16 años después, nadie ha demostrado lo contrario. Alejo Noe, hoy fallecido y Juan Manuel Pérez, ambos del Equipo de Policía Judicial de Martorell entonces, se ocuparon a finales de 1992 en investigar qué relaciones tenían, antes de ser detenidos, los dos marroquíes. Pérez me contó cómo batieron los barrios donde residía cada uno, comprobaron sus rutinas de trabajo, mostraron fotografías de uno a los vecinos del otro, y viceversa. Su informe, elevado a la Sección Quinta de la Audiencia de Barcelona y admitido como prueba en la vista oral, concluyó:

«No se ha podido determinar ningún tipo de relación entre ambos». Yo mismo he hablado con decenas de personas del entorno de cada uno. Nadie conocía al otro antes de aquel día. Y es verdad que los agentes, en su informe y como queriéndose lavar las manos, pero con agua hirviendo que cayera sobre los dos pollos que iban a desplumar en la Audiencia (sentencia desmentida luego por el ADN), añadieron esta coletilla:

«Si en otros lugares se han reunido (…) hasta la fecha se desconoce»: Puro vaho. ¿Es que acaso se podría llegar a conocer en alguna fecha los lugares de reunión, cuando esa reunión no ha existido ? Rafael Sánchez Ferlosio explica en algún sitio (¿quién me recuerda dónde?), que demostrar lo negativo es ontológicamente imposible: que sólo se puede demostrar que SÍ ha ocurrido tal cosa, pero nunca que esa misma cosa NO ha ocurrido. De hecho, añade: demostraré que no estaba en el lugar del crimen, en París, si consigo demostrar que a esa hora estaba en Londres, o en Jonolulú.

La fuerza notarial de un inventario reside en que en algún armario están las cosas que  el acta relaciona: así también para nuestro método. Ahora ya saben ustedes qué había debajo de esa frase: este informe completo, y pueden así intentar, además, desmentirla.

Los resultados de esa rueda de reconocimiento, sin embargo, es inútil sacarlos aquí ahora. El enredo es tal, que no sacaríamos nada en claro. Cuando entremos a tirar del hilo de cada caso en particular, empezaremos por ahí: qué declararon las víctimas al reconocerlos. No es que unas víctimas dijeran que no estaban seguras y otras que sí: es que había víctimas que afirmaban «sin ningún género de dudas» lo contrario de lo que otras, con la misma firmeza, aseguraban , con lo que Abderrazak Mounib, por ejemplo, era y no era el violador al mismo tiempo: tanto para los hechos en general, como para uno de los dos casos de Vilafranca (de los que no hemos hablado aquí todavía) en particular. En ese caso, la juez resolvió procesarlo porque en la misma rueda, aunque la chica señalaba a otro como el violador, el novio de la chica  señalaba a Abderrazak Mounib.

Lo más importante de ese día fue la impugnación de la rueda que Pere Ramells, abogado de oficio de Tommouhi, produjo.

Tommouhi era el único que no tenía bigote y era de complexión gruesa. El juez consideró que eso no alteraba la relación seguridad-certeza de las víctimas, y continuó. N., una de las chicas de Cornellà, sin embargo, se expresó así en la vista del juicio oral:

«Que los demás detenidos de la rueda eran de características diferentes«. Gracias a Estupefacto, que nos dejó aquí el artículo 369 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que se refiere a este aspecto, tenemos una cita casi frontal entre lo que marca la ley y lo que por las propias víctimas sabemos. La persona que ha de ser reconcida, dice la Ley, tiene que ser mostrado

«con otras de circunstancias exteriores semejantes»

«Los demás detenidos de la rueda eran de características diferentes»., dijo N.

Mañana veremos qué contaron los periódicos de todo esto.

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De palique con la Fiscalía

No me gusta escribir, en general: me angustia, sudo y  obtengo muy poco a cambio. Nada, de hecho. Hablar me gusta. Leer.  Escribir, no: salvo las cartas, o ahora los e-mails, cuando no son un asunto rutinario. Las cartas son directas, concretas, y generalmente obtienes como mínimo una respuesta. Es un diálogo: quizá sin el pellizco, la frescura, de tener al otro enfrente, pero que al menos te da la tranquilidad de saber que hay alguien ahí fuera.

