
Abderrazak Mounib no recordaba, al declarar como acusado por varias violaciones y robos, en 1991, por qué lo habían detenido en Sentmenat en abril de 1987. Las fotos de la ficha policial que registró esa detención, sin embargo, están en el origen de su detención cuatro años después y de su condena.
Tanto en Tarragona como en Barcelona se mostraron fotografías de ciudadanos árabes a las víctimas, árabes detenidos durante el verano en Salou, árabes reseñados en esta otra comisaría, o el álbum oficial de este puesto. Pero sin consecuencias. El 11 de noviembre del 91 por la mañana –ya hemos visto el fax de la Policía Nacional que coordinaba a las comisarías de Barcelona– la Guardia Civil no tiene ningún sospechoso. Tiene estas fotos.
Las fotos se hicieron llegar a las diferentes comandancias, y de ahí a los cuarteles donde habían ocurrido los hechos, para que fueran mostradas a las víctimas. La detención de 1987 nada tenía que ver con agresiones sexuales: así lo indica el que en la casilla de los motivos se lea «actos deshonestos». Actos, que no «abusos», como escribirá muy pronto este instructor de la policía judicial, transformando una desinhibida bajada de pantalones en un bar –eso me cuentan que fue lo que ocurrió, pero tómalo con precaución–, en una metida de mano, por decirlo rápido. Una diferencia entre acto y abuso es que en el abuso hay alguien que sufre los abusos, mientras que en los actos deshonestos, normalmente sólo se ofenden los guardianes de la moral, o los dueños de los bares, ciertamente.
Esas fotos se mostraron a distintas víctimas, y algunas de ellas, las menos, las señalaron. No les voy a volver locos ahora, porque tiempo tendremos de volver sobre este punto. Pero esas fotos fueron encartadas en los álbumes, después de que las víctimas la señalaran sobre un folio con otras dos tiras más. Un folio con las caras de tres detenidos. Una vez encartadas, se les volvieron a mostrar (esto es sólo un voto de confianza), y se les invitó a firmar sobre las actas: es falso, por tanto, que las víctimas señalaran esas fotografías entre otras 500, o con el número 91, como escribe el mismo que transformó los «actos» en «abusos». Falso, por más que lo pretendan las actas.
Es falso porque así lo explicaron las mismas víctimas. Esta de Tarragona, por ejemplo, que admitió «que el álbum sólo contenía cinco ó seis fotografías» (las tres de la hoja de Mounib, más las de la hoja del otro sospechoso):

Y es falso porque esa foto no podía, sencillamente, estar en los álbumes de, por ejemplo, Tarragona: Mounib había sido detenido por el puesto de Castellar del Vallès, Barcelona, y los álbumes de esa época eran provinciales, así que no podía figurar en el de Tarragona, provincia y comandancia distinta. Por supuesto, tampoco estaba en los álbumes de Barcelona.
Esas fotos, después de mucho rastrear archivos y cuarteles, y por más álbumes de centenares de fotos con que luego la abrigaran -y cifras tan redondas como 500 no tendrían que haber, sino levantado sospechas- se distribuyern así: en este folio.
Pronto sabré –espero– por qué fue detenido Abderrazak Mounib en 1987. Mientras tanto, ya sabemos que si hubiera pedido que destruyeran su ficha, porque estaba en su derecho, al menos estas fotos no serían una excusa para su ruina.
Dos días después fueron a buscarlo a su casa.
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