El hoy teniente R. era entonces otro de los miembros del equipo de policía judicial de Martorell, que llevó la investigación de dos violaciones de 1991 (Esparraguera y Olesa). El viernes, en Almería, insistió en lo que ya otro compañero suyo me había dicho: que el famoso folio en el que aparecía pegada la foto de Mounib, este folio, y sobre el que las víctimas de La Bisbal lo señalaron, no había sido confeccionado con ese objetivo: es decir, no se hizo para que se le mostrara a las víctimas.
De hecho, fue después de mostrar las fotografías a algunas víctimas, cuando se confeccionó: «las víctimas nos iban marcando: se parece a éste, pero no es; a éste; pero tampoco. Era cómo si estuviéramos haciendo un retrato robot, pero con varias fotografías: Así íbamos cerrando el círculo del aspecto que podían tener los autores», me explicó el teniente R. Y fue más claro todavía: «es que si a mí me señalan a un tío, yo no pego su foto en un papel: yo voy y lo detengo. Si se hizo así fue para que los compañeros tuvieran una idea de a quién se podían parecer los autores que estábamos buscando».
Así que las víctimas de Esparraguera y Olesa –«ese folio se hizo en Martorell»– marcaron los parecidos de los autores entre diversas fotografías. El famoso folio no es sólo ese folio: iba acompañado de otro en el que aparecen fotografías de individuos que se parecían mucho más al otro autor, que al que se parecería Mounib. El teniente R.: «En el documento eso se decía clarísimo: de rasgos similares. Similares.» La frase literal del folio, compruebo ahora, es:
El folio, sin embargo, fue mostrado a las víctimas de Tarragona: y tanto la chica como su novio señalaron a Abderrazak Mounib. Lo más curioso de todo es que, una vez había saltado esa liebre, y de nuevo en Martorell, la víctima de Olesa ahora sí creyó reconocer, y lo señaló sin ninguna duda al parecer, a Abderrazak Mounib como uno de sus violadores. El ADN demostraría, cinco años después, que se estaba equivocando.
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