Ayer recibí la respuesta de la Fiscalía del TSJC a la solicitud que hice  el pasado 7 de noviembre para entrevistarme con la Fiscal Jefa, Teresa Compte, sobre este caso. La respuesta, de momento, es que no: no entienden mi letra. Literalmente.  Este nuevo intento, espero poder enviarlo a lo largo de la mañana, certificado, con acuse de recibo y letra impresa.  

Estimado Señor, D. Martín Rodríguez Sol*:

Recibida su respuesta de referencia 2587, que consta de los dos folios que le adjunto, a mi solicitud de entrevista con la Exma. Fiscal Jefa del Tribunal Superior de Cataluña, Doña Teresa Compte, quiero precisar dos cuestiones.

La primera es que yo no presenté una “denuncia”, como afirma en su escrito. Por ello, no puedo saber a qué diligencias se refiere al comunicarme “que se ha acordado el archivo de las diligencias incoadas por las razones que constan en el Derecho, cuya fotocopia adjunto”, según cita textual del primer folio.

Sorprendentemente, dicha fotocopia adjunta no se refiere ni a esa supuesta denuncia, ni a las diligencias citadas, sino que expone la razón por la que se me ha denegado la petición: al parecer, mi solicitud, manuscrita, hablaba de  “dos individuos con nombre ilegible”. En consecuencia, “la solicitud no puede ser atendida con los datos aportados”, concluye el primer párrafo.

Excusándome por mi caligrafía, y dado que añade que todo ello es sin “perjuicio de que una vez correctamente identificados los sujetos y la causa judicial, y constatado [mi] interés, pudiera ser atendido por algún fiscal”, paso a identificar  a los dos sujetos a los que en mi primera solicitud nombraba con letra, al parecer, ilegible: son Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi. Ésta es la segunda de las cuestiones que quería precisar.

Debo advertirle, sin embargo, que sus nombres han sido escritos de decenas de formas diferentes, todas incorrectas, dependiendo del expediente o documento oficial, también los de esa fiscalía, que se citara. Así por ejemplo, en la petición de indulto que para ellos, aunque en contra de la voluntad de los reos, cursó el anterior Fiscal Jefe de ese Tribunal Superior, don José María Mena, aparecía escrito “Tommouch”. Lo cito  por si le sirve de guía. Le adjunto fotocopia de esa petición, donde se identifican las causas de ambos sujetos. 

En todo caso, y dado que se trata casi con seguridad de la única ocasión en que esa Fiscalía ha solicitado el indulto para dos personas condenadas por varias violaciones, robos con violencia y lesiones, no creo que su localización deba suponer un obstáculo insalvable. 

Por si en mi primera solicitud tampoco hubiera resultado legible, le reitero que el objeto de la entrevista es conocer la postura de la Fiscalía de cara a la redacción del libro en el que estoy trabajando, y que publicará Seix Barral en 2008, sobre este caso.

Esperando que esta vez su respuesta sea positiva, y dejo así constancia de que mi interés sigue vivo, reciba un cordial saludo y mi más sincero agradecimiento.

Firma.

(*) Fiscal del Servicio de Apoyo a la Jefatura.

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Segunda detención

La liebre había saltado en casa del novio de la víctima de La Bisbal, a las nueve de la noche del lunes 11 de noviembre. La chica y su novio señalaron la foto de Abderrazak Mounib: «pero sin bigote«, concretaron. El día siguiente se oficializaron los reconocimientos: se encartó la foto de Mounib de 1987 entre los delincuentes de los álbumes oficiales y el resto de víctimas que lo habían señalado sobre un folio entre otros dos sospechosos, firmaron sobre actas que hablaban de centenares de reseñados. El miércoles 13, pasado el mediodía, la Guardia Civil se presentó en su piso de Barcelona.

La mujer de Abderrazak abrió la puerta. Su marido no estaba, pero sabía que había bajado al bar de la plaza. El Bar Joanet está cerca. Los agentes, que esperaban encontrarse a un violador múltiple y posiblemente armado, llegaron y lo encañonaron. Abderrazak llevaba una riñonera con una pulsera, al parecer de oro, y un cordón también dorado. Los agentes se la requisaron  por si pertenecía a alguna víctima. Le quitaron también el anillo de oro que llevaba en un dedo.

Hoy sabemos que nada pertenecía a ninguna víctima. Como Tommouhi, Mounib no tenía ni joyas, ni documentación de las víctimas, ni ninguna de las armas ni vehículos utilizados, ni medias ni guantes parecidos a los usados.

A las 13,35 pasó este reconocimiento médico. El capitán Morales Arrizabalaga, de la Jefatura de Sanidad de la Guardia Civil, constató que no tenía «ningún signo externo de violencia». Al día siguiente G., una de las chicas de Cornellà, que después de tres ruedas señalaría a Ahmed Tommouhi como uno de los violadores, añadiría en su declaración: «Que [le]golpeó con una porra en el ojo al que no reconoció, y que no han detenido, ya que si lo hubiera visto lo hubiera reconocido sin ninguna duda». Al que no reconoció era Abderrazak. (Esta expresión: «al que no reconoció, y que no han detenido» es un diamante en bruto, una flor rarísima: la releo con miedo de que se rompa)

El Bar Joanet sigue abierto. Voy a desayunar un día sí y otro no. El propietario de entonces ha fallecido. Ahora lo atienden su yerno Joan y, creo, su hija, que va y viene de la cocina a la barra. La suegra de Joan, con gafas y la media melena rubia recogida, sentada en una mesa del fondo, le pide que me diga que no recuerda nada. Bueno, sí, corrige: «que yo no vi que sacaran pistolas». Desde entonces, creo que me mira como a una sorpresa extraña.

El jueves 14 de noviembre, sobre las ocho de la tarde, Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouhi se conocerían por fin. En la primera rueda de reconocimiento que pasaron juntos. Nunca he entendido cómo, sin parecerse físicamente entre ellos,  pudieron compartir rueda. Un día de estos voy a preguntárselo al juez. 

Postscriptum: Por cierto, el día que lo detuvieron, esto es, unas 60 horas después de los hechos de La Bisbal, Abderrazak tenía este bigote:

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Vivan las caenas (de televisión)

Fragmentos  

Ha ocurrido un asesinato y la humanidad querría pedir auxilio. No puede. (…) La boca del mundo se queda abierta, y en sus ojos se hiela el vislumbre de que lo peor ha pasado. (…) La mano ahogó ese grito que no podía dar. La mano nos tiene a todos por el cuello y no nos deja escapar. ¿Será esto el fin de una moral que lleva las cadenas como alhajas?  

(…) 

Aquí se ha vuelto problemático todo lo que desde hace dos milenios se caía de su peso. Hemos construido nuestras chozas sobre un cráter que juzgábamos extinto, hemos hablado con la naturaleza en un lenguaje humano, y porque no entendíamos el suyo, hemos creído que ya no rebullía. Pero ella ha seguido todo el tiempo celebrando sus ardientes ceremonias y arrimando su ascua terrena a nuestra divina confianza en el cielo.  

(…) 

Los príncipes de la vida no podían entenderlo, pero las princesas yacían con los cocheros, porque eran cocheros, y porque los príncipes  no podían entenderlo.

(…)

La ética cristiana se restriega las manos, desesperada de que no le sea dado poder conservar la belleza en la justa medida en que sea imprescindible para la vida con fórmulas de consuelo espiritual. La gran cuestión, que permanece abierta desde el día en que se vino a parar en la renuncia al gusto, nos advierte como nos advierte la tierra cuando la creemos adormecida gracias a juegos técnicos: ¿Cómo se las va a arreglar el mundo con las mujeres?   

(…) 

Una y otra vez el mismo asombro ante una naturaleza que no ha medido a los dos sexos con el mismo rasero de carencia; que ha creado a la mujer, para la que el placer es sólo un aperitivo del placer, y al hombre, a quien deja exhausto. Este lo siente y  no quiere saber nada. Mil veces ha luchado con el Otro, que quizás no existe, pero cuya victoria sobre él está asegurada. No porque tenga mejores cualidades sino porque es el Otro. El que Viene Después, el que le brinda a la mujer el placer de la serie, el que, por Último, triunfará. Pero ellos se lo sacuden de la cabeza como un mal sueño; y quieren ser el Primero. 

(…) 

El asesinato es una irregularidad; nos señala el estado de las cosas y no prueba nada en su contra. La muerte llama al mundo moral a las armas, pero lo que desvela le obliga a enfundarlas. Tendría que apuntarlas contra sus propias mujeres para ser dueño y señor por siempre de todos los desengaños.  

(…) 

La tragedia de la gracia femenina, perseguida y eternamente malentendida, a la que un mundo miserable no le deja otra sino  la posibilidad desnuda de meterse en el lecho de Procusto de sus conceptos morales. Un baqueteo de la mujer, que la voluntad del creador no destinó al egoísmo del propietario, que sólo en libertad puede alzar el vuelo hacia sus más altos  valores.  (…) Pero la realidad debe convertirla en su sierva, como ama de casa o como amante, porque la necesidad de honorabilidad social va más lejos para él que un hermoso sueño. (…) En este deseo y nada más que en él ha de verse la fuente de toda tragedia de amor. Querer ser el elegido sin concederle a la mujer el derecho de elegir. Y los Obrones no quieren entender jamás que Titania pueda perfectamente acariciar también a un asno, porque ellos, como corresponde a su mayor capacidad de reflexión y a su menor sexualidad, no estarían nunca en disposición de acariciar a una mula. Por eso se vuelven unos asnos incluso en el amor. No pueden vivir sin colmar su medida de honorabilidad social; ¡y de ahí tanto bandido y tanto asesino!   

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7.636 visitas después

Este blog hace ya más de un mes que se empezó a editar. Más allá de los descubrimientos, las rectificaciones, los cambios de rumbo o  los reconocimientos que la experiencia diaria va impriendo en quien lo edita, sobre lo cual es demasiado pronto para hablar todavía, hay un aspecto que, treinta y cuatro entradas después, conviene tratar.

La voluntad de exponerme a los comentarios, críticas y correcciones en público, aquí anunciada, debe tomarse al pie de la letra. Es una de las tres claves del método que propongo y, hasta donde las fuerzas y las posibilidades técnicas y logísticas me dejan, practico: el reportaje abierto.

Sin eso, la transparencia con respecto a las fuentes y la documentación; y las reflexiones sobre la investigación y la escritura, se quedan en un ejercicio de exhibicionismo, curioso si quieren, pero separado del valor de uso al que este juego está llamando. Descartado el valor de cambio, pues es ésta una idea que brotó a la intemperie y ahora ya sólo quiere seguir en ella, modesta, feliz y libre, nada habríamos ganado si acabara todo reducido a su valor de exposición, que es como acaban estas cosas en esta vida de escaparate.

No habría dicho ni mu de todo esto si no fuera porque ese ejercicio se está desarrollando en privado, vía e-mail, o por teléfono. Así que esta entrada no es una declaración de principios, sino un registro contra el alzamiento de bienes. Los mismos RCD, longo, Tote o Verde que en público dejan comentarios elogiosos, o de acompañamiento, y así son la gran mayoría del medio centenar que hay sumados, en privado me tiran de las orejas. Por no hablar del hombre más discreto del mundo, o del Bartleby de Terrassa, de los que, en efecto, no podría hablar aquí sin traicionarlos, mucho menos de sus valiosas precisiones. Forma de proceder tan burguesa, es lo que alimenta a millones de psicoanalistas.

Dado que es gracias a esos tirones que corrijo datos, he añadido páginas como el «Resumen de lo publicado«, o intento ir mejorando distintas funcionalidades para aclarar la comunicación,  lo justo es que se vean también las cañerías por donde han llegado, y por qué no, quiénes dieron el agua.

Para quien comparte que los trapos sucios hay que airearlos en la calle, y que la cama es un buen lugar para la política, la crítica feroz es un pacto entre caballeros (y caballeras, que diría Ibarretxe). La verdadera medida del amor es el insulto. Así que no se corten. La nueva página «Fe de errores» condensa bien la paradoja de la que se alimenta todo esto: los errores garantizan nuestro acierto.

Todo ello, si a ustedes les parece bien, porque en verdad yo estoy encantado de recibir sus mensajes. Que es un soplo la vida. 

Posdata: Es verdad que puede parecer equívoco, conceder esta importancia a los comentarios, y no añadir, como algunos me habéis sugerido, una categoría con los «últimos comentarios», o «comentarios recientes», en la columna de la derecha, al igual que hay una para las entradas, que además facilitaría el debate. Estoy en ello. Es sólo una cuestión técnica la que tengo que solucionar: porque se puede colocar, pero la hoja de estilo de wordpress añade automáticamente los enlaces del hipertexto de mis entradas (que no son comentarios,  sino links que reenvían de una página a otra del blog) a ese apartado de comentarios recientes. Y no quiero tener que elegir entre ese yoyeo lamentable, o eliminar el hipertexto, porque es un recurso de lectura imprescindible. Sigo buscando fórmulas.

Filed under: Epistemología de la vida cotidiana

Paseo de reconocimiento

El 13 de noviembre de 1991 fue el segundo día de ruedas  de reconocimiento para Ahmed Tommouhi y Mostafa Z. El juzgado número dos de Terrassa está al final de un pasillo. En ese pasillo, de alargados bancos de madera, se reúnen 17 víctimas, entre chicas y acompañantes, de las tres provincias donde se han producido hechos similares: Barcelona, Girona y Tarragona. Las acompañan algunos guardias civiles de los diferentes puestos donde habían ocurrido los hechos.

No están las víctimas que pasaron por la rueda del día 12. Pero es, sobre todo, el día del paseo. Reyes Benítez, que estaba entre los agentes acompañantes, en ese pasillo, lo resumió así en la Cadena  Ser:

Juan Manuel  Pérez, compañero de Reyes en la policía judicial de Martorell, estaba tambiéne en ese pasillo. Lo entrevisté en enero de 2006, en San Andrés de la Barca, y coincidió con Reyes: lo pasaron en las dos direcciones.  El sonido, que en la cinta donde lo grabé es todavía comprensible, al digitalizarlo caseramente, se oye sobre todo el aire arañando los altavoces:

Junto a Tommouhi iba Mostafa Z., al que habían detenido también en la pensión. Tommouhi es el cuarto empezando por la izquierda, Z. el segundo. Hay cinco hombres en total. El balance de las ruedas de reconocimiento quedó así:

Nadie señaló a Mostafa Z.

A Tommouhi: 7 víctimas no lo señalaron; 5, firmaron que parecía o podía ser; y 5 afirmaron «reconocerlo». Entre estas cincos, se cuenta M., la víctima de Olessa que años después el ADN demostró científicamente que se había equivocado al señalarlo. He escrito «firmaron», porque entre las que dudaban estaban E., la víctima de Gavà y su novio, quienes el día del juicio oral sostuvieron que nunca habían dicho que fuera Tommouhi, sino que era el que más se le parecía. Ese caso arrojó la única sentencia absolutoria a favor de Ahmed.

A las ruedas del día siguiente, ya celebradas en Barcelona, viajó sólo Tommouhi. Allí tenía nuevo compañero: sobre las 14,30 de este mismo día 13, la Guardia Civil había detenido en la terraza del Bar Joanet, a tiro de piedra del Arco del Triunfo, a Abderrazak Mounib, que estaba tomando un cortado. Ahora era él el presunto autor de los mismos hechos por los que, dos días antes, habían detenido a Mostafa Z.

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